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La tumba de Simón y los refugiados judíos


ELLIOT GREEN

Jerusalem Post

15/12/2010

TumbaSionEljustoLa zona fue testigo de la primera huida de gente que no pudo volver después de la Guerra de Independencia. Estas personas eran judíos.

Los alrededores de la Tumba de Simón el Justo, normalmente plácidos, en los últimos meses han sido sacudidos regularmente por protestas en las que el fervor moral y estridentes pretensiones de superioridad moral ocuparon el lugar de honor. Los manifestantes, ostensiblemente, protestaban por los desalojos – de familias árabes en este caso – a pesar de que puede dudarse de su oposición a los desalojos, en principio, ya que las personalidades notables entre ellos, estuvieron ausentes de las manifestaciones, hace cinco años, contra el desalojo de 8.500 judíos de la Franja de Gaza.

Sea como fuere, cada vez que vemos masivos flujos de emoción – amor, ira, sentimiento, dolor, odio – podemos preguntarnos qué es lo que los participantes conocen de la causa por la que se manifiestan. La Tumba de Simón y sus alrededores merecen ser vistos como un símbolo de la lucha entre judíos y árabes, así como también de partes extranjeras interesadas, con flujos y reflujos durante generaciones.

El área de la Tumba de Simón fue testigo del comienzo de la oleada de violencia, que comenzó poco después de que la Asamblea General de la ONU recomendara la partición, el 29 de noviembre de 1947.

También fue testigo de la primera huida de refugiados, que no pudieron regresar después de la Guerra de Independencia. Puede sorprender a algunos el que estos primeros refugiados, que no pudieron volver a casa, fueran judíos. Sin embargo, esto está bien documentado.

Simón, el Justo, fue una personalidad de los tiempos del Segundo Templo, que realizó legendarias proezas en la tradición judía. Es identificado con dos sumos sacerdotes llamados Simón, uno en tiempos del Emperador Seleucida Antíoco III, alrededor de 200 AEC. Otro, dice la tradición, apareció vestido de blanco ante el conquistador Alejandro de Macedonia (332 AEC), induciéndolo a dejar a los judíos en paz.

La Tumba de Simón se encuentra, tradicionalmente, en una cueva a pocos metros del complejo de cuevas tumba que es, sin duda, de los tiempos del Segundo Templo.

Para aquellos que dudan de la autenticidad de la tumba, no podemos probar que Simón esté enterrado allí,  no más de lo que hoy alguien pueda probar que Jesús está enterrado en la Iglesia del Santo Sepulcro. En realidad, algunos cristianos proponen otros lugares. Sin embargo, esta ubicación como la tumba de Simón fue certificada en 1235.

Se la describe en los mapas ilustrados de los lugares sagrados judíos – una especie de arte popular judío – como lo vemos en un álbum publicado por el Museo de Israel (Rachel Sarfati, ed, Ofertas de Jerusalem: Representaciones de los Lugares Santos por artistas judíos).

Las peregrinaciones de Lag Baomer al sitio, compitieron largamente con las peregrinaciones a la tumba de Shimon Bar Yohai en Galilea, ya que era más fácil llegar para los judíos de Jerusalem, que ya eran una mayoría en la ciudad a mediados del siglo XIX

En 1876 las comunidades ashkenazíes y sefardíes se unieron para comprar el sitio del propietario árabe, que hasta entonces les había cobrado a los judíos una entrada para acercarse a la tumba. Además de mejorar la tumba, se construyeron casas para judíos pobres en parte del sitio, mientras que la mayor parte de la parcela dunam 18 quedó sin desarrollar.

Los judíos de Jerusalem lo llamaron el Barrio de Shimon HaTzadik, y aparece con ese nombre en el atlas histórico de Jerusalem de Dan Bahat. Estaba adyacente a Sheikh Jarrah, pero no era parte del mismo – contrariamente al uso común, hoy en día, por parte de la prensa y los manifestantes.

En 1947, entre los primeros disparos de la guerra árabe contra la independencia judía hubo disparos contra un autobús judío en el camino del Monte Scopus adyacente a Shimon HaTzadik.

Durante diciembre de 1947, el tránsito judío era atacado en el camino del Monte Scopus, al igual que Shimon HaTzadik y los barrios judíos aledaños, Nahalat Shimon, Siebenbergen Houses, etc. Después de horas de intenso ataque, el 29 de diciembre las familias judías huyeron del barrio, aunque algunos permanecieron varios días más.

El Palestine Post informó, el 4 de enero 1948, que los judíos estaban huyendo de Shimon HaTzadik y otras áreas. Las tropas británicas ayudaron a inducir el éxodo desarmando a los judíos del barrio. Por lo tanto, los judíos fueron los primeros refugiados de guerra en el país que no pudieron ir a casa después de la guerra (judíos también huyeron, en diciembre de 1947, de partes de Jaffa y del sur de Tel Aviv, pero pudieron volver después de la guerra).

De 1949 a 1967, cuando los judíos no podían visitar los lugares sagrados judíos, bajo el gobierno de Jordania – en violación del acuerdo de armisticio de 1949 – las casas judías abandonadas en Shimon HaTzadik estuvieron habitadas por familias árabes, al mismo tiempo que, alrededor de 1955, fueron construidas casas para árabes en partes no desarrolladas alrededor del sitio.

Después de la Guerra de los Seis Días, los judíos pudieron volver a visitar la tumba de Simón, mientras que los árabes permanecieron en las casas del sitio, alguna vez judías. Sin embargo, en 1998, cuando un árabe trató de incorporar la sinagoga a su propia casa, los judíos se mudaron de nuevo, primero a la sinagoga, que tenía claras inscripciones hebreas, pese a las afirmaciones que me ha hecho un portavoz árabe que allí nunca vivieron judíos.

Más recientemente, los tribunales dictaminaron que las casas árabes en el lugar pertenecían a los dueños de la tierra judía. Los talentosos autores Amos Oz y David Grossman han participado en protestas – en nombre de la paz y la justicia – contra los desalojos derivados de la negativa de algunos inquilinos árabes de pagar el alquiler, rechazando así el ejercicio de los derechos de propiedad judía. Sin embargo, las posturas morales y políticas de los autores no impresionan.

Por ejemplo, antes de la Segunda Guerra Mundial, los tanto o más talentosos autores franceses Jean Giono y Jean Giraudoux elogiaban a Hitler, exigiendo la paz con Alemania. Giono incluso describió a Hitler como “un poeta en acción”.

Con sus protestas, Oz y Grossman respaldan ahora, implícitamente, la expulsión de judíos en la Guerra de Independencia, los primeros refugiados de esa guerra que no pudieron ir a casa después.

Además, ¿un cuerpo religioso tiene derecho a mantener el área alrededor de sus lugares sagrados? ¿Quieren los cristianos que los no cristianos vivan muy cerca de la Iglesia del Santo Sepulcro y otros lugares santos cristianos? ¿Se les permite a los no musulmanes entrar a la Meca? La justicia se basa en la verdad, no en principios inconsistentes.

El escritor es un investigador y traductor que vive en Jerusalem. Ha publicado en Nativ, Midstream, The Jerusalem Post y otras publicaciones.

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld
Difusion: www.porisrael.org

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Simon’s Tomb and Jewish refugees

By ELLIOT GREEN
Jerusalem Post
12/15/2010

 

The area witnessed the first flight of people who could not return after the War of Independence. These people were Jews.

The normally placid surroundings of the Tomb of Simon the Just have been shaken in recent months by regular protest in which moral fervor and strident self-righteousness take pride of place. The demonstrators ostensibly protest evictions – of Arab families in this case – although we may doubt their opposition to evictions in principle, since the notable personalities among them were absent from demonstrations five years ago against the eviction of 8,500 Jews from the Gaza Strip.

Be that as it may, whenever we see mass outpourings of emotion – love, anger, sentimentality, grief, hatred – we may wonder just what participants know of the cause for which they demonstrate. Simon’s Tomb and its surroundings merit being seen as a symbol of the struggle between Jews and Arabs, as well as interested foreign parties, that has flowed and ebbed for generations.

The area of Simon’s Tomb witnessed the very beginning of the surge of violence, starting shortly after the UN General Assembly recommended partition on November 29, 1947.

It also witnessed the first flight of refugees who could not return after the War of Independence. It may surprise some that these first refugees who could not go home were Jews. Yet this is well-documented.

Simon the Just was a personality of Second Temple times who accomplished legendary exploits in Jewish tradition. He is identified with two high priests named Simon, one at the time of Seleucid Emperor Antiochus III, circa 200 BCE. Another, tradition holds, appeared in white garments before the conquering Alexander of Macedon (332 BCE), thus inducing him to leave the Jews in peace.

Simon’s Tomb is traditionally located in a cave just meters from the cave tomb complexes that are unquestionably of Second Temple times.

For those who doubt the tomb’s authenticity, we cannot prove that Simon is buried there, any more than anyone today can prove Jesus is buried in the Church of the Holy Sepulchre. Indeed, some Christians propose other locations. Yet this location as Simon’s tomb was attested in 1235.

It is depicted on illustrated charts of Jewish holy sites – a kind of Jewish folk art – as we see in an album published by the Israel Museum (Rachel Sarfati, ed, Offerings from Jerusalem: Portrayals of Holy Places by Jewish Artists).

Lag Ba’omer pilgrimages to the site long competed with pilgrimages to Shimon bar Yohai’s tomb in the Galilee, as it was easier to reach for Jerusalem’s Jews, already a majority in the city by the mid- 19th century.

IN 1876 the Ashkenazi and Sephardi communities joined to purchase the site from the Arab owner, who had until then charged Jews a fee to approach the tomb. Beside enhancing the tomb, homes for poor Jews were built on part of the site, while most of the 18-dunam plot was left undeveloped.

Jerusalem Jews called it the Shimon Hatzaddik Quarter, and it appears by that name in Dan Bahat’s Jerusalem historical atlas. It was adjacent to Sheikh Jarrah but not part of it – contrary to common usage today by thepress and protesters.

In 1947, among the first shots of the Arab war against Jewish independence were those fired at a Jewish bus on the Mount Scopus road adjacent to Shimon Hatzaddik.

Throughout December 1947, Jewish traffic was attacked on the Mount Scopus road, as were Shimon Hatzaddik and nearby Jewish quarters, Nahalat Shimon, Siebenbergen Houses, etc. After hours of intense attack on December 29, Jewish families fled the neighborhood, though some remained for several more days.

The Palestine Post reported on January 4, 1948 that Jews were fleeing Shimon Hatzaddik and other areas. British troops helped induce the exodus by disarming Jews in the quarter. Hence, Jews were the first war refugees in the country who could not go home after the war (Jews also fled in December 1947 from parts of Jaffa and south Tel Aviv, but could go back after the war).

>From 1949 to 1967, while Jews could not visit Jewish holy sites under Jordanian rule – in violation of the 1949 armistice accord – the deserted Jewish homes in Shimon Hatzaddik were inhabited by Arab families, while homes for Arabs were built on undeveloped parts of the site around 1955.

After the Six Day War, Jews could again visit Simon’s Tomb, while Arabs remained in the once-Jewish homes on the site. However, in 1998, when an Arab tried to incorporate the synagogue into his own house, Jews moved back, first into the synagogue, which bore clear Hebrew inscriptions, despite claims made to me by an Arab spokesman that Jews never lived there.

More recently, courts ruled that Arab houses on the site belonged to the Jewish land owners. Talented authors Amos Oz and David Grossman have taken part in protests – in the name of peace and justice – against evictions ensuing from refusal of certain Arab tenants to pay rent, thus rejecting the exercise of Jewish property rights. Yet the moralpolitical stances of authors do not impress.

For example, before World War II equally or more talented French authors Jean Giono and Jean Giraudoux praised Hitler, demanding peace with Germany. Giono even described Hitler as “a poet in action.”

By their protests, Oz and Grossman now implicitly endorse the expulsions of Jews in the War of Independence, the first refugees in that war who could not go home afterward.

Furthermore, is a religious body entitled to maintain the area around its holy places? Do Christians want non-Christians living too close to the Church of the Holy Sepulchre and other Christian holy places? Are non- Muslims allowed into Mecca? Justice is based on truth, not inconsistent principles.

The writer is a researcher and translator living in Jerusalem. He has published in Nativ, Midstream, The Jerusalem Post and other publicatio ns.

 
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