Por Israel
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| jueves abril 16, 2020
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La Revolución y el Mundo Musulmán


Los que vienen a la mente incluyen a 1848, cuando un levantamiento en Francia envolvió a Europa. También estuvo 1968, cuando las manifestaciones de lo que podríamos llamar la Nueva Izquierda barrió el mundo: Ciudad de México, París, Nueva York y cientos de otras ciudades, vieron revoluciones contra la guerra, organizadas por marxistas y otros radicales.

Praga vio a los soviéticos aplastar a un gobierno de la Nueva Izquierda. Incluso la Gran Revolución Cultural Proletaria de China podría, por extensión, ser incluida. En 1989, una ola de disturbios, desencadenados por los alemanes del este que querían llegar a occidente, generó un levantamiento en Europa oriental que derrocó el régimen soviético.

Cada uno tenía un tema básico. Los levantamientos de 1848 trataban de establecer democracias liberales en las naciones que habían estado sumergidas en la reacción contra Napoleón. En 1968 fue acerca de una reforma radical en la sociedad capitalista. En 1989 fue acerca del derrocamiento del comunismo. Todos fueron más complejos que eso, con variantes de país en país. Pero, al final, las razones detrás de los mismos podían, razonablemente, ser condensadas en una o dos frases.

Algunas de estas revoluciones tuvieron un gran impacto. La de 1989 cambió el equilibrio global del poder. La e 1848 terminó en un fracaso en ese momento – Francia volvió a una monarquía en cuatro años – pero sentó las bases para cambios políticos posteriores. La de 1968 produjo poco que fuera duradero. La clave es que en cada país en el que tuvo lugar, hubo significativas diferencias en los detalles – pero compartieron los principios fundamentales, en un momento en que otros países estaban abiertos a esos principios, al menos hasta cierto punto.

El Actual Levantamiento en Contexto

Al observar el actual levantamiento, el área geográfica es clara: Los países musulmanes del norte de África y la Península Arábiga han sido el foco principal de estos levantamientos y, en particular, en África del Norte, donde Egipto, Túnez y ahora Libia han tenido crisis profundas. Por supuesto, muchos otros países musulmanes también tuvieron acontecimientos revolucionarios que, al menos hasta ahora, no han llegado a convertirse en acontecimientos que amenacen a los regímenes o, incluso, a las personalidades gobernantes. Ha habido insinuaciones de tales acontecimientos en otros lugares. Hubo pequeñas manifestaciones en China y, por supuesto, Wisconsin está agitado por los recortes presupuestarios. Pero éstos, en realidad, no tienen conexión con lo que está ocurriendo en Medio Oriente. El primero fue pequeño y el segundo no se inspira en El Cairo. Así que lo que tenemos es un levantamiento en el mundo árabe que no se ha diseminado más allá de esa zona, por el momento.

El principio clave que parece estar impulsando los levantamientos, es la sensación que los regímenes, o un grupo de individuos dentro de los regímenes, han privado al público de los derechos políticos y, más importante, económicos – en resumen, que se enriquecieron más allá de lo que el buen gusto permite. Esto se ha expresado de diferentes maneras. En Bahrein, por ejemplo, el levantamiento fue de la población, principalmente shiíta, contra la familia real, predominantemente sunita. En Egipto, fue contra la persona de Hosni Mubarak. En Libia, es contra el régimen y la persona de Muamar Gadhafi y su familia, y es conducido por la hostilidad tribal.

¿Por qué se han juntado ahora? Una razón es que hubo una tremenda cantidad de cambios de régimen en la región desde la década de 1950 hasta la década de 1970, cuando los países musulmanes crearon regímenes para reemplazar a las potencias imperiales extranjeras y fueron sacudidos por la guerra fría. Desde comienzos de la década de 1970, la región, con la excepción de Irán en 1979, ha sido bastante estable en el sentido que los regímenes – e incluso las personalidades que surgieron en la fase inestable – estabilizaron a sus países e impusieron regímenes que no pudieran ser fácilmente cambiados. Gadhafi, por ejemplo, derrocó a la monarquía libia en 1969 y, desde entonces, ha gobernado continuadamente durante 42 años.

Cualquier régimen dominado por un pequeño grupo de personas, con el tiempo, verá al grupo utilizar su posición para enriquecerse. Son pocos los que pueden resistir durante 40 años. Es importante reconocer que Gadhafi, por ejemplo, una vez fue un auténtico revolucionario pro-soviético. Pero con el tiempo, el celo revolucionario disminuye y la avaricia surge junto con la arrogancia de un extendido poder. Y en las áreas de la región donde no ha habido cambio de régimen desde después de la Primera Guerra Mundial, este principio también se mantiene aunque, curiosamente, con el tiempo los regímenes parecen aprender a repartir un poco la riqueza.

Por lo tanto, lo que surgió en toda la región fueron regímenes e individuos que eran cleptócratas clásicos. Más que nada, si queremos definir esta ola de disturbios, sobre todo en el norte de África, es un levantamiento contra regímenes – y en particular individuos – que han estado en sus puestos durante períodos de tiempo extraordinariamente largos. Y podemos agregar a esto que son personas que planeaban mantener el poder familiar y el dinero, instalando a sus hijos como sus herederos políticos. El mismo proceso, con variantes, está en camino en la Península Arábiga. Este es un levantamiento contra los revolucionarios de generaciones anteriores.

Las revoluciones han estado viniendo durante mucho tiempo. El levantamiento en Túnez, sobre todo cuando tuvo éxito, hizo que se propague. Al igual que en 1848, 1968 y 1989, similares condiciones sociales y culturales generan acontecimientos similares y son desencadenados por el ejemplo de un país, para luego extenderse más ampliamente. Eso es lo que ha sucedido en 2011 y continúa.

Una Región Singularmente Sensible

Está ocurriendo, sin embargo, en una región que es singularmente sensible en este momento. La guerra EE.UU. -jihad significa que, como en anteriores oleadas revolucionarias, hay más amplias implicaciones geopolíticas potenciales. 1989 significó el fin del imperio soviético, por ejemplo. En este caso, la cuestión de mayor importancia no es por qué estas revoluciones se están llevando a cabo, sino quien se aprovechará de ellas. No vemos a estas revoluciones como una vasta conspiración de islamistas radicales para tomar el control de la región. Una vasta conspiración se detecta fácilmente, y las fuerzas de seguridad de cada país habrían destruido las conspiraciones rápidamente. Nadie organizó las olas anteriores, aunque también ha habido teorías conspirativas sobre ellas. Surgieron a partir de ciertas condiciones, siguiendo el ejemplo de un incidente. Pero determinados grupos ciertamente intentaron, con mayor o menor éxito, aprovecharse de ellas.

En este caso, cualquiera sea la causa de los levantamientos, no hay duda de que los islamistas radicales tratarán de tomar ventaja y controlarlos. ¿Por qué no lo harían? Es un curso racional y lógico para ellos. Si serán capaces de hacerlo, es una cuestión más compleja e importante, pero que querrían y están tratando de hacerlo así, es obvio. Son un grupo amplio, transnacional y dispar, educado en métodos conspirativos. Esta es su oportunidad de crear una amplia coalición internacional. Así, como con los comunistas tradicionales y la Nueva Izquierda en la década de 1960, no crearon el levantamiento, pero serían unos necios si no trataran de aprovecharse del mismo. Añadiría que no hay duda que Estados Unidos y otros países occidentales están tratando de influir en la dirección de los levantamientos. Por ambos lados, este es un juego difícil de jugar, pero es especialmente difícil para Estados Unidos, siendo ajeno para jugar este juego, en comparación con los islamistas nativos que conocen su país.

Pero, aunque no hay duda de que a los islamistas les gustaría tomar el control de la revolución, eso no significa que lo harán, ni tampoco significa que estas revoluciones serán exitosas. Recordemos que las de 1848 y 1968 fueron un fracaso y los que trataron de aprovecharse de ellas no tuvieron vehículo para a donde subirse. Recordemos también que tomar el control de una revolución no es cosa fácil. Pero, como vimos en Rusia en 1917, no necesariamente el grupo más popular es el que gana, sino el mejor organizado. Y, con frecuencia, no se sabe quién es el mejor organizado hasta después.

Las revoluciones democráticas tienen dos fases. La primera es el establecimiento de la democracia. La segunda es la elección de los gobiernos. El ejemplo de Hitler es útil como una advertencia sobre el tipo de gobierno que una joven democracia puede producir; llegó al poder por medios democráticos y constitucionales y, posteriormente, abolió la democracia para las multitudes entusiastas. Así que hay tres contracorrientes aquí. La primera es la reacción contra los regímenes corruptos. La segunda es la elección misma. ¿Y la tercera? Estados Unidos debe recordar, cuando aplaude el incremento de la democracia, que el gobierno electo puede no ser lo que uno esperaba.

En cualquier caso, la verdadera cuestión es si estas revoluciones tendrán éxito en  reemplazar a los regímenes existentes. Por el momento, consideremos el proceso de la revolución, empezando por distinguir una manifestación de un levantamiento. Una manifestación no es más que la aglomeración de gente pronunciando discursos. Esto puede desestabilizar el régimen y sentar las bases para acontecimientos más serios, pero por sí sola, no es significativa. A menos que las manifestaciones sean lo suficientemente grandes como para paralizar una ciudad, son eventos simbólicos. Ha habido muchas manifestaciones en el mundo musulmán que no han llevado a ninguna parte; consideren a Irán.

Es interesante hacer notar que los jóvenes, con frecuencia, dominan las revoluciones en un primer momento, como en 1848, 1969 y 1989. Esto es normal. Los adultos con familias y madurez, rara vez salen a las calles para hacer frente a las armas y los tanques. Se necesita gente joven que tenga el valor, o la falta de juicio, para arriesgar sus vidas en lo que podría ser una causa perdida. Sin embargo, para tener éxito, es vital que, en algún punto, otros sectores de la sociedad se les unan. En Irán, uno de los momentos claves de la revolución de 1979 fue cuando los comerciantes se unieron a los jóvenes en la calle. Una revolución sólo de jóvenes, como vimos en 1968, por ejemplo, rara vez tiene éxito. Una revolución requiere una base más amplia que eso, y debe ir más allá de las manifestaciones. En el momento en que va más allá de la manifestación es cuando enfrenta a las tropas y a la policía. Si los manifestantes se dispersan, no hay revolución. Si se enfrentan a las tropas y a la policía, y si continúan incluso después de que se dispara contra ellos, entonces se está en una fase revolucionaria. Por lo tanto, las imágenes de manifestantes pacíficos no son tan significativas como los medios de comunicación tratan de hacernos creer, pero las imágenes de los manifestantes que siguen manteniendo sus posiciones después de que se les disparó son muy significativas.

 

El Evento Clave de una Revolución

 

Esto nos lleva al evento clave en la revolución. Los revolucionarios no pueden derrotar a hombres armados. Pero si esos hombres armados, en su totalidad o en parte, se vuelcan al lado revolucionario, la victoria es posible. Y este es el evento clave. En Bahrein, las tropas dispararon contra los manifestantes y mataron a algunos. Los manifestantes se dispersaron y más tarde se les permitió manifestar – con los recuerdos de los disparos frescos. Ésta fue una revolución contenida. En Egipto, el ejército y la policía militar se opusieron entre sí y el ejército se puso del lado de los manifestantes, obviamente por razones complejas. El cambio de personal, aunque no el cambio de régimen, era inevitable. En Libia, el ejército se ha dividido totalmente.

Cuando esto sucede, se ha llegado a un ramal en la carretera. Si la división en el ejército es más o menos equivalente y profunda, esto podría conducir a una guerra civil. De hecho, un camino para que una revolución tenga éxito es continuar con la guerra civil, convirtiendo a los manifestantes en un ejército, por así decirlo. Eso es lo que Mao hizo en China. Mucho más común es que los militares se dividan. Si la división crea una fuerza abrumadora en contra del régimen, esto conduce al éxito de la revolución. Siempre, el punto a buscar es que la policía se una a los manifestantes. Esto sucedió ampliamente en 1989, pero en lo absoluto en 1968. Sucedió, ocasionalmente, en 1848, pero el fiel de la balanza siempre estuvo del lado del Estado. Por lo tanto, la revolución fracasó.

Es esta etapa, el ejército y la policía pasándose al lado de los manifestantes, es lo que hace o quiebra la revolución. Por lo tanto, para volver al tema anterior, la cuestión más importante sobre el papel de los islamistas radicales no es su presencia en la multitud, sino su penetración en el ejército y la policía. Si hubiera una conspiración, se centraría en unirse a los militares, a la espera de las manifestaciones, para entonces golpear.

Aquellos que argumentan que estos levantamientos no tienen nada que ver con el islam radical podrían estar en lo correcto, en el sentido que los manifestantes en las calles pueden bien ser estudiantes enamorados de la democracia. Pero no ven el punto que los estudiantes, por sí solos, no pueden ganar. Sólo pueden ganar si el régimen quiere que lo hagan, como en Egipto, o si otros sectores y, por lo menos, algunos de los policías o los militares – gente con armas que saben cómo usarlas – se les unen. Por lo tanto, mirar a los estudiantes en la televisión dice poco. Mirar a los soldados dice mucho más.

El problema con las revoluciones es que las personas que las comienzan rara vez las terminan. Los demócratas idealistas alrededor de Alexander Kerensky en Rusia no fueron los que terminaron la revolución. Los matones bolcheviques lo hicieron. En estos países musulmanes, el enfoque en los manifestantes jóvenes, pierde el punto igual como lo hizo en la Plaza Tiananmen. No fueron los manifestantes los que importaban, sino los soldados. Si cumplían las órdenes, no habría ninguna revolución.

No conozco el grado de penetración islamista entre los militares en Libia, por poner un ejemplo de los disturbios. Sospecho que el tribalismo es mucho más importante que la teología. En Egipto, sospecho que el régimen se ha salvado ganando tiempo. Bahrein tuvo que ver más con la influencia iraní en la población shiíta que con los jihadistas sunitas en acción. Pero, al igual que los iraníes están tratando de agarrarse del proceso, también lo harán los jihadistas sunitas.

 

El peligro del caos

 

Sospecho que algunos regímenes caerán, mayormente sumiendo en el caos al país en cuestión. El problema, como estamos viendo en Túnez, es que, frecuentemente, no hay nadie en el lado de los revolucionarios, preparado para tomar el poder. Los bolcheviques tenían un partido organizado. En estas revoluciones, los partidos están tratando de organizarse durante la revolución, que es otra manera de decir que los revolucionarios no están en condiciones de gobernar. El peligro no es el Islam radical, sino el caos, seguido por la guerra civil, por los militares tomando el control simplemente para estabilizar la situación o por el surgimiento de un partido radical islámico para tomar el control – simplemente porque son los únicos en la multitud con un plan y una organización. Así es como las minorías toman el control de las revoluciones.

Todo esto es especulación. Lo que sí sabemos es que ésta no es la primera ola revolucionaria en el mundo, y la mayoría de las olas fracasaron, con efectos que se observaron décadas más tarde, en los nuevos regímenes y culturas políticas. Sólo en el caso de Europa Oriental vemos un amplio éxito revolucionario, pero ese éxito fue en contra de un imperio que colapsaba, así que son pocas las lecciones que pueden extraerse de eso en el mundo musulmán.

Mientras tanto, cuando observe la región, recuerde que no observar a los manifestantes. Observe a los hombres con las armas. Si se mantienen firmes del lado del estado, los manifestantes han fracasado. Si algunos se pasan a su lado, hay alguna posibilidad de victoria. Y si la victoria llega, y se declara la democracia, no asuma que lo que sigue, en modo alguno, complacerá a occidente – democracia y cultura política pro-occidental no significan lo mismo.

La situación sigue siendo fluida, y no hay amplias certezas. Es ahora un asunto de país por país, con la mayoría de los regímenes, en este momento, tratando de mantenerse en el poder. Hay tres posibilidades. Una es que esto sea como en 1848, un amplio levantamiento que fracasará por falta de organización y coherencia, pero que resonará durante décadas. La segunda es como en 1968, una revolución que no derrocó a ningún régimen, ni siquiera temporalmente, y dejó algunos restos culturales de mínima importancia histórica. La tercera es como en 1989, una revolución que derrocó al orden político en toda una región, y creó un nuevo orden en su lugar.

Si tuviera que adivinar en este momento, diría que estamos frente a 1848. El mundo musulmán no experimentará un cambio masivo de régimen como en 1989, pero tampoco los efectos serán tan efímeros como en 1968. Al igual que en 1848, esta revolución no podrá transformar al mundo musulmán, ni siquiera al mundo árabe. Pero plantará las semillas que germinarán en las próximas décadas. Creo que esas semillas serán democráticas, pero no necesariamente liberales. En otras palabras, las democracias que eventualmente surjan producirán regímenes que tomarán su orientación de su propia cultura, lo que significa del Islam.

Occidente celebra la democracia. Debería tener cuidado con lo que espera: Lo podría obtener.

La reimpresión o publicación de este informe en websites está autorizada siempre y cuando se exhiba la siguiente frase al comienzo o al final del informe, incluyendo el hipervínculo a STRATFOR:

«Revolution and the Muslim World is republished with permission of STRATFOR.»

«Este informe se publica con permiso de STRATFOR»

<ahref=http://www.stratfor.com/weekly/20110221-revolution-and-muslim-world

 

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

 
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