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El “Apartheid” en la tierra de Israel


Vivian Hamui***

The Times of Israel

4.1.2013

Apartheid

Como mujer de Panamá que hizo aliá hace pocos meses – sin familia – debo admitir que, tal vez, fue una acción un poco loca.

Algunas personas vienen a vivir a Israel debido a problemas económicos o de antisemitismo en sus países de origen. Algunos olim venido aquí porque Dios le prometió esta tierra a Abraham. Pero yo no me considero religiosa, y Panamá es un lugar tranquilo para los judíos, además, nadie en mi familia o en la comunidad carecía de comida o un trabajo.

Volviendo a Panamá, nadie me amenazaba con hacer estallar un autobús o arrojar un cohete sobre mi cabeza, así que realmente no tenía ninguna necesidad de cubrir mi cabeza y esconderme en un refugio antiaéreo.

Pero eso ya no es cierto, porque ahora no sólo soy panameña, sino que soy una israelí. Debo estar un poco loca para mudarme a un país tan santo como los cielos, pero tan duro como el infierno.

Aunque es difícil, estoy cansada de saber acerca de las constantes sanciones contra Israel y los comentarios acerca de cuán monstruosos son los sionistas. El presidente de la Autoridad Palestina está tratando en la ONU que el mundo boicotee de nuevo a Israel. Es difícil comprender por qué la gente liberal y de izquierda, que dicen defender la igualdad de derechos de todas las personas y la libertad, insultan la decisión de Israel de defenderse contra las personas que prometen borrar todo un país, sólo porque no son árabes o musulmanes. Es difícil entender cómo el resto del mundo critica el derecho de Israel a defenderse de Hamas y Hezbollah (alias las pobres víctimas).

Rechazo tratar con gente que dice que los judíos deberían sentirse avergonzados porque salieron de las cámaras de gas sólo para poner a otros en las mismas. Encuentro repulsiva la forma en que la ignorancia mostrada por algunos medios de comunicación, que siguen desempeñando el papel de jueces en el juicio de quien es inocente y quién es culpable, cuando los «chicos malos» de la historia son los que se esconden detrás de un chico tomándolo como escudo, para matar a otro chico, un chico que, probablemente, acaba de terminar la escuela secundaria para comenzar la defensa de su país.

Como nueva inmigrante a Israel, puedo comparar lugares y puedo ver los defectos. Y puesto que puedo hacer eso, permítanme decir que el mundo no tiene ninguna idea de cuán único es este país.

Algunos críticos de Israel dicen que este lugar tiene un sistema de apartheid. ¡¡¡Seguro!!! Pero permítanme entender cómo funciona este «apartheid», porque mi compañera de cuarto es etíope, y vivo en un apartamento con rusos e israelíes. Mi mejor amiga es española. Mi jefe es inglés, y en la clase una señora china se sienta a mi lado. Salgo con estadounidenses, y mi novio es holandés, mientras que su mejor amigo es venezolano.

Si eso no es suficiente para una ensalada cultural e internacional, permítanme agregar que mis vecinos de mi piso son estudiantes árabes de la misma universidad. La mayoría son chicas.

Me pregunto si en un país árabe yo podría hacer lo que ellas están haciendo, estudiando en una universidad con hombres de otras religiones, sin recibir un disparo en la cabeza. Todos cargamos libros y queremos ser personas más inteligentes.

También me pregunto si podría obtener una tarjeta verde, un pasaporte francés, turco o egipcio en cuanto me baje del avión si decidiera mudarme allí en lugar de Israel. Me pregunto si puedo votar y quiero saber si puedo fundar incluso un partido político judío en Siria, como en Israel con los dos partidos políticos árabes «Raam» y «Taal».

No hay tal cosa como un gran marino sin un mar intensamente inquieto, y soy una ciudadana libre en este océano que llamamos Israel. Voy a votar y todas las personas internacionales que me rodean también votan (incluyendo mis vecinos árabes).

Israel es mi punto de encuentro con el mundo entero y, a veces, la peculiar oveja en el rebaño mundial, porque le da agua y electricidad al adversario. También paga para mantener a la población ultra-ortodoxa que, a veces, quema la bandera del estado y no se une al ejército. Yo vivo en un país que tiene una educación y un sistema médico de primera clase mundial, y también reconoce los derechos de los homosexuales y de las mujeres a la igualdad y la libertad.

Vivo en este así llamado «país asesino» que trató de hacer la paz con los palestinos, entregando la Franja de Gaza en 2005, pero sigue teniendo que enfrentar ataques terroristas. Israel es un estado que ayuda a otros países cuando los golpea una catástrofe y es tan «intolerante» que no se atrevieron a volar una iglesia o el templo Baha’i, como los talibanes lo hicieron con una estatua de Buda.

Quiero ser parte del país que siempre marca la diferencia y hace historia. Si éso me convierte en inhumana y fascista, entonces está bien. ¡Viva el Maldito Estado Santo de Israel!

***Vivian Hamui es un escritora de 21 años de edad, procedente de Panamá. Su lengua materna es el español y también habla Inglés y un poco de italiano. Fue estudiante en la Universidad de Louisville y ha trabajado como administradora de la comunidad en medios sociales. Se mudó a Israel, empezando de nuevo como estudiante de Comunicación y Política en la Universidad Bar Ilan.

http://blogs.timesofisrael.com/the-apartheid-land-of-israel/ 


Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld 

Difusion: www.porisrael.org

 
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