Por Israel
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10 Kislev 5779 | domingo noviembre 18, 2018
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El ocaso de la causa palestina


Jacob Israel Sananes

palestine

Allá por el año 1964, en Cisjordania nace un movimiento nacionalista árabe liderado por el terrorista y Nobel de la Paz Yaser Arafat. Antes era muy poco frecuente escuchar el término palestinos ligando a lo árabe. Hasta la Guerra de los Seis Días Palestina concernía a lo judío: la Orquesta Palestina, The Palestinian Post o la Brigada de Palestina eran todas ellas instituciones judías.

Medio siglo después, los territorios palestinos han olvidado ese nacionalismo y lo han sustituido por una parafernalia dantesca, que ha dejado aturdida a una sociedad administrada por dirigentes que buscan todo menos el bienestar de su pueblo. Los regentes palestinos tratan de demostrar que es imposible suprimir la discusión sobre su destino, y por ello incitan a la población a echarse a la calle convocando actos violentos. Mientras, su vecino Israel trata de mantenerse ocupado con otros asuntos de mayor importancia.

En Jerusalem existe la conciencia de que Irán y el posible derrocamiento del régimen sirio traerán nuevas amenazas, que superan en importancia y en peligro al interminable conflicto palestino. En primer lugar, el Organismo Internacional de la Energía Atómica advirtió la semana pasada sobre el avance del enriquecimiento de uranio en las plantas nucleares iraníes. A su vez, Irán avanza en la construcción de un reactor de agua pesada que, según estudios científicos, es capaz de generar plutonio para la producción de material nuclear. En cuanto a Siria, continúa inmersa en una guerra civil de la que nadie conoce cuál será el resultado final, ni cómo podrá afectar al Líbano y al grupo terrorista Hezbolá.

El Gobierno israelí mira con preocupación toda esta amalgama de acontecimientos, mientras que los palestinos, expertos en aprovechar cualquier oportunidad de perder una oportunidad, se han lanzado a las calles para protestar por la muerte del preso Arafat Jaradat en una cárcel israelí. La parafernalia entra en acción: la ANP y sus voceros internacionales condenan a Israel por la supuesta tortura del preso. Sin autopsia aún revelada, esta vez lo que se pretende es mantener viva la tan manida causa palestina hasta la llegada de Barak Obama a la región, el próximo día 20. Las Brigadas de Al Aqsa ya han prometido venganza, y más de un analista cree que estamos ante el inicio de la Tercera Intifada.

El teatro continúa: la semana pasada, supuestamente varios israelíes quemaron seis coches cerca de la ciudad de Nablus. Los palestinos pronto salieron a las calles para protestar por un acto que, días después, y tras una intensa investigación de la policía israelí, se demostró formaba parte de un capítulo más de la fábula: fueron los propios palestinos los que cometieron el hecho con el fin de hacernos creer que había sido una nueva maldad del enemigo sionista.

La industria propagandística palestina, conocida como Pallywood, eterniza su teatro; trata, mediante la violencia y el engaño, de manipular el pensamiento de muchos y, sobre todo, de que su causa no se pierda de vista en las agendas internacionales.

La visita de Obama a la región nos servirá para saber si esta manipulación que pretende hacernos ver a los palestinos como víctimas es eficaz o si, por el contrario, va perdiendo adeptos en Occidente y estamos asistiendo al ocaso de la causa.

 
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