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19 Adar II 5779 | martes marzo 26, 2019
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Israel: Reestructuran mercado energético por producción de gas


Mariana Sued

Israelenlinea.com

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Yacimiento LeviatánLejos aún del autoabastecimiento, el comienzo de la explotación de gas natural en el Mediterráneo dio a Israel un respiro sustancial en su factura energética y le garantiza un crecimiento de alrededor de un punto porcentual en su PIB.

«El precio más bajo del gas y el ahorro en gasóleo y otros carburantes que progresivamente serán sustituidos llegará a los 12.000 millones de shékels anuales (3.310 millones de dólares)», dijo Shuki Stern, director de la Autoridad Nacional de Gas Natural, sobre el impacto más inmediato de la explotación del yacimiento Tamar.

El ahorro, que reduce también la presión financiera por la compra de menos divisa, es tan sólo una de las ventajas de Israel en su nueva condición de productor de gas natural.

«Habrá derechos de explotación e ingresos fiscales, e Israel tendrá que importar mucho menos petróleo», explicó el geólogo Yaakov Gilboa, directivo de una de las empresas que descubrió el yacimiento a unos 90 kilómetros de la costa norte de Israel.

El yacimiento Tamar se convirtió la semana pasada en el pulmón energético del país con la apertura de válvulas hacia la Compañía Nacional de Electricidad, principal consumidor con casi la mitad de la factura energética nacional.

El ahorro final dependerá de hasta qué punto el mercado israelí transforme su consumo, proceso que la industria comenzó hace unos años por nuevas políticas medioambientales e interés económico.

Para tener una idea: un barril de petróleo cuesta en torno a los 100 dólares y su equivalente energético en gas natural, unos 6.000 pies cúbicos, costará entre 25 y 30 dólares.

En aguas comerciales al noroeste de Haifa, Tamar tiene una expectativa de explotación de entre 25 y 30 años al ritmo actual de consumo (17% del mercado), pero el ministerio de Energía aspira a equilibrarlo al 50% dentro de una década.

La transformación incluye que un 20% del parque automotor dependa en 2020, directa o indirectamente, del gas, y no del petróleo como hasta ahora.
En este cambio influye también el reciente descubrimiento de otro yacimiento mucho mayor, Leviatán, cerca de Ashdod, que garantiza a Israel una completa independencia en el abastecimiento durante 50 años adicionales.

La duración de ambos dependerá de la decisión política de si permitir la exportación, demanda de las concesionarias locales e internacionales.«La prospección de recursos energéticos es extremadamente costosa y sin exportar no se podrán construir las infraestructuras necesarias», señaló Itzjak Tshuva, presidente de la empresa Delek, una de las inversoras en Tamar.

La compañía estadounidense Nobel Energy, principal concesionaria del Leviatán, condicionó futuras inversiones a que el Gobierno israelí autorice la exportación de «la mitad del potencial encontrado».

«Israel ganará de los ingresos de la exportación a través de los impuestos, y recibirá el dinero mucho más rápido», explicó su presidente, Chuck Davidson, en una entrevista con el Canal 10 en la que instó al ministerio de Finanzas a no cambiar las condiciones de explotación.

Hasta hace sólo tres años las leyes israelíes estipulaban un porcentaje ínfimo del 12,5% por derechos de explotación de recursos naturales, fijado en 1952 para estimular una búsqueda que, pese a los esfuerzos, no dio resultados concretos.

«Las perspectivas de explotación del Leviatán tendrá un impacto crucial para el mercado israelí. Es una nueva era de oportunidades empresariales para nuestra economía, que podrá beneficiarse del gas a nivel medioambiental, geopolítico, social y económico», añadió Tshuva.

Expertos afirman que uno de los dividendos más inmediatos será medio punto porcentual en el crecimiento de su Producto Interior Bruto (PIB) este año, suplemento que llegará a entre uno y dos puntos cuando la producción alcance su máxima capacidad en 2014-2015.

Consciente del hecho, el presidente del Banco de Israel, Stanley Fischer, instó a que el gas sea empleado «en el bienestar de las generaciones venideras», es decir, la creación de «futuros motores de desarrollo» que no dependan exclusivamente de la naturaleza.

 
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