Por Israel
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2 Sivan 5777 | Sábado Mayo 27, 2017
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Una batalla existencial por el futuro demográfico de Siria


Traduccion: Hatzad Hasheni

El gobierno de Siria, Rusia e Irán (SRI) están tratando de cambiar la composición demográfica de Siria. Su objetivo es despoblar Siria de árabes sunitas, que antes de la Primavera Árabe era el grupo religioso mayoritario en Siria. Estos en su mayoría habitaron una franja de tierra fértil entre Alepo al norte, hasta Damasco y luego en dirección sur hasta la frontera jordana. Aquellos árabes sunitas que no se marcharon se ven forzados a trasladarse a Idlib y Raqqa, cerca de la frontera turca.

Al examinar la campaña militar del grupo SRI y su política hacia los refugiados que estos crearon sugiere la siguiente estrategia por este. Los grupos y lugares a los que los rusos han estado atacando son los bastiones tradicionales de la población árabe sunita, como la anterior Alepo, la mayor ciudad siria.

¿Cuál es el objetivo del grupo SRI y por qué hacen esto?

El régimen de Bashar Assad es alawita, una secta que fue reconocida por la institución religiosa libanés chiita como una rama del chiismo. Pero los árabes sunitas de Siria nunca reconocieron a los gobernantes alawitas como musulmanes. Según la ley islámica, sólo un musulmán puede gobernar un país musulmán. Los sunitas consintieron al mandato alawita debido a su incapacidad de remover por la fuerza del poder a la familia Assad. Sin embargo, hasta el día de hoy, las familias sunitas árabes de clase alta que empleaban a alawitas como sirvientes en sus hogares se refieren despectivamente a sus sirvientes alawitas como abid (“esclavos” en árabe).

Antes de la Primavera Árabe, los alawitas constituían aproximadamente el 12% de la población de Siria. El gobierno alawita sobre Siria siempre fue tenue en el mejor de los casos, debido a que los jefes militares alawitas de Siria mantuvieron el orden en el país a través de la coerción y no bajo un consentimiento mutuo.

Cuando la Primavera Árabe se apoderó de Siria, fueron los árabes sunitas, ante todo, los que se rebelaron contra el régimen alawita. Estos fueron ayudados en sus esfuerzos por otros sunitas en Turquía, Arabia Saudita y otras potencias sunitas, que proporcionaron las armas y los fondos para ello.

Desde la perspectiva de los alawitas y de otros árabes no sunitas, la revuelta sunita constituyó un peligro claro y presente para el régimen no sunita. Después de todo, el Medio Oriente es un vecindario muy duro y la gente practica el rencor y percibe insultos a su honor hasta que tienen la oportunidad de vengarse de los “males” percibidos. Nada se olvida jamás; nada es perdonado nunca. Para estos sunitas, es una ofensa contra Allah que estos alawitas no musulmanes gobernaran Siria.

El gobierno iraní, ruso y sirio se unieron para luchar contra los fundamentalistas sunitas porque los tres se ven a sí mismos en una batalla existencial contra los sunitas radicales. Estos se unieron para “rectificar” este problema librando a Siria de sus árabes sunitas y por lo tanto cambiando la composición demográfica de Siria para siempre.

Estos están forzando a los sunitas árabes a abandonar el país a través de atentados, terrorismo y otros métodos. Por lo tanto, no es de extrañar que el número abrumador de refugiados sirios sean sunitas árabes del corredor Damasco-Alepo, que ha sido centro tradicional de la comunidad árabe sunita. De hecho, la mayoría de los inmigrantes que viven actualmente en campos de refugiados en Jordania y Turquía son mayoritariamente sunitas árabes, al igual que los refugiados que arribaron a Europa.

Los iraníes son chiitas y albergan un temor enorme de que los sunitas los destruyan, tal como lo han hecho los sunitas durante los siglos posteriores a la muerte del Profeta musulmán Mahoma.

Ditto Rusia: Los rusos también tienen un problema existencial con los sunitas, ya que alrededor del 98% de los antiguos musulmanes soviéticos son sunitas. Hoy, la población musulmana de Moscú se estima en más de un cuarto de millón (y más), incluyendo residentes legales y trabajadores ilegales, según algunos analistas. Casi todos, excepto la mayoría de los residentes de Moscú, son sunitas. Rusia también siente una amenaza existencial por parte de estos sunitas al igual que sus aliados alawitas iraníes y sirios. Por lo tanto, el gobierno ruso ha emprendido un programa – con cierto éxito – que tiene por objeto atraer a los sunitas rusos a que se conviertan al chiismo (2).

Los suníes sirios abandonaron sus pueblos y aldeas en masa, incluso dejando atrás los campos sin arar. Es por eso que el verano pasado, la capa superficial de este corredor altamente fértil entre Damasco y Alepo se desvaneció, principalmente hacia el sur, en dirección a Jordania e Israel.

Después de dislocar a los sunitas árabes sirios, rusos e iraníes, el gobierno sirio pasó a la segunda fase: repoblar las áreas sunitas árabes relativamente vacías con chiitas, en su mayoría provenientes de Irak.

Es por eso que Rusia, el gobierno sirio e Irán se abstuvieron de atacar a los cristianos, kurdos sunitas y drusos en todo el país. Y es por eso que el gobierno fundamentalista sunita se opone al grupo SRI. Turquía está claramente del lado de los sunitas y se opone a los iraníes, a los rusos y al gobierno alawita sirio.

En contraste, Estados Unidos no comprendió lo que estaba sucediendo en Siria. Aunque los Estados Unidos ingenuamente gastaron grandes sumas de dinero tratando de entrenar e incluso armar a algunos de estos sunitas, muchos “amigos” de los estadounidenses en Siria se dieron vuelta y se unieron o entregaron sus armas a la miríada de grupos fundamentalistas sunitas que combatían en Siria. Por ejemplo, los misiles TOW suministrados por los estadounidenses a estos sunitas terminaron luego en manos de Al-Qaeda (3).

Lamentablemente, el gobierno estadounidense no logro comprender de que no se trata de una batalla entre lo bueno y lo malo, o moderados y extremistas. Es una batalla existencial por el futuro demográfico de ese país y de si los sunitas no árabes tienen finalmente la oportunidad de librarse del yugo árabe sunita que los ha plagado desde que Siria fue conquistada por los musulmanes sunitas a mediados del, siglo VII.

Cómo y cuándo terminará esta batalla, nadie lo sabe. Los rusos entienden el juego, lo que explica el por qué han elegido apoyar al gobierno sirio a toda costa. Estos poseen intereses comunes. Ahora es su oportunidad de cambiar la situación demográfica para siempre y propinarle un duro golpe a los sunitas.

Asumiendo que todo quede como está, Siria no tendrá muchos árabes musulmanes sunitas viviendo allí en un futuro cercano.

Mientras el actual gobierno fundamentalista chiita permanezca en el poder en Irán, lo que está sucediendo en Siria es una amenaza existencial para los regímenes árabes sunitas, Israel y otros. Pero si existe un cambio en el régimen en Irán, todas las apuestas están cerradas. Bajo el gobierno del Shah, Irán fue un miembro respetado de la comunidad internacional y preocupado primero y ante todo por los temas internos iraníes. Si un nuevo liderazgo con preocupaciones similares tales como las del Irán revolucionario pre-islámico tomase el mando, la batalla eterna chiita-sunita se convertiría muy probablemente en un tema de menor importancia dentro de los asuntos internos-musulmanes e internacionales.

Aun así, esperamos que Rusia permanezca aliada con un Irán republicano no islámico, Siria con su nueva realidad demográfica y otros tales como China e India que también le temen al fundamentalismo sunita.

Pero como está la situación ahora en Siria, sin una demostración convincente de poderío estadounidense o incluso la fuerza de voluntad en Siria o en otras partes de la región, es razonable suponer que Rusia e Irán seguirán llevando a cabo su campaña en Siria, culminando con un intercambio casi total de la población, de sunita a chiita. En tal escenario, se espera que un futuro gobierno en Siria profundice su alianza con Rusia e Irán y actúe cada vez más a fin de oponerse a los Estados Unidos y a sus aliados democráticos occidentales.

Sea cual sea el tema, si la guerra en Siria continúa – y no hay señales que sugieran lo contrario – podemos esperar que en el futuro, Siria muy probablemente luzca totalmente diferente demográficamente de como lucia antes de la Primavera Árabe.

 
 
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