Por Israel
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24 Kislev 5778 | martes diciembre 12, 2017
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Contrariamente a Obama, Trump no está obsesionado por donde viven los judíos en Israel.


 

La policía israelí desalojó a los colonos del puesto fronterizo de Amona en Cisjordania el 2 de febrero

Traducción para PorIsrael.org : Marcelo Piwnica

La inquieta fijación en el mundo por donde viven los judíos empezó a arder nuevamente.

El lunes a la tarde, el Parlamento de Israel aprobó una ley autorizando al gobierno a legalizar miles de casas construidas en la Cisjordania, en muchos casos en tierras en donde hay reclamos de propiedad previa. La medida permite a las casas a quedarse, mientras se compensa a los dueños anteriores con la elección de una porción de tierra alternativa o un pago que es igual al 125 por ciento del valor de la tierra.

La nueva ley que creo una fuerte controversia en Israel, es seguro que será rebatida en la Corte. Muchos expertos predicen que el sistema judicial independiente y agresivo israelí va a suspender indefinidamente esta ley. No sería la primera vez que el gobierno de Israel haya perdido un juicio y parece ser que los funcionarios electos del país van a hacer reverencia a la autoridad de la Corte. Hace algunos días, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, siguiendo órdenes de la Corte Suprema, mandó una fuerza de seguridad para remover a cientos de judíos residentes en Amona, una  comunidad sobre una montaña desautorizada, en Cisjordania.

Las historias de los asentamientos israelíes generan invariablemente titulares internacionales que dejan sin aliento, como si fuera algo único y valioso sobre que los judíos y el Estado Judío estén construyendo casas y escuelas para acomodar a una creciente población. Cuando esas casas y esas escuelas se construyen  en Cisjordania y en el este de Jerusalén, una tierra que los judíos recuperaron de Jordania hace 50 años en la Guerra de los Seis Días hay inevitablemente mucho aspaviento sobre la amenaza que proporciona al prospecto de la paz con los palestinos y a la ‘’solución de dos estados’’ que significaría el fin del conflicto.

Actualmente la ‘’solución de los dos estados’’ es una quimera. El objetivo explicito de la Autoridad Palestina y Hamas es la eliminación del Estado Judío y no la construcción  de su contraparte. Esto es porque han rechazado ofertas múltiples de transformarse en estado, porque insisten en que los judíos no pueden vivir en ningún territorio reclamado por los palestinos y porque la Autoridad Palestina observa la venta de tierra a los judíos como un crimen capital que se pena con pena de muerte. Cuando los israelíes renunciaron a la totalidad de la Franja de Gaza y la cedieron al control palestino, los nuevos dueños usaron el territorio NO para desarrollar un pacífico y nuevo Estado de Palestina, sino para lanzar misiles y efectuar raids terroristas en contra del Estado de Israel, el de la puerta de al lado.

Se crea un estado de curiosa locura el concluir de este asunto que todo estaría bien en el Medio Oriente si Israel dejara de agrandar los vecindarios judíos. Esta es la estructura mental de las Naciones Unidas  y de muchos de la comunidad internacional. También fue la estructura mental de la administración de Obama quien rara vez perdió la oportunidad de condenar los asentamientos, yendo tan lejos como fue el facilitar la resolución del Consejo de Seguridad declarando inclusive al este de Jerusalén, que es un barrio judío con mucha historia, como ‘’territorio palestino ocupado’’.

Como crédito a su favor la administración Trump rechaza el paradigma. La plataforma republicana adoptada el último verano no hace referencia al unicornio de  la ‘’solución de dos estados’’  y el embajador de Trump a Israel apoya la expansión de las comunidades judías en el terruño judío. La semana pasada el portavoz de la Casa Blanca, mientras advertía de la cautela en la construcción de nuevos asentamientos, enfatizó que el nuevo presidente y su equipo de Relaciones Exteriores ‘’no creen que la existencia de asentamientos sea un impedimento para la paz’’.

Con bizarría esas palabras fueron tejidas por los medios como una señal que Trump abrazaba la manera de pensar de Obama sobre Israel y los palestinos.

Esa interpretación me cayó como mal encabezada en su cara. Cuando Trump de una cálida bienvenida a Netanyahu, la próxima semana, yo espero que sea  aun más extravagante.

Cualquier cosa puede cambiar, por supuesto, especialmente teniendo en cuenta la volatilidad de Trump. Pero hay evidencia hasta este punto que el congelamiento de Obama contra Israel es un anatema para la nueva administración. El rechazo palestino fue siempre el insuperable impedimento a la paz en Medio Oriente, no el asentamiento judío. Obama nunca pudo reconocer esta verdad elemental. Yo estoy creyendo que Trump no tendrá ese problema.

 

http://www.bostonglobe.com/opinion/unlike-obama-trump-isn-obsessed-with-where-israel-jews-live/FJAWDBYS3waNWTgesgUNrM/story.html

 
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