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Entrevista Con El Fotógrafo David Rubinger, De Bendita Memoria, Fallecido Esta Madrugada en Jerusalem.

David Rubinger, fotografiando la historia y vida de Israel. Parte 1


Publicada en el “Semanario Hebreo” el 12 de mayo del 2016, en el número especial dedicado al aniversario de la Independencia de Israel.

“El fotógrafo del nacimiento de Estado”. Así llamó el ex Presidente de Israel Shimon Peres a David Rubinger, el fotógrafo israelí más internacionalmente conocido. Nacido en 1924 en Viena, Austria, logró dejar su país natal después del Anschluss con Alemania, camino a la Palestina del Mandato Británico. Luchó en la Brigada Judía del ejército británico y pocos años después, casi por casualidad, comenzó a dedicarse a la fotografía. Trabajó primero en “Haolam Haze”, luego en “Yediot Ahronot” y “The Jerusalem Post”, pero su fama internacional la ganó como fotógrafo de la revista “Time-Life”.
Fue el primer fotógrafo en recibir (en 1997) el máximo galardón que otorga el Estado, el Premio Israel. Pero para él, aunque ello le halaga, lo central es que ha dedicado su vida a la gran pasión que le significa sacar fotos. Sobre su trabajo, es esta primera parte. La próxima, la semana que viene, sobre su vida personal: la separación de sus padres, su madre muerta en la Shoá, su matrimonio ficticio que terminó durando 54 años y el asesinato en un atentado, de su segunda compañera.

David, usted ha acompañado la historia del Estado de Israel con su máquina fotográfica, pero creo no exagerar si digo que la foto con la que más se lo identifica es la de los paracaidistas en el Muro de los Lamentos en la guerra de los Seis Días en 1967.

Es cierto, pero se le ha dado una dimensión que no tiene. Se la conoce ahora como la foto de “los paracaidistas llorando”. ¿Acaso alguien llora ahí? Te diré que desde un punto de vista fotográfico, esa toma no vale mucho, pero el público, la gente, la ha convertido en algo especial, atribuyéndole cierta santidad, cierto carácter divino, por el regreso al Muro de los Lamentos.
Lo que la mayor parte de la gente no toma en cuenta es que casi todos los que estábamos junto al Kotel realmente lloramos en ese momento, incluyendo David Rubinger. Yo también lloré ese día. Pero no por lo que la gente cree. La mayoría lloró no por una cuestión religiosa sino por una sensación de temor a la muerte que nos había acompañado. Pensábamos que morirían decenas de miles y súbitamente, seis días más tarde, no sólo que habíamos ganado sino que también éramos los reyes del mundo. Imagínate, una persona que está por ser colgada y antes de colocarle la soga al cuello, alguien viene y le dice que en lugar de eso, mejor lo colocan en un trono.
Eso es lo que le pasó al pueblo de Israel…y creo que eso nos enloqueció. Es por eso que yo lloré cuando saqué la foto. Nos liberamos del miedo de morir.

¿Pero esto significa que usted aquí resta toda importancia al tema del sentimiento al analizar la foto? Yo creo que más allá de lo que usted contó, la foto de la que hablamos refleja sí el sentimiento judío de regreso a un lugar clave de la nación, de su historia…

No es que quito importancia, en absoluto. Pero creo que en ese momento sí había un profundo sentimiento de victoria, una victoria sin precedentes en la historia. Un país pequeño combatió contra los ejércitos de cinco países grandes y en seis días puso fin a la amenaza. Pero el problema es que creo que sólo algunas pocas personas supieron advertir ante la locura que eso desarrolló. Yo mismo no lo hice. También yo estaba muy entusiasmado. Es que después de una victoria así, era muy difícil no entusiasmarse, y más aún porque el día antes pensábamos que estábamos perdidos.

Desde un punto artístico, de todos modos, usted no muere por esa foto…

No. Su composición no es buena.

Tuvo que tirarse al piso para tomarla ¿Verdad?

Es que no había lugar para moverse. Si quería tomar algo de la altura del Muro de los Lamentos, indefectiblemente tenía que hacerlo desde el piso, acostado, y enfocando hacia arriba. Así que eso es lo que hice. Fue solamente una cuestión técnica.


TOCANDO LA HISTORIA

¿Está orgulloso de su trabajo?

De mi éxito profesional, ya que me dediqué a una profesión en la que el límite entre ser un fotógrafo de prensa y un paparazzi puede ser muy fino, y yo logré no cruzarlo. Una vez, cuando Arik Sharon era Primer Ministro, yo estaba en una habitación en la que no debía estar..y de repente uno de sus asesores dice “Arik acá no podemos hablar libremente” y me señala. Arik me mira y responde: “Vamos…a Rubinger lo conozco y confío en él. Sé que no vota por mí”. Ese fue un gran elogio para mí porque me respetaba y eso uno se lo gana.
Sabía que era decente, que no iba a estar buscando cosas sucias para publicar, para molestar.
Exactamente. Y fue por esa confianza que se genera, que logré fotos especiales. Si pude tener a Golda Meir dándole de comer a su nieto, mientras yo estoy sentado debajo de la mesa y tomo una foto hacia arriba y allí ella aparece como una idishe mame empujándole la cucharita en la boca, no es porque haya golpeado la puerta y haya dicho “señora Canciller, quisiera sacarle una foto alimentando a su nieto”. Eso no funciona así. Eso pasa cuando Life me manda por doce días de trabajo a estar con Golda, y al final, reciben esa foto. Claro que es algo que sale mucho dinero y no todos pueden hacerlo. Lamentablemente, los diarios hoy en día no se pueden permitir algo así. Y yo tuve la gran suerte de que en mi generación, fue posible. El dinero no era un obstáculo, se podía trabajar bien.

Usted estuvo en contacto directo con los gigantes, con la generación fundadora del Estado..Conoció a David Ben Gurion

Así es. Y me temblaban las rodillas cuando iba a entrar a su despacho por primera vez. Era otra época. Tengo presente, realmente, cómo estaba temblando yo en la oficina de Ben Gurion. Éramos unos cuatro o cinco fotógrafos. Fue en el año 50, así que en ese momento yo tenía 26 ó 27 años. A Ben Gurion yo no lo había visto antes de la Independencia de Israel, porque él estaba en Tel Aviv y yo en la Jerusalem sitiada. Lo vi cuando fue a la Agencia Judía en Jerusalem a la primera reunión del gabinete y allí le tomé una foto.

Me imagino que le temblaban las rodillas porque tenía claro lo que él simbolizaba. Luego ¿Confirmó la lógica de esa emoción?

Hoy lo vería con ojos más críticos pero claro que justificaba..Tenía sus defectos, claro está, pero era un símbolo justificadamente.

Hablando de símbolos, otra de sus grandes fotos fue la de niños judíos celebrando la votación en la ONU en favor de la partición de Palestina, el 29 de noviembre de 1947.

Así es, trepados a un blindado de la policía británica en Jerusalem. Todavía era el Mandato Británico. De noche fue la resolución en la ONU y todos salieron a la calle, bailaron. A la mañana siguiente, yo estaba en la calle central King George, esquina Hillel, y de repente llegó un blindado británico con un montón de chicos arriba. Se treparon y el conductor, un soldado británico, no tuvo qué hacer.

¿Qué foto de las que ha tomado, le emocionó más?
Mirando hacia atrás, creo que diría la foto de Begin y Sadat, en la que Sadat le dice algo al oído a Begin. Refleja una gran intimidad. Me emociona. Dos líderes, luego de cuatro guerras entre sus países, en un momento así..Digamos que da esperanza..Quizás no todo esté perdido.

Le iba a decir que seguramente lo que le emociona es el significado de ese encuentro, que la foto perpetuó al plasmar la imagen.

Por supuesto. La verdad que la foto misma también fue lo que llamamos un scoop. Y también esta foto la recibí por las buenas relaciones personales que había desarrollado con los protagonistas, concretamente con Menajem Begin. La tomé en Aswan, Egipto. Begin estaba de visita y él y Sadat estaban encerrados en una pieza, mientras todos los periodistas estábamos afuera esperando que ellos salgan y digan algo. De repente se me acercó el edecán militar de Begin, Brigadier General “Froike” Poran, sacó de un bolsillo la llave de su habitación, me la entregó y me dijo, casi en susurro: “lleva la llave de mi pieza, sube, desde allí tendrás una linda vista”.

EL ROL DE UNA BUENA FOTO
¿Qué es para usted una buena foto?
Para mí, ante todo, una buena en general es en blanco y negro. Al menos yo lo prefiero así. Una buena foto es aquella en la que no hay nada que no debe estar allí. Nada. No es algo que se consigue siempre.

 

¿Usted quiere transmitir un mensaje con sus fotos? ¿Ese debe ser un rol de la foto?

No creo que ese sea mi papel. Para eso está el redactor del diario. Esto me hace recordar algo que me escribió el editor fotográfico en mi libro: “David, que veas siempre en cada foto que tomas, un primer borrador de la historia”. Y esto me lleva a comentarte que un buen archivo de fotos debe estar armado en base no a lo que es importante hoy sino a lo que puede ser importante dentro de cien años. Por eso, cada foto es importante. Yo no sé qué pasa en el futuro con cada objeto fotografiado. La única foto no importante, es la que uno no toma.

¿Esto es así, también porque en un país como Israel, con tantos momentos fuertes en el diario vivir, no solamente los grandes de la nación son importantes? Usted me había comentado antes que tomó una foto al barrendero de la calle y que no puede saber qué pasa con él más adelante.

Creo que no soy yo el que debe elegir porque en ese caso estoy pecando con la historia. Claro que siempre trato de tomar fotos importantes pero creo que no hay que pensar en tomar fotos solamente para el diario de mañana, ni Yediot Ahronot ni Time. Y debo ser sincero, de fondo, si no saco fotos, creo que quizás el sol no sale mañana.

Pero más allá de sus deseos de sacar fotos, no puedo creer que en el momento mismo no hubo o no hay cosas que le dejan la clara sensación de que está perpetuando una imagen histórica.

Claro…si tomaba una foto del Día de la Independencia, o a Ben Gurion, o a Begin haciendo la venia..Claro que comprendía que eran cosas importantes. Pero desde el punto de vista de la fotografía en sí, trato de buscar un buen ángulo y de garantizar que la foto sea buena. Además, hay que ser fiel a la realidad, sin poses. Estuve en aperturas de la Knesset, en eventos muy importantes desde un punto de vista nacional, y no creo que me haya sentido distinto que en otras situaciones. 

¿Qué sentimientos ha albergado mientras sacaba fotos?

Todos los sentimientos humanos. Curiosidad, miedo…sí, siempre he sentido miedo en guerras por ejemplo. Es el lugar en el que uno siente miedo, claro…Y yo no soy ningún héroe, nunca lo fui. ¿Quién no teme por su vida? Solamente un idiota. Sé que hubo quienes se tiraron sobre una granada para salvar a otros. Sinceramente, yo no lo entiendo. Me impactan, pero mentiría si diría que yo sería capaz de hacerlo.

IMPOSIBLE ABURRIRSE

¿Se le ocurre otro lugar del mundo que sea más interesante que Israel para ser fotógrafo?

La verdad que no. Siempre hay algo que se está encargando que tengamos problemas. Me parece a veces que si no hay una catástrofe diaria, Israel no puede vivir. Hace unos meses, recuerdo los informes sobre la nieve que se venía, todo con gran drama.

Pero no es eso siempre lo que reflejan sus fotos.

Es cierto, no lo es. Hay cosas muy positivas aquí para fotografiar. Mira esta foto…un niño “mirando” el mapa de Israel con sus dedos, es un mapa en relieve…ve su patria con sus dedos. La saqué hace unos 15 años.

Es un niño ciego.

Hoy es uno de los mejores afinadores de pianos del país. Precisamente por ser ciego, se destaca en eso.
Desarrolló más su oído..Impresionante. Aunque suene un poco banal y poco original ¿Hay alguna foto que siente que le falta, que le gustaría tomar?

¡Qué pregunta! Me como el alma que no estuve aquel sábado en Tel Aviv cuando Rabin fue asesinado. No que yo podría haber hecho algo, claro está..Habría estado detrás de la cuerda, como todos los fotógrafos. Pero yo no fui porque era sábado y Time cerraba su edición el viernes de noche o sea que una foto del sábado, en el mejor de los casos, entraría diez días más tarde. Le dije una vez al jefe de la unidad de guardaespaldas del Servicio Secreto: la tragedia fue que Yigal Amir, el asesino, no tenía una máquina de fotos porque en ese caso Rabin estaría vivo, ya que enseguida le habrían dicho “párese detrás de la cuerda”.

Todo cambió mucho para la prensa desde entonces. Las medidas de seguridad se convirtieron en una pesadilla.

Antes yo podía entrar a la oficina del Primer Ministro con facilidad. También a lo de Begin, subía al primer piso con el carné de prensa y tocaba a la puerta. Hoy no llego ni a una distancia grande. Ni siquiera a la calle misma de la residencia oficial se puede ir así nomás, hay que cruzar a la vereda de enfrente.

RECONOCIMIENTO Y ÉXITO
David, usted fue el primer fotógrafo que recibió el Premio Israel, el máximo galardón que otorga el Estado. ¿Pero diría que su éxito es haber dedicado su vida a algo que le gusta tanto? Aunque claro que los reconocimientos formales tienen su importancia.

Quien te diga que no se siente orgulloso cuando lo elogian o lo reconocen, miente.

¿Y cómo explica usted su éxito?

Suerte. Hay miles de fotógrafos mejores que yo. En toda profesión se necesita cierto talento. Para ser carpintero, escultor, lo que sea. Si medimos el mío, creo que el promedio sería 60%, un poco por encima del promedio. Quizás un 75%. Pero entre el 75% y el éxito, todo depende de la suerte. Yo he tenido suerte y además, mucho empuje por ser exitoso. La verdad, la dedicación y entrega a la profesión, son claves. A veces me pregunto qué habría pasado si no me hubieran regalado aquella primera cámara de fotos en París.

¿Qué habría sido entonces?

Creo, por mi carácter, que si hubiera tenido que construir carreteras con piedras, lo habría hecho bien. Lo que sea, probablemente carpintero, lo cual siempre me encantó, pero bien. Y si hubiera tenido que barrer calles, habría estado orgulloso de hacerlo bien.

O sea que un consejo para la vida, no sólo para fotógrafos principiantes, es estar enamorado de lo que uno hace…

Sí, así es. Y ver en ello una especie de misión que uno se levanta de mañana y quiere cumplir. Quien se levanta de mañana y está ansioso por empezar a hacer lo que va a hacer, es feliz. Desgraciado es quien se espera ansioso todo el día que termine su jornada laboral.

¿Qué más le puedo decir, además de desearle vida y salud hasta los 120?

Mejor 119, así en la matzeivá (lápida) dice “murió antes de tiempo”.

(Continuará)

 

 
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