Por Israel
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7 Kislev 5778 | sábado noviembre 25, 2017
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A vueltas con el ataque de EEUU en Siria


La Administración Trump está teniendo un arranque farragoso. Ahí está la derrota en el asunto del Obamacare; la designación de personal en los departamentos está siendo demasiado lenta; el asesor sobre Seguridad Nacional duró sólo tres semanas; ha habido claras luchas internas entre el personal de la Casa Blanca; y desde luego ha habido demasiados tuits.

El periodo de rodaje de 75 días acaba de terminar, y en realidad es ahora cuando se puede decir que ha comenzado la Administración Trump. El presidente lleva ejerciendo su cargo desde el 20 de enero, pero la semana pasada actuó también como comandante en jefe. Es más: por fin ha aceptado el papel de Líder del Mundo Libre.

Esto no se esperaba: había dicho públicamente, durante la campaña, que este tipo de función de liderazgo global era demasiado cara. Estábamos cansados de ello, cansados de que los demás se aprovechen de nosotros. No podíamos resolver todos los problemas del mundo.

Pero el ataque en Siria atañe esencialmente a ese tipo de liderazgo global: hacer respetar laprohibición centenaria de la guerra química en aras de la decencia y la paz. Trump terminó sus declaración con palabras que muchos de sus predecesores, desde Wilson a Roosevelt y desde Kennedy a Reagan, podrían haber pronunciado: “Si Estados Unidos defiende la justicia, al final prevalecerán la paz y la armonía”.

Al explicar el ataque, el secretario de Estado, Rex Tillerson, señaló un claro objetivo de seguridad: “Si hay armas de esta naturaleza en Siria, hemos de asegurarnos de que no caigan en manos de quienes podrían llevarlas hasta nuestras costas para atentar contra ciudadanos estadounidenses”. Pero después añadió: “Es importante que se emprendan algunas acciones en nombre de la comunidad internacional para dejar claro que el uso de armas químicas sigue siendo una violación de las normas internacionales”. La expresión “en nombre de la comunidad internacional” no es ciertamente una que le hayamos escuchado antes a la Administración Trump.

Este ataque salvará vidas: en Siria, evitando que Asad se atreva a volver a usar armamento químico; y en futuros conflictos, cuando el bando que vaya perdiendo tenga la tentación de usar armas químicas, se lo pensará dos veces y no lo hará. Trump salvó más vidas en Siria con su acción del jueves pasado que Obama en todos sus años en la presidencia.

El golpe tendrá consecuencias de mayor alcance. Se llevó a cabo mientras el presidente chino Xi estaba con Trump en la Florida. Sin duda, esta nueva imagen del presidente, dispuesto a actuar, influirá en sus conversaciones sobre Corea del Norte. Vladímir Putin reconsiderará sus relaciones con EEUU, y se dará cuenta de que los años de pasividad de Obama han terminado definitivamente. Los aliados y los amigos serán aclamados, mientras que los enemigos se darán cuenta de que los tiempos han cambiado. La próxima vez que a los iraníes se les ocurra merodear alrededor de un barco estadounidense en el Golfo, tal vez se lo piensen mejor.

Por supuesto, era una tarea fácil en términos militares: unas pocas decenas de misiles contra una base aérea. Sin embargo, nuestro anterior presidente se negó a hacerlo. Trump sí ha actuado. No se dejó amilanar por las preocupaciones acerca de la posible reacción de Rusia. Entendió que no pondría fin a la guerra en Siria, pero lo hizo de todos modos. Estaba dispuesto a actuar solo, sin exigir una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU o una votación en el Congreso. Y, por supuesto, el liderazgo tiene su recompensa: tendrá más apoyo de los dos partidos en el Capitolio.

De ahora en adelante, cuando hable de las condiciones y exigencias de EEUU, y de intereses y deseos, se le prestará más atención. Los Gobiernos extranjeros llevan desde el 8 de noviembre tratando de descifrar sus intenciones. La semana pasada les dio mucho para pensar. Asumió el mando y dictó órdenes. No trazó una línea roja y después la retiró, sino que dijo que los actos de Asad habían sido intolerables –esa palabra trillada– y después procedió a demostrar que, cuando dice “intolerables”, lo dice de verdad.

La decisión de Trump podría abrir una oportunidad a las negociaciones sobre Siria. Nunca ha habido conversaciones formales, porque uno nunca puede lograr en una mesa de reuniones lo que no ha logrado en el campo de batalla. Pero el campo de batalla es ahora ligeramente distinto; tal vez valga la pena intentarlo. Trump tiene razón al decir que hubo otras oportunidades en Siria y que ha heredado un caos, pero tal vez se pueda alcanzar algún tipo de alto el fuego o tregua real este año. Sin duda, Trump ha hecho crecer esa probabilidad.

Obviamente, el presidente no ha resuelto el problema de la guerra en Siria; ni el del ISIS, o el de Al Qaeda, o el del ascenso de China, o el del Irán agresivo y la Rusia hostil. Naturalmente que no. Además, podría vacilar en los próximos meses, y llevar a los analistas a preguntarse si el ataque en Siria fue una respuesta emocional puntual a un ataque con gas sarín.

Pero nos ha vuelto a poner en el mapa de una nueva manera; ha creado un cierto espacio nuevo. Consideremos la alternativa: Siria usa gas sarín y mata a bebés, nos derrota y se ríe de las decisiones unánimes del Consejo de Seguridad y de sus propios compromisos, y nosotros no hacemos nada. Esa sería una situación mucho peor para Estados Unidos. Cuando el presidente dijo: “Atañe a los intereses vitales de la seguridad nacional de los Estados Unidos impedir la difusión y el uso de armamento químico”, tenía razón. También es vital para nuestros intereses de seguridad nacional defender la justicia, la paz y la libertad, y parece que Trump ha acabado entendiéndolo. Eso es lo más alentador de todo.

© Versión original (en inglés): The Weekly Standard
© Versión en español: Revista El Medio

 
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