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29 Elul 5777 | Miércoles Septiembre 20, 2017
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MITO: Los judíos son usureros


MITO: Los judíos son usureros

VERDAD: Uno de los pecados más graves que puede cometer un judío es la usura, hasta tal punto que los sabios judíos han dicho que el usurero no tendrá parte en la Resurrección de los Muertos en los tiempos mesiánicos, porque es peor que un asesino. Es más, la prohibición de usura llega a extremos tales que si alguien va a un conocido y le pide un préstamo y éste se lo da, si hasta ese momento lo saludaba con una simple inclinación de cabeza, a partir de ese momento debe abstenerse de darle la mano o saludarlo en forma mas efusiva, pues es considerado como una especie de interés.

Sin embargo uno de los mitos más comunes es el del judío usurero. ¿De dónde viene esta imagen del judío?

Hasta el año 1179 los judíos de Europa poseían tierras (Rashi, el gran exegeta bíblico, por ejemplo, poseía viñedos), practicaban profesiones como la medicina, enseñaban en universidades, poseían viviendas y depósitos para alquilar, y por supuesto tenían sirvientes.

Pero en ese año el Papa Alejandro III convocó el Tercer Concilio de Letrán, que entre varios temas, se ocupó de los judíos. Una serie de prohibiciones y restricciones cayeron sobre ellos.

Ya no podían poseer tierras ni edificios para alquilar, no podían ejercer profesiones liberales ni enseñar en universidades, debían usar ropas especiales, no podían tener servidumbre cristiana y debían vivir en barrios especiales. Y como corolario, sólo se les permitió ejercer dos profesiones para ganarse la vida: compraventa de ropa usada y… ¡préstamos a usura! Actividad que la Iglesia prohibía a sus fieles. Pero era la Iglesia la que fijaba la tasa de interés, y el judío estaba obligado a pagar a la Iglesia el diezmo de sus ganancias.

¿Quiénes eran los principales clientes de los judíos? Reyes, nobles, miembros del alto clero, las grandes corporaciones mercantiles y los gremios de las nacientes burguesías.

Por supuesto que estos personajes firmaban documentos reconociendo las deudas y daban objetos en prenda (inclusive objetos de las iglesias, como cálices, cruces de metales preciosos, etc.) ¿Qué ocurría si estos personajes no podían pagar sus deudas con los judíos? Simplemente desataban un pogromo y en medio de la matanza recuperaban los documentos firmados, previo asesinato del acreedor.

A comienzos del Renacimiento surgió una competencia para los prestamistas judíos, los prestamistas lombardos (banqueros de Lombardía, cristianos), pero sin embargo los prestamistas judíos siguieron siendo los preferidos… ¡¡¡Porque la tasa de interés de los judíos era muy inferior a la de los lombardos!!!

Estos prestamistas judíos comenzaron a operar como bancos, aprovechando sus contactos con sus correligionarios de toda Europa, trabajando en sociedad. En ocasiones algún noble o un poderoso comerciante debían ir a determinada ciudad para adquirir bienes o tierras. En esos tiempos los caminos no eran seguros y más cuando se viajaba con una gran suma de dinero, y los judíos hallaron la solución: El viajero depositaba en la casa del judío su dinero y el judío le entregaba un comprobante en el que constaba la suma depositada. El viajero, al llegar a destino, se dirigía al domicilio de determinado judío con el comprobante y recibía el dinero en efectivo, previo descuento de una pequeña comisión (así nació el cheque).

Tras la Revolución Francesa la situación de los judíos europeos cambió radicalmente, ya pudieron estudiar, ejercer profesiones diversas, poseer tierras, inclusive algunos obtuvieron títulos de nobleza, pero la imagen del judío usurero continúa siendo explotada por los antisemitas.

 

 
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