Por Israel
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7 Kislev 5778 | sábado noviembre 25, 2017
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MITO: La Conspiración Judeo-Masónico-Comunista-Internacional


MITO: La Conspiración Judeo-Masónico-Comunista-Internacional, a veces simplificada como conspiración judeomasónica, es la denominación que se le da a la planificación extraoficial de origen israelita cuyo fin es el control político global e internacional.

Para este objetivo las organizaciones del sionismo internacionalista crearon dos organismos ideológicos:

El comunismo o marxismo y derivaciones. Todos los teóricos e ideólogos del comunismo o el anarquismo eran judíos o descendientes directos de judíos y, la mayoría, iniciados en la masonería.

La masonería. A veces denominada como judaísmo ecléctico, sus ritos, símbolos, grados y palabras de paso tienen un evidente origen judío.

 

VERDAD: Este puede decirse que es un derivado de todas las teorías conspirativas que desembocaron en la publicación de “los Protocolos de los Sabios de Sión”.

La conspiración judeo-masónico-comunista-internacional, a veces denominada conspiración judeo-masónico-marxista-internacional, contubernio judeo-masónico-comunista, es el nombre que se le da a una supuesta coalición secreta de la que formarían parte los judíos, la masonería y el comunismo; que pretenderían un fin oscuro (de una u otra forma, el dominio del mundo). El término se construye con la adición de la capacidad revolucionaria del comunismo a la tesis del siglo XIX de la conspiración judeomasónica o de la fusión de esa tesis con la del siglo XX del judeo-bolchevismo.

En la época contemporánea, esta supuesta «conspiración» de la que no se tienen pruebas que la sustenten es y ha sido ampliamente utilizada como instrumento político por grupos conservadores, monárquicos, ultra católicos, racistas, reaccionarios y fascistas para desprestigiar, difamar y estigmatizar a la izquierda política y también justificar actuaciones antisemitas o persecuciones políticas.

Desde la divulgación de los Protocolos de los Sabios de Sion, estas teorías conspirativas se fueron haciendo cada vez más complejas. El hecho de que Karl Marx naciera en una familia de origen judío, junto a la procedencia judía de destacados líderes comunistas, permitió añadir a la conspiración a los movimientos obreros, participantes de su ideología.

La masonería había sido objeto de condenas papales desde el siglo XVIII (véase condenas religiosas de la masonería), y su papel en la gestación de las denominadas revoluciones liberales, sobre todo las de los primeros ciclos (Independencia de los Estados Unidos, Revolución Francesa, revoluciones de 1820), era objeto de controversia. Su condición de sociedad secreta excitaba la imaginación, propicia a todo tipo de fantasías en la época romántica.

El Caso Dreyfus suscitó en la Tercera República Francesa la división enconada de la opinión pública y los grupos políticos e intelectuales. Particularmente, grupos reaccionarios monárquicos y ultra católicos como la Action Française (Acción Francesa) de Charles Maurras y otros comenzaron a estigmatizar como elementos anti franceses a judíos, izquierdistas y masones, presentándolos en connivencia con potencias extranjeras (en ese caso Alemania). Quedó demostrada la capacidad movilizadora de estas ideas en una sociedad industrial, gracias en buena medida a su amplificación y difusión por los medios de comunicación (en ese momento la prensa, a la que se añadirá el cine y la radio en el primer tercio del siglo xx).

Para la adición del comunismo internacional habrá que esperar a la Revolución de Octubre y a los rusos blancos exiliados.

Esta teoría sostiene que:

“Dentro de las teorías seudo científicas que intentan explicar el origen del antisemitismo y cuya teoría más difundida es la teoría del chivo expiatorio, se llega a señalar con incomprensión que ningún otro grupo de personas en el mundo ha sido simultáneamente acusado de cosas tan contradictorias entre sí como:

Alienación de la sociedad, por un lado y cosmopolitismo, por otro.

Ser explotadores capitalistas y agentes de las finanzas internacionales, y a la vez de ser agitadores revolucionarios.

Actuar como agresores militantes, pero ser pacifistas cobardes.

Adherirse a una religión y ser agentes del modernismo, el materialismo y el ateísmo.

Mantener una ley rígida mientras son moralmente decadentes.

Enfatizar el individualismo y al mismo tiempo tener una consciencia común.

Preservar su propia raza evitando la mezcla racial con otros pueblos y al mismo tiempo promover el mestizaje.

Denunciar violencia antisemita por un lado y fomentar el antisemitismo como forma de victimización”.

Todas estas características contradictorias atribuidas al judío sirven para diversos fines, por ejemplo, para el reaccionario el judío es un masón y comunista, y para el revolucionario el judío es un reaccionario capitalista.

 

“Lo que no se ha comprendido, siguiendo la vasta evidencia de ello, es que para los que están “detrás del telón” hay una doctrina propia, que guardan celosamente para sus congéneres, y otra doctrina, subversiva, que debe ser promovida a los gentiles como recurso para desmoralizarlos, para despojarles de su carácter, de su cohesión, de su unidad, de su identidad, para dividirlos y vencerlos.

La estrategia ha mantenido siempre sus características fundamentales:

Abolición de toda autoridad no avalada.

Abolición de la propiedad privada.

Abolición de las clases sociales.

Destrucción de los conceptos de raza, nacionalismo y patriotismo.

Abolición del concepto de la familia tradicional y clásica.

Promoción del ateísmo y posturas antirreligiosas.

La época de la Ilustración, caracterizada por el avance en el pensamiento científico y la positiva superación del oscurantismo y la superstición, facilitó cuestionar aquellos conceptos antiguos o tradicionales de fundamento religioso, viéndose así debilitado el concepto del mandato monárquico por derecho divino, lo que constituyó una oportunidad decisiva para establecer un nuevo régimen”.

Lo que no dicen es que todos esos conceptos cayeron simplemente porque los que los sostenían estaban completamente corrompidos y que las masas estaban cada vez más oprimidas por un sistema que concentraba en manos de unos pocos todas las riquezas (basta con ver la situación del pueblo en la Rusia zarista).

 

También sostienen:

“Se necesitaba la elaboración de teorías complicadas, con apariencia científica y astutamente presentadas para engañar a todo el mundo no-judío, principalmente a las masas analfabetas de la clase baja que finalmente serían la materia prima y motor de dichas teorías, sin que se advirtiera que todas ellas no tenían ninguna base realista y que eran impracticables.

 

Theodor Herzl, el fundador del sionismo, ya había advertido antes del triunfo de la revolución marxista:

“Somos una nación, un pueblo… Cuando los judíos nos hundamos, seremos revolucionarios, seremos los suboficiales de los partidos revolucionarios. Al elevarnos nosotros subirá también el inmarcesible poder del dinero judío”.

(Theodor Herzl “El Estado Judío”).

Cita totalmente falsa.

“Son innumerables las huellas que los judíos dejaron en la preparación y consumación de la Revolución bolchevique, pero por uno u otro motivo la difusión de estos hechos ha sido tan lenta y fragmentaria que generalmente suenan a inverosímiles o fantásticos cuando se les conoce en toda su magnitud.

Muchos son los testimonios que de forma completamente independiente, confirman que detrás del movimiento bolchevique, se encuentra un plan de hegemonía judaica.

Por otra parte, los iniciadores del marxismo en Rusia tuvieron gran apoyo financiero de sus compatriotas y correligionarios en el extranjero”.

Esto es cierto, dado que Lenin, agente del Imperio Alemán llegó en un tren alemán con dinero alemán para derrocar al gobierno socialdemócrata de Kerensky, que era partidario de continuar la guerra junto a los aliados, y firmar la paz (cosa que ocurrio en 1917 en Brest Litovsk, por lo que Alemania tuvo las manos libres en el este europeo y pudo volcar todo su esfuerzo en el oeste).

Por supuesto que estas teorías fueron y son utilizadas profusamente por todos los sectores antisemitas, desde la Alemania nazi hasta el régimen teocrático iraní.

Es más, para agregar “credibilidad”, se habla del origen judío de los dirigentes de la revolución comunista. Incluyendo en la lista a Lenin, Kerensky, Stalin, Andropov, Yagoda, Beria, Molotov, etc.

Por otra parte, siguiendo esta línea conspirativa se afirma que:

“Desde el grado tercero de la masonería se le da a conocer al adepto el significado del rito representado por la leyenda de Hiram Abif, el arquitecto del Templo de Salomón quien muere a manos de tres compañeros conocidos como Jubelás, Jubelós y Jubelum. Estos nombres son designaciones simbólicas para la Ley, la Propiedad y la Religión. De modo que se planea simbólicamente la lucha contra estos elementos incorporados a la civilización occidental que obstaculizan gravemente la labor judaica.

“En 1860, el español Vicente de la Fuente había escrito sobre el origen de la francmasonería:

“En efecto: desde el siglo primero de la Iglesia existe una sociedad maldita con la execración de Dios, semejante a Satanás en su caída, en la privación de sus antiguas preeminencias, en el destierro perpetuo de su patria, en el deseo de venganza, en el odio encubierto a todo principio de autoridad legítima, en aborrecer a todos y ser de todos aborrecida. Esa sociedad proscrita en todas partes, y que en todas partes se halla sin patria; que varias veces ha querido constituir nacionalidad y nunca lo ha logrado; que en tal concepto desprecia las ideas de nacionalidad y de patria, sustituyéndolas con un frío y escéptico cosmopolitismo, esa tiene la clave de la francmasonería. El calendario, los ritos, los mitos, las denominaciones de varios objetos suyos, todos son tomados precisamente de esa sociedad proscrita: el judaísmo.

“Pero ¿cómo han de confesar los francmasones que su origen es judaico, y que por espacio de mucho tiempo han sido unos dóciles instrumentos de los judíos, a quienes parecían avasallar? Esto los rebajaba en el concepto público, y la francmasonería es altamente orgullosa. Combatiendo a la aristocracia, al monopolio y al privilegio, la francmasonería aspira a enlazarse con los templarios y hacer prosélitos entre los príncipes y las clases nobles, y pretende monopolizar el gobierno para repartir los destinos entre sus adeptos y crearse así un poder formidable, que degenera en verdadera tiranía contra los profanos.

“La francmasonería en su principio es una institución peculiar de los judíos, hija del estado en que vivían, creada por ellos para reconocerse, apoyarse y entenderse sin ser sorprendidos en sus secretos, buscarse auxiliares poderosos en todos los países, atraer a sí a todos los descontentos políticos, proteger a todos los enemigos del cristianismo.

Es público que todos los periódicos más revolucionarios e impíos de Europa están comprados por los judíos, o reciben subvenciones de ellos y de sus poderosos banqueros, los cuales a la vez son francmasones.

“Una de las consecuencias de la Revolución Francesa, planeada e instigada por los francmasones, fue la enunciación de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, la cual condujo a la concesión de la libertad e igualdad ciudadana para los judíos en la sociedad europea. Con estos derechos, se abrieron las puertas a los judíos, quienes desde entonces podrían maniobrar con mayor facilidad desde la burocracia para concretar sus fines, sin los obstáculos anteriores que representaban para ellos la monarquía y el clero”.

Como vemos, siempre el tema del secreto, de la conspiración, del interés demoníaco del judío por el dominio mundial, es el caballito de batalla no sólo de aquellos que hacen del antisemitismo una bandera, sino de aquellos que necesitan de un chivo expiatorio para ocultar sus fracasos como dirigentes.

Y son estas mismas teorías conspirativas las que condujeron a los pogromos en Rusia, al Holocausto y a la violencia del terrorismo islámico contra el pueblo judío

 
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