Por Israel
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6 Kislev 5778 | viernes noviembre 24, 2017
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72 horas con Rivlin


La visita oficial de tres días del presidente de Israel, Reuven Rivlin, a España fue intensa y muy positiva, revestida con los más altos honores. Las calles de Madrid estuvieron engalanadas con las banderas de Israel y España, así como los palacios reales de Oriente y El Pardo. Los Reyes y el Gobierno brindaron a Rivlin una acogida excepcional, y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, entregó al jefe del Estado israelí las llaves de la capital. Durante esta histórica visita –la primera oficial de un presidente de Israel desde 1992–, los judíos españoles también acogieron calurosa y afectuosamente a Rivlin y a su esposa, Nejama.

Con las comunidades judías

El domingo, recién aterrizado en Barajas, el presidente Rivlin fue saludado en el palacio de El Pardo por la judería española. El encuentro estuvo marcado por la mutua admiración y la cordialidad, por esa conexión indisoluble entre los judíos e Israel; por la sensación de compartir, en muchos aspectos, un destino común. Rivlin hizo hincapié en el estrecho lazo que une a las comunidades judías de la Diáspora con el Estado de Israel, e Isaac Querub, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), le transmitió que los judíos españoles tienen la palabra Israel escrita en sus corazones. Querub hizo además un llamamiento a la unidad de todos los judíos en estos tiempos inciertos. Posteriormente, en un acto emotivo y hermoso, Rivlin fue al colegio judío de Madrid Estrella Toledano, donde fue agasajado por alumnos, padres y miembros de la comunidad judía. Rivlin felicitó a la Comunidad Judía de Madrid (CJM) por su centenario y el presidente de la misma, David Hatchwell, hizo énfasis en el fuerte activismo sionista de la CJM, así como en el papel que ha desempeñado la organización ACOM en el fortalecimiento de las relaciones España-Israel.

Visita de Estado

El día siguiente fue el de la majestuosidad propia de las visitas de Estado. En el Palacio de Oriente, el preceptivo desfile castrense, las salvas de honor, la ejecución de los himnos nacionales y la bienvenida oficial de los Reyes al presidente Rivlin y a su mujer, que por problemas de salud cargó todo el tiempo con un dispensador de oxígeno.

Posteriormente, Rivlin acudió al Ayuntamiento de Madrid y, en una atmósfera cordial, la alcaldesa Carmena le entregó las llaves de la ciudad. Es sabida y notoria la línea de pensamiento del Gobierno de la capital en lo referente al conflicto entre israelíes y palestinos, por eso mismo el gesto sobrepasó el simbolismo y dejó patente que no todo está perdido en la izquierda española cuando Israel entra en escena. Aun así, Podemos utilizó la visita del presidente Rivlin para, una vez más, colarse en la lista de trending topics de Twitter.

Por la noche, cena de Estado. El Palacio de Oriente se vistió de gala para recibir a Rivlin y a su séquito –del que formaban parte los líderes de las comunidades religiosas de Israel–. El presidente y la vicepresidenta del Gobierno, los presidentes del Congreso y del Senado, el presidente del Tribunal Supremo, el Jemad, la presidenta de la Comunidad de Madrid, la alcaldesa de Madrid y un largo etcétera de autoridades asistieron a una cena signada por el esplendor, la elegancia y la concordia. El discurso de Rivlin, en hebreo, fue precedido por unas palabras en inglés fuera de guión: “Para nosotros, España es un [solo] país y el Rey, símbolo de esa unidad”, dijo entonces. También habló de la especial sensibilidad de la Casa Real española para con los sefardíes, ya mostrada por Alfonso XIII durante la Primera Guerra Mundial. Felipe VI, por su parte, recordó las últimas iniciativas legislativas que ha aprobado el Parlamento español en lo relativo a la concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España, a la penalización de la negación del Holocausto y a la integración del estudio del Holocausto en los planes de estudio de Primaria y Secundaria –iniciativas promovidas por la FCJE–. El Rey repitió las palabras, ya célebres, que dedicó en su día a la ley de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes: “¡Cuánto os hemos echado de menos!”, y terminó su discurso deseando la paz para Israel y para los palestinos en el marco de una solución de dos Estados.

“España es una nación”

El martes, en la sede de la CEOE, Rivlin presidió un encuentro entre empresarios israelíes y españoles auspiciado por la Misión Económico-Comercial de la embajada de Israel en España. Ambos países gozan del mayor nivel de intercambio comercial desde que establecieron relaciones diplomáticas, y todo indica que seguirá creciendo. Después, Rivlin se dirigió a la antigua Sala de Sesiones del Senado. Con el buen humor y la jovialidad que le caracterizan, su discurso incidió en lo que une a España y a Israel, y fue muy aplaudido por sus señorías. Rivlin volvió a ser claro en el Senado: “España es un Estado. Una nación”. Afuera, encabezado por Ramón Espinar, se concentraba un grupo de individuos para protestar por las detenciones de menores que lleva a cabo el Ejército israelí. Eran pocos, apenas alcanzaban a sujetar la bandera palestina que lucían en señal de desacuerdo con la visita oficial del jefe del Estado de Israel.

A mediodía, Rivlin y su séquito tenían programado un almuerzo con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la Moncloa. La misma línea de cordialidad y entendimiento. Pero la visita que Rivlin más ansiaba aún estaba por llegar: el Santiago Bernabéu. Seguidor incondicional del Real Madrid, Rivlin pudo hacer unas picaditas en el césped junto al presidente del equipo merengue, Florentino Pérez.

Por la noche, el cierre de la visita oficial en El Pardo. En un ambiente menos formal que en el Palacio de Oriente, sonaron a un volumen excesivo canciones judías y españolas mientras los invitados intentaban hablar y hacerse fotos con las autoridades invitadas. Rivlin seguía rebosando simpatía, y el Felipe VI, disfrutando de la popularidad que se ha ganado a pulso estos últimos dos meses, llenaba con su presencia toda la sala. La reina Letizia, tal como han señalado los medios, estuvo pendiente de Nejama en todo momento.

Toledo fue la visita final del viaje. El esplendor de la ciudad, que evoca la época más esplendorosa de Sefarad, emocionaron al presidente Rivlin. En el libro de visitas del Museo Sefardí dejó escrito: “Por la paz en Jerusalén y por que prospere el amor”.

Un presidente activo

Los presidentes de Israel son figuras que tienen una función representativa, como los reyes de España o los de Inglaterra. Mediar, mantener la compostura ante las disputas políticas, representar al Estado de forma aséptica y servir como equilibrio necesario ante posibles crisis son tareas esenciales que hacen que el papel de los jefes de Estado sin poderes ejecutivos sea bastante complicado. Más aún si, como Rivlin, hacen malabarismos sobre la línea que delimita sus competencias.

Al igual que Simón Peres, Rivlin es un presidente activo, que emite declaraciones y opiniones políticas mucho más allá de la imparcialidad que, por obligación, debe mantener. Cuando ascendió a la presidencia, escribí era un líder de la generación posterior a la de los padres fundadores. Un líder que marca una segunda fase, aún embrionaria en términos históricos, del Estado de Israel. En sus últimos años en activo fue un rival político de Benjamín Netanyahu, de hecho aspiró a liderar el Likud, el partido al que ha pertenecido toda su vida y de cuyas posiciones no ha dudado en desmarcarse cuando lo ha considerado oportuno. Como hijo político de Beguin, siempre ha desconfiado en la creación de un Estado palestino; en contraposición, apoya fervientemente la total integración de los árabes israelíes en la sociedad. En 2009, como portavoz en la Knéset, dijo en la ciudad árabe de Um el Fajem:

La Knéset los representa también a ustedes, al igual que representa a todos los demás ciudadanos, judíos, árabes, beduinos, drusos, sean de donde sean.

Este carácter de verso suelto, a veces irrefrenable, ha provocado que su presidencia este siendo bastante especial.

***

El papel de Israel en la crisis de Cataluña ha generado muchas opiniones y análisis, así como teorías conspiratorias. El largo currículum de apoyo a Israel por parte de líderes nacionalistas catalanes es conocido; los rumores y las declaraciones –que deberían haber sido desautorizadas– que insinuaban un apoyo soterrado y luego público de Israel a la república catalana metieron al Estado judío de lleno en la crisis nacional española. La doctrina Haig de “es un asunto interno” seguida por la Cancillería israelí tampoco ayudó. Sin embargo, Rivlin, además de cerrar con broche de oro una visita de Estado para el recuerdo, no sabemos aún sin o con el permiso de Jerusalén, dejó clara la posición del país al que representa. Eso sí, esperamos que esa apremiante exigencia de España a Israel –el embajador español pidió expresamente a la Cancillería israelí un pronunciamiento cuando Puigdemont declaró la república catalana– funcione también en sentido contrario. El Ministerio español de Exteriores, sobre todo en la época de Margallo, evacuó comunicados sobre los estallidos de violencia entre israelíes y palestinos en los que y se se evitaba la palabra terrorismo y se ponía en el mismo plano a víctimas y a victimarios. Esperemos que hayan tomado nota de la actitud de Rivlin y actúen en consecuencia.

Las relaciones entre España e Israel han tenido altibajos, es cierto. Hoy, pese a la votación de España en la UNESCO  pese al apoyo del Congreso español al reconocimiento de Palestina como Estado, pese a la financiación pública que ha ido a parar a ONG que promueven el boicot contra Israel, pese a la ambigüedad de Exteriores ya comentada, gozan de una salud de hierro, como ha quedado sobradamente de manifiesto con ocasión de la visita del presidente Rivlin a España.

 
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