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6 Kislev 5778 | viernes noviembre 24, 2017
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La Importancia Estratégica de Jerusalén


El control de Israel sobre Jerusalén provee de profundidad estratégica para la densamente poblada llanura costera y enlaza vitalmente la costa con el Río Jordán como la frontera de seguridad oriental de Israel. Además, solo el control israelí sobre el área de la Gran Jerusalén impide que la ciudad se convierta en una ciudad fronteriza fracturada. Mantener una Jerusalén unida es una misión nacional de alta importancia existencial.

Introducción

Este memorando analiza la importancia de Jerusalén desde una perspectiva de seguridad estratégica y de su contribución a la supervivencia del estado judío. El control judío de las colinas en el área de Jerusalén tiene importantes implicaciones estratégicas para la seguridad de la franja costera y para el diseño de una frontera defendible para Israel al este a lo largo del Río Jordán. Las ideas que proponen dividir Jerusalén o permitir el control árabe en partes del área del Gran Jerusalén no solo debilitan la soberanía israelí y comprometen el estatus de Jerusalén como la capital del estado judío, sino que también ponen en peligro el futuro de Israel. El Gran Jerusalén es un punto de Arquímedes para controlar y mantener la seguridad en la Tierra de Israel al oeste del Jordán.

Una profundidad estratégica vital

Más del 60% de los residentes judíos en Israel viven en la franja costera entre Gedera y Rejovot. Esta angosta franja es un área urbana extremadamente densa según lo indican todos los estándares internacionales. Su área más angosta entre Netanya y Tulkarem es de solo 15 kilómetros. Esta franja está dominada desde el este por las laderas de las colinas de Judea y Samaria. Junto a la densa concentración de población, muchos activos estratégicos se localizan en esta estrecha franja, por ejemplo, el Aeropuerto Ben-Gurion, el Puerto Ashdod, las centrales eléctricas, las oficinas centrales bancarias, las bases de datos computarizadas, las bases militares vitales y las sedes principales de todas las filiales de los servicios de seguridad: las FDI, el Mossad y el Servicio General de Seguridad (Shin Bet).

Estos activos vitales pueden ser observados desde las laderas de las montañas que dominan la llanura desde el este, particularmente las montañas de Samaria y también se encuentran dentro del rango de los cohetes de corto alcance (menos de 40 kilómetros). Dentro de este rango, estos objetivos también son fácilmente accesibles a las incursiones de las fuerzas de comando motorizadas e incluso a las unidades de infantería.

Incluso dentro del contexto de la guerra moderna, el valor e indispensabilidad de la profundidad territorial como condición básica para la guerra defensiva son innegables. El General Aharon Yariv definió la profundidad estratégica como “el espacio entre la línea frontal más avanzada en la que un estado puede mantener fuerzas militares para su defensa sin afectar la soberanía de otro estado y su territorio vital”. Este agregó que es necesario evaluar la profundidad estratégica para así considerar la proporción entre la longitud del frente y el tamaño del territorio que debe ser defendido.

Según esta definición, el territorio israelí dentro de la muy estrecha franja costera carece de profundidad estratégica y de las condiciones para una guerra de defensa. La relación problemática entre la longitud y el ancho de esta franja señala la dificultad operacional al intentar defender la planicie costera de las fronteras de 1967.

Desde la Guerra de la Independencia, el liderazgo político y el Estado Mayor de las FDI entendieron que la angosta y alongada franja costera, cuyas fronteras eran las líneas de armisticio de 1949 (conocidas como las fronteras de 1967), no eran defendibles. Por lo tanto, el concepto de seguridad nacional del Primer Ministro David Ben-Gurion se basó en la rápida transferencia de la guerra al territorio enemigo; es decir, una transición inmediata hacia la ofensiva.

Si se estableciese un estado palestino sobre la base de las fronteras de 1967, la franja costera volverá a su estado anterior como territorio que carece de la profundidad requerida para una guerra de defensa. Según los “Parámetros Clinton”, que suponen una retirada casi total de Israel a las líneas de 1967, la frontera y la línea de despliegue de las FDI volverían a extenderse a lo largo del pie de las montañas, al este de la Carretera 6. Este espacio defensivo sería alongado, sin profundidad y totalmente vulnerable a la amenaza de fuego de alta trayectoria y de incursiones sorpresa, sin espacio para una alerta temprana.

En los últimos 20 años, a pesar de las amenazas de cohetes de largo alcance y en especial tras los ataques con misiles iraquíes en (1991), muchos proponentes a una retirada han argumentado que la profundidad estratégica ya no es relevante. No consideran el territorio y las características topográficas como elementos importantes en el diseño de las fronteras de seguridad. En cambio, enfatizan la dimensión política de los acuerdos de paz y han vaciado de su contenido la noción de las “fronteras defendibles”.

Sin embargo, esta visión es altamente defectuosa. La distancia determina tanto el tiempo de advertencia como las posibilidades de interceptar un cohete. El alcance efectivo de los cohetes también se basa en la profundidad del territorio que Israel ocupa. Además, la amenaza de una ofensiva terrestre no se ha desvanecido. Tanto las fuerzas de Hezbollah en la frontera libanesa como las fuerzas de Hamás en la frontera de Gaza representan una creciente amenaza de incursiones terrestres al interior de Israel. La profundidad del territorio dentro del cual un ejército puede llevar a cabo una guerra defensiva sigue siendo altamente importante para el éxito de una campaña defensiva.

Altos funcionarios en el área de defensa que favorecen retiradas considerables para la implementación de un paradigma de dos estados admiten que si irrumpe una amenaza desde el territorio palestino, las FDI volverán a tener que recurrir a una ofensiva terrestre para eliminar la amenaza en una guerra corta y rápida. Estos funcionarios le recuerdan al ciudadano israelí que en junio, 1967 las FDI lograron una sorprendente victoria con una ofensiva fulminante desde las fronteras de 1967.

Sin embargo, estos ignoran por completo el hecho de que esas hazañas se llevaron a cabo en una guerra simétrica entre ejércitos permanentes, lo cual es casi irrelevante hoy día. La forma actual de guerra, inspirada por el enfoque de Hezbolá, muestra características inexistentes en 1967. Estas incluyen: (a) una gran variedad de misiles y cohetes de múltiples rangos emplazados en entornos civiles y listos para su lanzamiento inmediato sin tiempo de advertencia; (b) una configuración defensiva densa basada en aldeas, pueblos y cobertura natural y en instalaciones subterráneas; y (c) una red de comando y control altamente descentralizada. Israel se encontró con tal enemigo en la Segunda Guerra del Líbano (2006) y en las tres campañas en Gaza desde la retirada del (2005). Estas nuevas condiciones harán que sea muy difícil para las FDI lograr la victoria en una ofensiva relámpago como en la de 1967.

Si las fuerzas israelíes tienen que neutralizar amenazas provenientes de ciudades de Cisjordania, encontrarán grandes dificultades para lanzar una misión desde la llanura costera. Las áreas de movilización estarán expuestas al monitoreo y el fuego desde las laderas de las montañas. Avanzar a lo largo de las rutas montañosas en una zona urbana densa y hostil será una tarea muy peligrosa, ya que el enemigo se escudriñará en una defensa tenaz, tal como lo hicieron en el Líbano.

El controlar Jerusalén alivia tal severa deficiencia defensiva tal como lo hizo en 1967. En la Guerra de 1967, el corredor de Jerusalén, que servía como enlace en medio de la cresta de la montaña, fue base de las principales ofensivas para conquistar el área de Ramallah al norte y Hebrón al sur. Controlar el área de Jerusalén también hizo posible el avance de la Operación Escudo Defensivo en marzo del 2002.

El control israelí del área de Jerusalén se atribuye una parte más allá de los límites de la ciudad. Jerusalén debe ser una metrópolis que incluya a Gush Etzion al sur; Maale Adumim y Mishor Adumim, que conducen al Mar Muerto, al este; y los asentamientos del Consejo Regional Binyamin-Beit El, Tel Zion, Michmash, Ofra y Givat Ze’ev al norte. También es muy importante controlar las arterias este-oeste dentro de la ciudad, en particular la Ruta 443 al norte de la capital y la Ruta 375 al sur de la capital, para evitar que Jerusalén dependa solo de la Ruta 1.

El énfasis sobre el Gran Jerusalén como el centro de gravedad del sistema defensivo coloca la posible división de la ciudad ante un espectro diferente. En una ciudad dividida, sería imposible proteger las líneas conjuntas urbanas, cruzando y retrocediendo entre las dos entidades políticas. Además, el papel de Jerusalén en la defensa de la llanura costera se verá seriamente comprometido. El Gran Jerusalén sirve como un punto de unión principal entre el este (hacia el Valle del Jordán), el sur (hacia Hebrón) y el norte (hacia Ramallah y Nablus). Jerusalén como una metrópolis que cubre una amplia área es esencial para controlar la Tierra de Israel, tal como se detalla a continuación.

La división de Jerusalén lo convertiría en una ciudad fronteriza, un suburbio remoto de Gush Dan (el área metropolitana de Tel Aviv) y nada más. Al mismo tiempo, Israel perdería los prerrequisitos geográficos de controlar la cadena montañosa central, así como también el Valle del Jordán al este y la costa mediterránea al oeste. La división de Jerusalén reduciría a Israel a un estado costero en una estrecha franja de tierra a lo largo del mar, una franja en la que se encuentra concentrada la gran mayoría de la población judía del país. A menos que el área del Gran Jerusalén esté controlada por Israel, esa franja costera angosta, dominada por las crestas de las montañas al este, no es realmente viable.

La clave para una frontera defendible al este

Jerusalén es una intersección importante que controla el eje norte-sur a lo largo de la línea divisoria de la cordillera central. También se encuentra en uno de los pocos ejes laterales que hacen posible viajar en vehículo desde el Valle del Jordán hacia el oeste, en dirección a las cimas de las montañas y el Mediterráneo.

De hecho, una mirada superficial al mapa muestra claramente que Jerusalén es la única intersección en la línea divisoria de cuencas, a lo largo de la cadena montañosa del país que posee una mayoría judía. En una invasión desde Jordania, las fuerzas de la planicie costera, donde se concentran la mayoría de los judíos y los depósitos de emergencia, tendrían que abrirse paso hacia el Valle del Jordán. Solo podrán hacerlo con relativa seguridad si hubiese una mayoría judía en Jerusalén. Desde un punto de vista estratégico, el corredor de Jerusalén a Maale Adumim y de allí al Valle del Jordán es de especial importancia. Al este de la ciudad, Mishor Adumim, que aún no está poblada, puede servir como base para el despliegue bajo tiempos de paz y en condiciones de emergencia. Debido a que el espacio urbano no es adecuado para tal propósito, las tierras abiertas a lo largo del eje este-oeste también deben estar bajo el control de Israel.

Muchos estrategas israelíes, notablemente Yigal Alon e Itzjak Rabin, vieron en el Valle de Jordán como el territorio estratégico clave para la defensa del país. Una mirada al mapa y una familiaridad básica a la topografía del país nos recuerdan que entre el Valle del Jordán y la llanura costera se encuentran las montañas de Cisjordania y que estas laderas descienden abruptamente hacia el valle, formando un impresionante obstáculo estratégico. El valle se encuentra entre 250 y 400 metros bajo el nivel del mar, mientras que las montañas del área de Samaria y Hebrón se elevan a 1000 metros sobre el nivel del mar.

Esto significa que en caso de un ataque desde el este, una columna blindada debe escalar una colina muy empinada de 20 kilómetros y solo puede hacerlo a través de un número muy pequeño de pases. Un ejército que controla las aberturas de estas rutas puede bloquear una invasión desde el este. Esa es la lógica estratégica tras el Plan Alon, que también encaja bien con el problema demográfico, ya que el valle casi no posee población árabe.

La frontera oriental de Israel es la más importante, ya que es la más cercana a las concentraciones de la población judía. La distancia aérea desde el Río Jordán a Jerusalén es de aproximadamente 20 kilómetros y hacia Tel Aviv son unos 80 kilómetros. El triángulo de Tel Aviv, Jerusalén-Haifa, que contiene a la mayoría de la población de Israel y la mayor parte de su infraestructura económica, está cerca de la frontera jordana, mucho más que las fronteras egipcias o incluso las sirias y libanesas. La importancia de distanciar la frontera del centro del país se ha incrementado ya que en las últimas décadas la importancia de Gush-Dan ha crecido, a pesar de las expectativas de que los desarrollos en comunicación y transporte conducirán a dispersar a la población.

El diseño de las fronteras del país para las generaciones futuras no debe estar determinado por circunstancias transitorias. Las afirmaciones que concluyen, debido a la tecnología u otras, que “el territorio no tiene importancia” son problemáticas y miopes y por lo tanto simplistas desde un punto de vista estratégico. La tecnología militar puede cambiar.

Durante la historia de las guerras, las tecnologías militares han cambiado, afectando así la importancia de los despliegues defensivos u ofensivos; Algunas veces la tecnología militar facilitó capacidades ofensivas, a veces defensivas. Por ejemplo, las murallas y fortificaciones de la Edad Media mejoraron las capacidades defensivas y perduraron durante unos cinco o seis siglos hasta que surgió otra tecnología, el cañón, que puso fin a la primacía de los muros en los castillos de los caballeros y al antiguo orden político. Es cierto que Israel tiene ahora dificultades para lidiar con el lanzamiento de misiles, pero las grandes inversiones en tecnologías anti-misiles ya están dando sus frutos, tal como en el caso de los sistemas antimisiles de Israel Arrow y el Iron Dome (Cúpula de Hierro).

Algunos argumentan que, debido a que el régimen jordano no es hostil hacia Israel, Israel no necesita retener el Valle del Jordán. De hecho, en la actualidad, el Reino Hashemita tiene una agenda estratégica similar a la de Israel, principalmente debido a enemigos comunes (incluyendo al movimiento nacional palestino). También es cierto que este régimen ha demostrado gran capacidad de supervivencia.

Sin embargo, no existe forma de saber cuánto tiempo prevalecerá el reino. Jordania pudiera ser desestabilizada internamente por tensiones tribales palestinas o por los islamistas. Una toma total de Irak por parte de Irán tampoco serían buenos augurios para Jordania. Por lo tanto, la estabilidad en Amman no es una constante dada. Del mismo modo, la optimista suposición que una entidad palestina honrará sus compromisos a lo largo del tiempo y se abstendrá de unirse a los enemigos de Israel no debe determinar el alcance de las concesiones territoriales de Israel.

Esencialmente, la mejora en las capacidades defensivas, de inteligencia y de disuasión por parte de Israel fomentadas por las actuales fronteras y por el control israelí del Gran Jerusalén es un importante factor de estabilización en las relaciones de Israel con los Estados árabes. Estas capacidades amplían los márgenes estrechos de seguridad de Israel y reducen la necesidad de ataques preventivos ante señales de una posible agresividad árabe. Un despliegue militar con capacidad de disuasión limitada contra un ataque, o con una capacidad defensiva debilitada, o ambas desventajas juntas, crea una situación de seguridad precaria e invita a la agresión.

Las fronteras actuales, entonces, son un factor de estabilidad continua, aunque, por supuesto, también dependen de factores políticos. Desde la guerra de octubre, 1973, Israel no ha sido atacado por los ejércitos árabes y una de las razones son las líneas defensivas favorables que Israel alcanzó en 1967.

Por lo tanto, nos corresponde a nosotros diseñar fronteras defendibles para Israel, fronteras que resistirán la prueba del cambio en la tecnología militar y por las convulsiones políticas en el Medio Oriente. Una política que no toma en cuenta los escenarios con implicaciones negativas para la seguridad de Israel es irresponsable desde un punto de vista particularmente nacional.

El profesor Yejezkel Dror, a menudo, nos recordaba que en el Medio Oriente existe una alta probabilidad de escenarios de baja probabilidad. Por lo tanto, sería un grave error estratégico permitir una presencia extranjera en Jerusalén y sus alrededores que probablemente pondría en peligro el control israelí del mejor eje oeste-este del país, un eje vital para construir una frontera de seguridad al este. Este eje debe, por supuesto, ser lo más amplio posible.

Necesidades anti-terroristas

Además de las preocupaciones discutidas anteriormente, el control del Gran Jerusalén juega un papel en otros dos dominios relacionados: la inteligencia y la lucha contra el terrorismo. La altitud del área del Gran Jerusalén le otorga a las FDI ventajas de inteligencia hacia el este, pero también hacia el sur y el norte. Dividir la ciudad pondría en peligro las instalaciones de inteligencia debido a la posibilidad de su interrupción y ruptura.

La afirmación que aviones y satélites pueden ofrecer instalaciones de inteligencia en lugar de aquellas situadas en las montañas es parcialmente correcta. Comparados a una montaña, solo pueden emplazarse medios de recopilación de inteligencia limitados en aviones y satélites. Además, existen formas de derribar aviones y hay tecnologías para atacar satélites. Es mucho más difícil derribar una montaña.

El control por parte de Israel sobre el Gran Jerusalén también provee algunos de los medios para combatir el terrorismo palestino. Lamentablemente, la Autoridad Palestina no ha cumplido su obligación de luchar contra el terrorismo en el territorio evacuado bajo los acuerdos de Oslo. Jerusalén está situada cerca de algunos de los centros terroristas, constituyendo un punto de salida para los soldados de las FDI y las otras fuerzas de seguridad además de ofrecer un apoyo principal a las actividades vitales de inteligencia.

El Gran Jerusalén y el área al este del Río Jordán forman un enlace entre la densa población árabe al sur y norte de Jerusalén. Sin este enlace, las concentraciones árabes al sur y norte pudieran imponer y convertir a Jerusalén en una ciudad fronteriza. Tal desarrollo, que de seguro los palestinos agradecerían, alteraría la posición estratégica de la ciudad, así como también su destino económico y demográfico.

Hoy, el asentamiento árabe, orquestado por la Autoridad Palestina y alentado por la Unión Europea, ya se está llevando a cabo al este de Maale Adumim. Minimizar los riesgos de seguridad implicando los datos demográficos árabes desde el sur y norte de Jerusalén requiere de un enlace de tierra.

Control israelí sobre la Jerusalén Unificada

El control efectivo de una Jerusalén unificada también es esencial para la seguridad de los propios residentes de Jerusalén. Si bien las medidas técnicas y tácticas son importantes, estas están subordinadas a consideraciones sistemáticas.

Una valla y cualquier obstáculo similar no son más que una medida técnica que pronto se vuelve ineficaz. Uno puede pasar por debajo, por encima o por sobre tales medidas, con túneles, violando la valla, o con escaleras u otros medios para elevarse. Por no mencionar armas de largo alcance y el disparar a distancia, contra los cuales la valla o muro no brinda protección. Mantener la eficacia de la valla requiere un gran orden de batalla que se encuentra ocupado con el continuo trabajo de rutina a lo largo de la valla. Rodear a los barrios árabes de Jerusalén con vallas, a lo largo de las líneas urbanas requiere de grandes recursos de mano de obra actualmente no disponibles.

La lógica de las vallas como solución técnica caracteriza el pensamiento israelí que se aplica indiscriminadamente a muchos problemas operativos. La valla a lo largo de la frontera con Egipto ha provisto una solución a la infiltración de inmigrantes africanos. Sin embargo, la confianza en las vallas como solución merece una consideración crítica. Es similar a resolver una congestión de transito con intercambios y carriles adicionales. Sin duda, tales medidas ayudan; pero cuando se utilizan para resolver la congestión de transito en los centros de las ciudades, pronto se agotan e incluso empeoran el problema. Una solución alterna, como el cerrar los centros de las ciudades para el tráfico de vehículos, resulta ser una solución más efectiva, sistémica y arquitectónica. De manera similar, el problema de la seguridad en Jerusalén requiere de una respuesta sistemática más que técnica.

Las vallas crean una separación espacial binaria que le resta flexibilidad al despliegue de la fuerza, reduce efectividad a las actividades del Shin Bet y le otorga al enemigo un espacio protegido para organizarse, tal como el refugio que surgió en la Franja de Gaza luego de la retirada. Las fricciones en un espacio que incluye tanto a los árabes como a judíos son en realidad preferible en términos de la ecuación de seguridad en general. Los proponentes de la separación no tienen en cuenta los fenómenos no controlados que resultan de una disposición espacial técnica que no ha sido considerada a fondo.

El evitar fricciones en las áreas fronterizas que caen dentro de los vecindarios árabes, especialmente dentro de los vecindarios que se han encontrado a sí mismos fuera del muro de seguridad, es considerado una debilidad y aumenta las esperanzas para la lucha palestina. La disputa por la soberanía en Jerusalén se decidirá precisamente allí y en el espacio vacío que está fuera de Jerusalén. El control israelí de la totalidad de la zona, acompañado de un asentamiento extenso al este, norte y el sur, fomentará las condiciones para imponer la ley, el orden y la seguridad en los barrios árabes de Jerusalén Oriental también. Mientras no se haya decidido la lucha en el espacio abierto desde la planicie del Monte de los Olivos al Mar Muerto, los barrios árabes en la parte oriental de la ciudad constituirán una cabeza de puente para los esfuerzos integrales palestinos.

El tema de la seguridad está relacionado a otros temas de la vida cotidiana dentro del tejido urbano: transporte, industria y empleo, comercio y mercados y por supuesto servicios e instalaciones de apoyo, tales como hospitales y clínicas. Ante todos estos aspectos, junto al potencial de terrorismo derivado de las interacciones diarias en los puntos álgidos de todos los aspectos de la vida dentro del espacio urbano, cualquier idea de dividir la ciudad se encontrará con un laberinto de problemas insolubles. Cualquier división espacial que aspire a una seguridad hermética convertirá a Jerusalén en un espacio organizado al igual que un zoológico: recintos dentro de cercas, los animales adentro, patrones del zoológico caminando por los pasillos.

El entender la motivación detrás de la lucha palestina indica que incluso si la ciudad es dividida, muchos palestinos probablemente permanecerán fuertemente motivados a perpetrar ataques terroristas, junto a disparar contra los barrios judíos de la ciudad. Si Jerusalén es dividida, los blancos judíos serán mucho más cercanos y accesibles y las posibilidades de atacarlos serán abundantes. Además, bajo tal acuerdo espacial, las posibilidades de frustrar ataques terroristas serán mucho más bajas y más difíciles, mientras que el acceso de los palestinos a las armas se incrementará.

Las últimas dos décadas de combatir contra el terrorismo han demostrado que la lucha no se puede librar principalmente desde “afuera” sino, más bien, desde “dentro”, con una presencia continua y el mantenimiento al acceso operacional, de inteligencia y preventivo dentro del propio espacio. En los últimos dos años, los cuerpos policiales de Jerusalén han dado un primer paso en esta dirección aumentando gradualmente la presencia de funcionarios de policía en los barrios árabes y estableciendo estaciones policiales allí.

Ventajas políticas para retener la Gran Jerusalén

Continuar gobernando el Gran Jerusalén tiene aspectos estratégicos positivos. Por encima de todo, al mantener el área a pesar de las demandas a una división de la ciudad expresadas por el mundo árabe y la comunidad internacional, Israel demuestra su resolución y fortaleza, un elemento crucial en las relaciones internacionales y particularmente en el Medio Oriente. De hecho, el equilibrio de poder entre Israel y sus vecinos se ha inclinado a favor del estado judío. Una indicación es que no se han generado guerras convencionales a gran escala desde 1973. La falta de intentos de atacar a Israel en una tal guerra se debe principalmente al poderío de Israel y la debilidad de los árabes.

El continuo control israelí del Gran Jerusalén también resalta la fuerte posición internacional de Israel. El aparente desagrado de la comunidad internacional por la presencia de Israel al este de Jerusalén no ha dado lugar a ninguna medida seria. Por supuesto, ha habido resoluciones y condenas de la ONU contra Israel. Sin embargo, Israel continúa manteniendo todo Jerusalén y otros territorios. La incapacidad de los árabes para cambiar el estatus quo territorial a través de la fuerza militar les obliga a tomar la ruta diplomática.

El actual gobierno israelí también crea legitimidad para hacer cambios en las fronteras de 1967 y para expandir el territorio bajo la soberanía israelí. Ante la carta del Presidente Bush al Primer Ministro Ariel Sharon el 14 de abril de 2004 Israel afirma que Estados Unidos reconoce la permanencia de los supuestos llamados “bloques de asentamientos”. Aunque la definición exacta de estos bloques de asentamientos no es clara y puede haber argumentos adicionales con Washington sobre su tamaño, este es un logro importante. Los Estados Unidos reconocen que existen hechos en el terreno que no pueden ser eliminados. Maale Adumim, una parte importante del Gran Jerusalén, está incluida en esa categoría. Gush Etzion, al sur de Jerusalén, aparentemente también es parte de estos “bloques de asentamientos”.

Las concesiones territoriales en Jerusalén serán interpretadas como una debilidad israelí e inevitablemente, como una victoria para el Islam y alentarán a los elementos radicales en el mundo árabe y musulmán a seguir erosionando la presencia judía en Jerusalén. Precisamente porque algunos enemigos de Israel entienden la importancia que los judíos le atribuyen a Jerusalén, las concesiones en Jerusalén probablemente serán percibidas como el comienzo de un declive en el poderío de Israel.

En general, el continuo control israelí de los territorios y especialmente de Jerusalén, contribuye al proceso de paz. Este proceso tiene como base principalmente mantener el equilibrio de poder existente, con Israel siendo el fuerte y los árabes los débiles. Si Israel es debilitada (una concesión en Jerusalén como un síntoma claro de esto) y los estados árabes son fortalecidos, entonces en un futuro cercano no habrá ninguna razón para que los árabes acepten la existencia del estado judío. Si tienen el poder y la capacidad para atacar a Israel y borrarlo del mapa de la región, lo harán.

Conclusión

La lucha por Jerusalén tiene implicaciones de largo alcance para la seguridad de Israel y su posición en la región y el mundo. Jerusalén constituye la profundidad estratégica de Israel para la densamente poblada llanura costera. Jerusalén es la unión principal entre el área de Judea y Samaria, separando las dos áreas. Su ubicación sirve para la recopilación de data de inteligencia y para incursiones dentro del territorio de la Autoridad Palestina. Jerusalén es un enlace vital para proteger el Río Jordán como la frontera de seguridad oriental de Israel. Solo una metrópoli en el Gran Jerusalén evitará que la ciudad se convierta en una ciudad fronteriza en declive.

La importancia estratégica del Gran Jerusalén formó la base del Plan Alon, al cual se comprometió Itzjak Rabin hasta su último día de vida. El desarrollo de la Jerusalén metropolitana bajo el dominio israelí es, por lo tanto, una misión nacional de importancia existencial. La victoria en la lucha se logrará tanto dentro de Jerusalén como en el territorio que la rodea: el desierto de Judea al este, Gush Etzion al sur y Binyamin al norte.

La frase de David Ben-Gurion de 1968 sigue siendo relevante: “Sin un asentamiento judío grande y creciente en el área de Jerusalén, al este, norte y sur, la paz no llegará a la Ciudad de David”.

 

****El General de División (Re.) Gershon Hacohen sirvió en las FDI durante 42 años como comandante de cuerpo y comandante de los institutos de educación superior del ejército. El Profesor Efraim Inbar es Presidente del Instituto de Estudios Estratégicos de Jerusalén. Publicado en http://jiss.org.il/en/hacohen-inbar-critical-strategic-importance-jerusalem/ y traducido por Hatzad Hasheni.

 

 

 

 
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