Por Israel
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23 Kislev 5778 | lunes diciembre 11, 2017
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Israel y México: una historia de éxito


México, una nación clave en el Hemisferio Occidental y un jugador importante en el club exclusivo del G-20, ha anunciado que está cambiando la forma en la que ha votado sobre Israel en la arena internacional. En el pasado, México votaba automáticamente con el bloque árabe, y sus representantes pusieron sus manos contra Israel con una uniformidad molesta. A partir de ahora, México se abstendrá de votar o apoyará las posiciones israelíes en los foros internacionales. No hay duda que la ayuda que enviamos a México después del reciente terremoto ayudó a fortalecer las relaciones bilaterales. Pero la verdadera razón del cambio de opinión de México es mucho más profunda y mucho más significativa.

Durante décadas, Israel se ha destacado en cuanto a la seguridad pero ha dejado pasar (principalmente por razones objetivas) cualquier intento de unirse a los grandes jugadores en la arena internacional. Necesitábamos grandes clientes, especialmente los EE. UU., para brindarnos cobertura y protegernos contra ataques no militares. Poco a poco, y sin que la mayoría de los israelíes lo noten, se ha iniciado un proceso emocionante. En los últimos años, nuestro país se ha convertido en una superpotencia en muchos campos: economía, investigación, desarrollo y más.

Pero aún más importante: nuestros líderes, especialmente el Primer Ministro Binyamín Netanyahu, pudieron aprovechar nuestras nuevas capacidades y convertirlas en poder diplomático. Israel ha dejado de ser un jugador pasivo, carente de iniciativa y dependiente de la bondad de los demás. En lugar de encerrarnos en una posición de defensa diplomática, hemos comenzado a buscar formas de llegar a muchos países que nunca nos han importado en el pasado. Construir puentes con los poderes en ascenso en Asia, África y América Latina fue el movimiento correcto, y ya está dando sus frutos.

El ejemplo de México habla por sí mismo. Recientemente, los dos países han estado hablando sobre la cooperación diplomática, el fortalecimiento de las relaciones económicas y comerciales y el establecimiento de nuevos vínculos que no hubieran sido posibles cuando todavía estábamos atrapados en la mentalidad de un país pequeño, por no decir provinciano. La primera visita de un primer ministro israelí a México fue una señal oficial de la nueva era.

México es solo un ejemplo. Israel ha logrado desactivar el gran bloque de estados “no alineados” que una vez votaron unánimemente en contra del Estado judío en cada asunto. La mayoría de los países de ese bloque no tenían interés en un conflicto con Israel, pero tampoco tenían un interés real en forjar una amistad con ella y así perder la amistad de los países musulmanes en el proceso. Pero los cambios recientes han alterado la imagen. En un período de tiempo relativamente corto, los principales países del bloque antiisraelí se han dado cuenta de que pueden beneficiarse de las relaciones más cálidas con Israel. El nuevo estatus de Israel lo convierte en un socio valioso, y no debemos abandonarlo. El estado diplomático no es el resultado de un solo esfuerzo. Israel debe tener una presencia global que se sienta en todas partes. Eso requiere recursos, pero cada shekel invertido en estos esfuerzos vale la pena.

Ariel Bolstein es el fundador de la organización de defensa diplomática Faces of Israel.

Traducido por Hatzad Hasheni

 
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