Por Israel
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23 Kislev 5778 | lunes diciembre 11, 2017
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El día en el que pudo existir (también) Palestina


Ya hemos hecho acopio de las efemérides sionistas de 2017 (120 años del primer Congreso Sionista100 años de la Declaración Balfour50 años de la unificación de Jerusalén...). Pero el 29 de noviembre se cumple la más importante de todas: 70 años de la votación de la Resolución número 181 de la Asamblea General de la ONU, la cual recomendaba la partición de Palestina en dos Estados: uno árabe y otro judío.

El plan fue elaborado por el Comité Especial sobre Palestina de las Naciones Unidas (Unscop, por sus siglas en inglés), del cual ninguna potencia formó parte, para garantizar la mayor neutralidad posible. El comité comenzó sus investigaciones en mayo de 1947 y presentó sus conclusiones el 31 de agosto de ese mismo año, con la opinión favorable a la creación de dos Estados de Canadá, Checoslovaquia, Guatemala, Holanda, Perú, Suecia y Uruguay, la abstención de Australia y la opinión contraria de Irán, India y Yugoslavia, que abogaban por un solo Estado en el que convivieran ambos pueblos.

El día elegido por la ONU para votar dicho plan fue el 29 de noviembre. Se aprobó con 33 votos a favor (Australia, Bélgica, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Canadá, Checoslovaquia, Costa Rica, Dinamarca, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Haití, Holanda, Islandia, Liberia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Suecia, Sudáfrica, URSS, Ucrania, Uruguay y Venezuela), 13 en contra (Afganistán, Arabia Saudí, Cuba, Egipto, Grecia, India, Irán, Irak, Líbano, Pakistán, Siria, Turquía y Yemen) y 10 abstenciones (Argentina, Colombia, Chile, China, El Salvador, Etiopía, Honduras, México, Reino Unido y Yugoslavia). Sin embargo, en aquel momento no nacieron ni Israel ni Palestina. Sí empezó, en cambio, una guerra civil que sería el preludio de la primera guerra árabe-israelí.

Los británicos, que se abstuvieron en la votación, veían el plan imposible de realizar y se posicionaron en contra de implementarlo. Ciertamente, habían rechazado aplicar las recomendaciones de partición de las comisiones Peel (1936) y Woodhead (1938). Los países árabes advirtieron de sus intenciones a través del secretario general de la Liga Árabe, Azam Pachá: “Personalmente, espero que los judíos no nos obliguen a la guerra, porque sería una guerra de exterminio y de terrible matanza, comparable a los estragos de los mongoles y a las Cruzadas”. Ahmed Shukeiri, futuro predecesor de Arafat en el liderazgo político-militar palestino, declarará en la Universidad de El Cairo que la futura invasión tendrá como objetivo la “eliminación del Estado judío” y llamará a la guerra santa contra el sionismo. El gran muftí de Jerusalén, aliado de Hitler en la II GUerra Mundial, instó a la conquista total de Palestina. El rechazo unánime de los árabes al Plan de Partición (rechazaron tanto el Estado judío de Israel como el Estado árabe de Palestina) fue, en palabras del gigante de la historia Paul Johnson, “un acto de locura suprema”.

Menájem Beguin, que también estuvo en contra del Plan de Partición, vaticinó la inevitable y fundacional contienda:

  • En la guerra que está por venir tendremos que estar solos; será una guerra por nuestra existencia y nuestro futuro. 

Los estadounidenses albergaban simpatías por el sionismo, y además Truman necesitaba el voto judío en 1948, pero no tenían esperanzas de que Israel pudiera sobrevivir a una guerra contra todos los árabes. Por otro lado, Truman decretó un embargo de armas para todo Oriente Medio, lo que dejó a la comunista Checoslovaquia como único proveedor de Israel. En este sentido, fue la URSS, con Stalin a la cabeza, uno de los padres fundadores de Israel, en palabras del mismo Paul Johnson y de Martin Kramer. Después que David ben Gurion declarase la independencia de Israel, el 14 de mayo de 1948, EEUU fue el primero en reconocer de facto al recién nacido Estado –le siguieron Irán, Guatemala, Islandia, Nicaragua, Rumanía y Uruguay–, pero el primero en reconocerlo de iure fue, tres días después, la Unión Soviética.

El apoyo que Truman dio a Israel le sirvió para compararse a sí mismo con el rey persa Ciro –una comparación que han apoyado, entre otros, el historiador y exembajador de Israel en EEUU Michael Oren–. Para el apoyo inicial a Israel de Stalin, antisemita, asesino de judíos y antisionista, aún no se ha encontrado una explicación razonable.

En la sesión especial de la Asamblea General de la ONU, reunida en la sala de Flushing Meadows (hoy principal galería del museo de Queens), se votó a favor de una solución que lleva intentando aplicarse desde entonces: dos Estados para dos pueblos. A pesar de estos 70 años de guerras, crímenes, odio, terrorismo y diplomacia, no puede obviarse el error capital del conjunto de los países árabes, con los árabes palestinos a la cabeza, al rechazar el plan de partición. Palestina, al igual que Israel, estaría cerca de celebrar su 70 aniversario, pero la realidad hoy es una tragedia que ha anegado de sangre Oriente Medio, y a falta de una Palestina hay dos, que apenas llegan a entenderse.

Palestina pudo existir ese día, pero el rechazo visceral a Israel, causa principal del conflicto, lo impidió. La Historia, cuando sea posible separarla de la violenta lucha de narrativas vigente, no será amable con la decisión colegiada de los árabes.

 

 
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