Por Israel
Síguenos en Facebook Twitter YouTube RSS Feed
29 Tevet 5778 | martes enero 16, 2018
donativo

Idan Ofer, el empresario israelí que es colchonero por estrategia


Como muchos israelíes, Idan Ofer intenta evitar las corbatas, ama el mar, invierte en un Startup o un cuadro, viaja mucho y viste la bufanda de un equipo de la liga española. Pero no es un israelí más. Nacido hace 62 años en el seno de una de las familias más ricas e influyentes del país, es el flamante nuevo accionista de uno de los grandes del fútbol europeo. “Es una operación financieramente brillante. El Atlético de Madrid es el tercer gran club de la primera liga del mundo que aún tiene aún mucho recorrido”, explican desde su entorno a LOC.

Filántropo, fortuna número 630 del mundo en la lista de Forbes (2.500 millones de euros), optimista, modesto, comprometido con la paz, hijo del que fuera el magnate y coleccionista de arte más importante de Israel, padre de cinco vástagos, marido por cuarta vez… son etiquetas que acompañan a un hombre que prefiere la sombra a los focos. Pero cuando alguien adquiere el 15% de las acciones del Atlético sabe que paga (50 millones de euros) con propina (protagonismo mediático).

Poco después del anuncio de su conglomerado internacional Quantum Pacific Group y bajo la alargada sombra del Wanda Metropolitano, Ofer se sinceró en el informativo del Canal 2. El 51% de las acciones de una de las dos productoras de esta popular televisión israelí, Reshet, le pertenecen. “Fíjate ¡qué increíble es esto!”, exclamó ante el estadio madrileño antes de reconocer: “No crecí viendo fútbol pero hoy ya veo su enorme potencial”.

La seriedad de los mandatarios del Atlético, clave

¿Por qué Atlético? “Es un club muy especial. Además nadie puede comprar el Real Madrid o el Barcelona, los otros grandes equipos”, contestó adelantando que si es necesario se rascará el bolsillo para fichar a estrellas mundiales.

Nacido en Haifa, Ofer realizó el servicio militar obligatorio en la Fuerza Naval, cursó estudios en la Universidad de esta ciudad del norte de Israel y en el London Bussiness School del que hoy es uno de grandes donantes. Su hermano mayor, Eyal, es más rico (7.500 millones euros) pero la marca Hermanos Ofer se asocia esencialmente a su padre Sammy y su tío Yuli. Llegado a Haifa con dos años de su Rumania natal, Sammy Ofer construyó un imperio en torno a una impresionante flota de embarcaciones y gestión de recursos energéticos. En 2004, el Estado vendió la compañía naviera de cargo Zim a Ofer, que seis años antes ya había comprado una poderosa corporación pública. El Gobierno fue criticado al considerar muchos que el montante -98 millones de euros- era muy inferior al real.

Su fortuna es de 2.500 millones de euros

En 2007, Idan Ofer participó en una aventura menos rentable pero más romántica: Better Place, el proyecto internacional de coches eléctricos del emprendedor israelí Shai Agassi que lanzó un órdago a la dependencia mundial del petróleo. En una visita a su fábrica en el centro de Israel, este periodista pudo comprobar la profunda convicción de que iban a cambiar el mundo. Pero lo que cambió y para mal fue la cuenta bancaria de Ofer. Better Place no cuajó.

El carismático patriarca de la dinastía falleció en el 2011 dejando a sus dos hijos una herencia de 5.000 millones de euros cada uno. El reparto de sus negocios e incluso de sus cuadros de Picasso y Van Gogh se hizo sacando un papelito del sombrero ante la mirada de su madre. “Lo hicimos de forma amistosa”, confirmó a The Marker. Si de algo se enorgullece es que su relación con su hermano y socio sigue intacta.

Desde hace cuatro años, vive en Londres junto a Batia, su cuarta esposa. La boda se celebró en 2009 en una isla griega para celebrarlo días después en una fiesta en su espaciosa residencia en Arsuf, cerca de Tel Aviv. La pareja comparte la pasión por el arte y las donaciones solidarias. En una subasta benéfica organizada por su esposa pensando en niños gravemente enfermos en Israel y Gran Bretaña, Ofer pagó 600.000 euros por una réplica del Balón de Oro donada por Ronaldo. Con su marcha de Israel, dejó de pagar el 50% de impuestos. Desde su sala de mando londinense, dirige los movimientos de sus negocios. Un pequeño ejemplo: su empresa ICL posee la minera Iberpotash en Sallent y Suria. Pese a que ha perdido parte de su fortuna en los últimos años, Ofer sigue presente en el campo energético, industrial, tecnológico y naviero. Un empresario le define como “inteligente, seguro de sí mismo y muy positivo”.

Del positivismo deriva su fe ciega en la economía como puente de diálogo con los vecinos árabes. En su encuentro en el 2011 con el presidente palestino Abu Mazen en la Mukata de Ramala, Ofer reivindicó la alianza entre empresas de los dos pueblos. Intentó acercar los corazones de palestinos e israelíes antes de que fueran conquistados por el pesimismo. Por ejemplo, financió la visita de decenas de jóvenes palestinos. “Nunca habían estado en Israel y al final me dijeron que vieron otra cara de mi país que no correspondía a la que imaginaron por las historias que siempre escuchaban”, señaló.

Su llegada a Madrid no nace del sueño de infancia de un colchonero ni parece el capricho del magnate de turno. De momento, es un asunto sólo económico. “El negocio de la venta de los derechos de televisión cambiará en los próximos años. Al ser globalizado, el valor se multiplicará por diez”, nos comentan desde su entorno. Y admiten la importancia de la presencia de “gente seria como Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo y gente potente como Wang Jianlin”. El propietario de Wanda es clave, ya que Ofer tiene intereses en China. También ayuda que el patrocinador Plus 500 sea israelí. Cuando el estadio de Haifa fue bautizado con el nombre de su padre y mentor en 2014 en virtud a una generosa donación, Ofer no imaginó que acabaría en la zona noble de otro campo aún más imponente en Europa.

 
Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Debes estar conectado para publicar un comentario. Oprime aqui para conectarte.

¿Aún no te has registrado? Regístrate ahora para poder comentar.