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9 Tammuz 5778 | viernes junio 22, 2018
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Imprescindible para la seguridad en Europa


El Secretario de Defensa del Reino Unido, Gavin Alexander Williamson, ha dicho en una entrevista que los combatientes del Estado Islámico y otros yihadistas que toman las armas contra la soberanía británica y que estaban decididos a llevar “destrucción, muerte y derramamiento de sangre” a las calles del Reino Unido deberían ser eliminados antes de llegar al Reino Unido. Ha dicho que son objetivos legítimos para los militares y que aquella persona que se una voluntariamente a una organización o un estado que está en guerra con el Reino Unido, no se les debería permitir regresar al país.

 

El Reino Unido, al igual que España y el resto de Europa occidental, se enfrenta Yihad -la Guerra Santa del Islam- que llevan a cabo los muyahidines.

Como en cualquier guerra, la Yihad comparte características con otras guerras: combatientes armados –yihadistas- y sus familiares cómplices, agentes durmientes en comunidades y mezquitas salafistas que inculcan a sus fieles la ideología del salafismo y el chiísmo de obediencia iraní, de odio contra lo no-musulmán, ideología venenosa que impregna la mente de sus seguidores en el aborrecimiento mortal contra lo no-musulmán; colaboracionistas y apologistas europeos en los medios de comunicación y líderes políticos de extrema izquierda que se enmascaran con la cubierta de pro palestinismo, como la manifestación propalestina de la extrema izquierda el lunes 11 de diciembre en Barcelona en la que se gritaba: “Jaybar, Jabar ya yahud”, grito de guerra que vitorea el ataque de Mahoma y sus seguidores a la tribu judía de Jaybar (año 628) y posteriores exterminios perpetrados por musulmanes contra otras tribus judías.

 

Thomas Hegghammer en su artículo de 2016 al describir la falacia común de que la pobreza instiga al yihadismo, demostró que no se debe a la pobreza o a un legado colonial, sino simplemente a una religión específica –el Islam- cuyos elementos extremos son los únicos responsables de esta confusión. Los hindúes, los budistas, sintoistas, sijs, gurkas, japoneses, hispanos, coreanos, vietnamitas, polacos, rusos, no violan y asesinan a las personas, así como tampoco matan en masa en nombre de su religión. Según estimaciones británicas, hay alrededor de 35.000 yihadistas presentes en el Reino Unido, casi igual al tamaño de dos divisiones de la Segunda Guerra Mundial.

No hay forma de que estas personas se sientan leales a la tierra que les ha recibido, ni a sus valores, historia o cultura. Sus elementos más radicales se consideran a sí mismos como la punta de la lanza de la conquista islámica mundial, en aras de conseguir el Califato Mundial. Muchas de sus familias no son diferentes. Es lógicamente incoherente y pueril pensar que las familias de musulmanes que voluntariamente abandonaron Gran Bretaña y otros países europeos para unirse al Califato Islámico, incluso después de saber qué perversidad y brutalidad se producen allí, y ampliamente documentadas en los medios internacionales y en Internet, algún día regresarán y se sentirán asimiladas a esta sociedad. Nunca lo harán, y es hora de aceptarlo y avanzar.

Es bien cierto que no todos los musulmanes son terroristas, pero no es menos cierto que aquellos que asesinan en nombre de su religión –el Islam- y de su libro sagrado –el Corán- y de su “profeta” –Mahoma- son musulmanes.

Aquellos que voluntariamente declaran la Yihad, la guerra contra la sociedad que los acepta y acoge, son combatientes enemigos y deben ser tratados como tales, de manera similar a cualquier fascista británico que apoyaba a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Las investigaciones han demostrado que el “lobo solitario” es un mito. No hay lobos solitarios. La insurgencia necesita de métodos de contrainsurgencia y mejor aún disuasión punitiva contra aquellos que se atreven a tomar las armas y perjudicar a sus conciudadanos, no a la rehabilitación liberal, que es una estrategia fallida como lo ha demostrado el último cuarto de siglo.

La izquierda, el relativismo moral, el multikulturalismo y el buenismo abordan mal el tema del Islam, lo eximen de toda responsabilidad, enajenan al yihadismo de su substrato religioso musulmán, transforman el Islam en algo inocuo y bondadoso. La extrema derecha y los grupos xenófobos odian al extranjero, la alteridad, a la gente de de cualquier otro origen y el yihadismo es la coartada perfecta para reforzar y reafirmar ese odio al que pretenden legitimizar por la barbarie del terrorismo islámico.

Criticar una ideología, una religión, un credo, es muy diferente a demonizar seres humanos. El demonizarlos, despojarlos de categoría humana es el paso previo a eliminarlos. Occidente en general, y Europa en particular ha pasado de criticar ideas, credos, religiones a demonizar a los seres humanos que tenían aquellas ideas, religiones. (Inquisición, Progroms, Holocausto).

Europa y sus habitantes tienen que aprender a saber criticar ideas y no demonizar a las personas, pero parece que sus dirigentes creen, -y puede que tengan razón-, que sus gentes son incapaces de saber diferenciar entre la crítica de las ideas y demonizar a aquellos que las tienen y odiar a aquellos seres humanos que sustancialmente piensan diferente. Esto nos llevaría a creer que la “democracia” en Europa es cosmética y superficial.

The National Rifle Association of America (NRA) [la Asociación Nacional del Rifle] de los EEUU posee unos 5 millones de socios, justifica la posesión de armas en que “las armas no matan, es la gente la que mata a la gente”. A raíz de los numerosos asesinatos múltiples que ocurren en este país, sus críticos justificada y correctamente aseguran que si no hubiera libertad de armas, habría menos asesinatos masivos.

Por analogía podemos proyectarlo sobre la violencia del yihadismo y el salafismo sunnita y el integrismo chiíta, las vertientes del Islam aceptadas y practicadas por más de un tercio de musulmanes del mundo.

Los izquierdistas, multikultutalistas, buenistas, políticamente correctos declaran que “El salafismo y el integrismo chiíta no matan, son las personas las que matan”, pero a raíz de los numerosos asesinatos múltiples que ocurren en todo el planeta, se puede afirmar justificada y correctamente que si no hubiera salafismo ni integrismo chiíta, habría menos asesinatos masivos, menos “lobos solitarios” y menos guerras.

Por lo que es necesario considerar a los yihadistas retornados como objetivos de guerra y prohibir completamente el salafismo, lo que no vulnera la libertad, como tampoco la vulnera las prohibiciones del discurso homofóbico, el racista, de discriminación de género.

De la palabra se pasan a los hechos, la historia nos lo ha mostrado, por ese motivo en Alemania está prohibido el discurso nazi.

Es imprescindible neutralizar a los yihadistas antes de puedan llegar a Europa así como prohibir el salafismo y el radicalismo chiíta, discurso de odio que emponzoña y corrompe las conciencias de sus fieles, y prohibir el financiamiento y adoctrinamiento de imanes y jeques de mezquitas europeas por parte de Arabia Saudita y la República Islámica de Irán y todos aquellos países que exportan el salafismo y el radicalismo chiíta.

En caso contrario Europa y sus habitantes continuarán sufriendo el azote de la Yihad

 

NOTAS

 

http://www.dailymail.co.uk/news/article-5153613/Gavin-Williamson-Brits-fighting-be.html

 

 

 

 
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