Por Israel
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11 Heshvan 5779 | sábado octubre 20, 2018
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Pobre Polonia


Polonia me produce una infinita tristeza. Pudiendo ser verdaderamente cristiana y decir: ´´Perdón, Padre, por lo que hemos hecho a los judíos. No ayer, ni anteayer, sino durante siglos; perdón por nuestra complicidad con los asesinos´´, en lugar de eso hizo de Pilatos y se lavó las manos cuando nos estaban crucificando a miles. Más aún, experimentó alivio cuando  Alemania, que tanto la hizo sufrir, asumió recientemente toda la culpa por el Holocausto. Un alivio malsano, es cierto, porque jamás podrán ocultar sus viejas maldades, ni encarcelando a la verdad. Polonia es tan antisemita hoy como ayer. Incapaz de reconocer que muchos de sus compatriotas asesinaron, robaron y maltrataron a los judíos apoyándose en el oleaje de odio alemán, prefirieron exonerar a todos, polonizar su falsa inocencia. Disfrazar su viejo desprecio con la máscara del orgullo. Mala señal cuando un pueblo elude sus responsabilidades en la persecución y el asesinato de centenares y centenares de compatriotas. Después de todo esos judíos que perecieron en su tierra eran mayormente polacos o rusos, europeos en suma.

Conocemos el lado oscuro de Polonia, ahora hay que esforzarse en ver  si tiene un lado claro. Mi familia materna procedía de ese país y nunca les oí hablar bien de él, pero no había desprecio en sus opiniones sino la misma tristeza que experimento yo. Como si hubiera algo irremediable en el carácter eslavo, el famoso no-podermiento de  Gombrobicz, algo que los lastra y les impide asumir plenamente la modernidad y, con ella, el pluralismo.  Debe ser por el exceso de consonantes en su idioma. Todo el mundo sabe que las vocales abren la lengua y las consonantes la cierran, la cincelan y restringen.  Si acaso Israel tenía proyectos de intercambio con Polonia será mejor que los vaya olvidando, no somos nosotros los que tenemos que moderar nuestra opinión sino ellos los que deben mostrar respeto por el sufrimiento judío que en tantas y reiteradas ocasiones causaron. Su catolicismo ancestral, y a pesar del Papa Juan Pablo II cuya comprensión hizo mucho por mejorar la imagen antijudía de Polonia, es casi una superstición de cirios y vírgenes oscuras, y tan rancio que ninguna de las bondades de la Ilustración dilató sus fronteras. Por tanto de esas tormentas estos lodos, de ese malestar ancestral  este reciente lavado de manos.

Todos los intentos de apertura liberal que se producen en el país son una y otra vez contrarrestados por un catolicismo pasado por vodka, y ni siquiera los polacos en el exilio y que retornan al país con el propósito de aportar lo aprendido pueden con el genio reaccionario del pueblo llano.  Será la iglesia nacional, o será El Cuchillo Bajo el Agua de Polanski.  Un sadismo tan difícil de clasificar que mejor es negarlo. Tal vez el lado bueno de mi amado Chopin, que era medio polaco, fuera el francés.

 
Comentarios

REALMENTE PENSE LO MISMO NO APRENDEN DEL ERROR ,SE PIERDEN EL 50% DEL APRENDEZAJE ..

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