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11 Tevet 5779 | miércoles diciembre 19, 2018
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Israel a los 70 años. Ventajas estratégicas con estrechos márgenes de seguridad


La actual situación estratégica de Israel es una de las más favorables que el país ha conocido en sus 70 años de existencia. No obstante, sus márgenes de seguridad son muy estrechos y no pueden descansar en sus laureles ni depender del poderío militar de las FDI. Deben existir acciones políticas que promuevan el futuro del Estado de Israel como un estado judío, democrático, seguro y moral. Los desafíos para la seguridad nacional de Israel se encuentran estrechamente interrelacionados: para confrontar las ambiciones de Irán en aumentar su influencia regional, Israel debe establecer alianzas con actores regionales e internacionales y comprometerse a colaborar en esfuerzos conjuntos. El avanzar sobre el tema palestino y exigir cancelar el acuerdo PIDAC le permitirá a Israel promover la formación de una amplia coalición internacional para frenar el impacto negativo de Irán en el Medio Oriente. Al mismo tiempo, todo desafío debe ser examinado por lo que es y por la gravedad de la amenaza que este representa. Es solo buscando oportunidades capaces de promover a Israel en la próxima etapa de su existencia, hacia su centenario, que se puede asegurar el camino deseado. Mantener la ambigüedad en cuanto a los objetivos de Israel para el futuro y posponer la toma de decisiones dificultosas puede erosionar las actuales ventajas estratégicas de la nación.

Del 29-31 de enero, 2018 el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (IESN) celebró su conferencia internacional anual No. 11, con la participación de legisladores, personal militar, representantes de los medios de comunicación y expertos políticos y de seguridad de Israel y de todo el mundo. Tal como en años anteriores, la semana posterior a la conferencia es un momento oportuno para resumir las principales ideas sobre el tema de la seguridad nacional de Israel que surgieron durante la conferencia. Al igual que el año pasado, la conclusión general extraída de muchas de las discusiones fue que “el equilibrio estratégico general de Israel es altamente positivo; este es visto como una potencia regional con superioridad militar sobre sus rivales y enemigos”.

El año 2017 fue notable debido a que las relaciones entre la Casa Blanca y el gobierno israelí fueron más cercanas que en años anteriores, dado que la administración Trump y el gobierno israelí están de acuerdo en los desafíos regionales, ambos consideran a Irán como el problema regional central. Jerusalén también mantiene un estrecho contacto estratégico con Moscú; los pragmáticos estados sunitas consideran a Israel un amigo potencial más que un rival y socio en el bloqueo a los esfuerzos por Irán de lograr una amplia influencia regional y sobre el tema palestino, el fracaso al estancamiento político, a diferencia del pasado, no es atribuido únicamente a Israel.

Sin embargo, no existe ninguna base para suponer que el equilibrio de riesgos y oportunidades en el entorno estratégico de Israel, a pesar de sus características claramente positivas, durará indefinidamente. Además, tal como lo expresó el Jefe de Estado Mayor de las FDI, el Teniente General Gadi Eisenkot, los márgenes de seguridad de Israel son muy estrechos. En otras palabras, a pesar de la baja probabilidad de cambios fundamentales en el entorno estratégico y la situación de seguridad del estado, Israel tiene muy poco espacio para maniobrar y actuar si ocurre un cambio repentino en uno de los escenarios, al norte o en el ruedo palestino. Por lo tanto, es necesario prepararse para una variedad de escenarios posibles junto a una máxima flexibilidad de respuestas.

De la serie de temas discutidos durante la conferencia, varios de estos salieron a relucir. Visto en conjunto, estos son los desafíos básicos que enfrenta Israel a sus 70 años desde su creación.

El nexo iraní: De las armas nucleares al ruedo norteño

El desafío más notable para Israel en este momento es el deseo de la República Islámica de Irán de fortalecer su influencia sobre el Medio Oriente a través del desarrollo de capacidades en el ámbito nuclear y de misiles de largo alcance junto a la participación en actividades militares, políticas y de otro tipo en toda la región. Debido a la vehemente postura del Presidente Trump contra Irán y las profundas críticas al Plan Integral de Acción Conjunto (PIDAC), implementado hace dos años, han aumentado las posibilidades que Estados Unidos se retire del acuerdo. Esto no sería deseable para Israel porque, a pesar de las fallas en el acuerdo PIDAC, Israel, en este punto, solo puede perder por la anulación del acuerdo. Salirse del acuerdo PIDAC pudiera poner a Irán de nuevo en marcha y acelerar su desarrollo dentro del ámbito nuclear y también desencadenar una reacción en cadena regional generalizada, que incluiría un enfrentamiento entre Israel y Hezbollah, tal como lo señaló el ministro Yoav Gallant, miembro del gabinete de seguridad en la conferencia.

En contraste, la opción preferible desde el punto de vista de Israel, tal como lo señalaron más de una vez los investigadores del INSS, es formular acuerdos paralelos entre Israel y Estados Unidos junto a los socios europeos al acuerdo, con el propósito de neutralizar cualquier desarrollo de misiles de largo alcance por los iraníes y prevenir que Irán expanda su influencia en la región. Parece ser que las condiciones para tal medida han madurado, incluso entre los europeos. En este contexto, se sugirió una doble estrategia: Continuar combatiendo el terrorismo yihadista del Estado Islámico (ISIS), el terrorismo yihadista salafista y a Al-Qaeda, mientras simultáneamente se detiene la influencia negativa de Irán en el Medio Oriente. Esto puede ocurrir bajo el liderazgo de los Estados Unidos y con la participación de Europa, Israel y los pragmáticos estados árabes sunitas. Alistar a los europeos en esta dirección es posible si el Presidente Trump descarta la posible anulación del acuerdo PIDAC y si Europa reconoce a Israel como la punta de lanza de Occidente en la batalla contra los fenómenos radicales del yihadismo y el terrorismo de estado.

Las acciones de Irán en Siria y el Líbano, a través de sus aliados y agentes estados, representan una amenaza concreta para Israel. De hecho, el sentido general, especialmente en el gobierno israelí, es que esta es una amenaza aguda sobre el mapa estratégico de Israel y que en los últimos años el ruedo norteño (Siria y el Líbano combinados) se ha convertido en un ruedo único e inseparable, que representa terreno fértil para el afianzamiento de la presencia militar de Irán y sus representantes en la región. Hezbollah es la principal fuerza expedicionaria de Irán. Si bien la disuasión mutua se ha mantenido desde el 2006, debido a que el deseo de mantener la calma ha superado todas las otras consideraciones que pudieran haber desencadenado un nuevo estallido de violencia, está claro que si Irán continúa sus esfuerzos para expandirse y profundizar sobre las fronteras de Israel, un conflicto armado estallará en algún momento. Por ejemplo, un ataque israelí para prevenir la construcción de una infraestructura para la construcción de misiles en el Líbano tiene un potencial de escalada mucho mayor que los ataques atribuidos a Israel llevados a cabo en territorio sirio.

El enfoque de Israel hacia el ruedo norteño desde el 2011, cuando comenzó la guerra civil siria, representa una política calculada y equilibrada, que implica una estrecha coordinación entre los niveles político y militar. Esta política puede atribuírsele en gran parte a la estabilidad dicho ruedo norteño. Las actividades militares en Siria atribuidas a Israel, la coordinación en el área de seguridad entre Israel y Rusia y la advertencia mostrada respecto a la participación en la lucha del otro lado de la frontera han demostrado ser una política correcta. Por otra parte, la política de Israel de no intervención ha reducido su capacidad de afectar la configuración del futuro de Siria luego que finalice la guerra civil. Como respuesta a los acontecimientos en este campo, Israel se ha concentrado durante el último año en evitar la consolidación de Irán y sus representantes en Siria y la edificación de Hezbollah en el Líbano. Sin embargo, tal como se señaló, esta política conlleva un potencial de escalada tras una cadena de acciones y reacciones, así como también la posibilidad de error al calcular la conducta de Irán, Hezbollah e incluso de Rusia. En su discurso en la conferencia, el Ministro Naftali Bennett, miembro del gabinete de seguridad, propuso ampliar el rango de acción de Israel más allá de Hezbollah y cobrar peaje a la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, es decir, el vínculo operativo entre Teherán y Damasco y Beirut. Según Bennett, solo una acción decidida contra Irán, “la cabeza del pulpo”, puede generar suficiente disuasión y reducir su extenso alcance en la región.

Aunque la referencia actual es principalmente el ruedo norteño, es decir los frentes sirio y libanés y el próximo conflicto ya ha sido definido como “la primera guerra del norte”, gran parte del discurso sobre el frente libanés en la “Tercera Guerra del Líbano” se enfoca en Hezbollah, el principal puesto de avanzada de Irán en el Líbano. Tanto el Ministro de Defensa Avigdor Liberman como el Ministro Bennett articularon una línea clara respecto a un conflicto futuro con Hezbollah, mediante el cual Israel haría que el Líbano, como entidad soberana responsable de Hezbollah, pague el precio. Sobre este tema, los participantes de la conferencia escucharon dos enfoques diferentes de los Estados Unidos. El Embajador David Satterfield, secretario adjunto interino de la Oficina de Asuntos del Cercano Oriente, explicó la política actual del Departamento de Estado para fortalecer al ejército libanés en el Medio Oriente y, en consecuencia, también fortalecer al estado libanés como una forma de debilitar a Hezbollah. Por el contrario, el Embajador General y Coordinador del Departamento de Estado para el Contraterrorismo Nathan Sales afirmó que el ejército libanés es una herramienta de Hezbollah y que, por lo tanto, es contraproducente fortalecerlo.

Otro ángulo que surgió ante el contexto de un conflicto en el ruedo norteño es la capacidad del frente interno israelí de resistir la violencia y continuar el funcionamiento ininterrumpido de los sistemas críticos de la nación en caso de una confrontación militar. Se espera que el frente interno sea el objetivo principal de Hezbollah y sus aliados, armados por Irán con misiles tierra-tierra mucho más precisos que antes. Sin embargo, actualmente el frente interno no está listo para maniobrar el alcance de un daño anticipado.

El conflicto palestino-israelí

Dado el actual estancamiento político, los acontecimientos relacionados a este conflicto solo han profundizado las diferencias de opinión entre las partes y la desconfianza entre Israel y la Autoridad Palestina. El reconocimiento por parte del Presidente Trump de Jerusalén como la capital de Israel transformó a su administración en un intermediario parcializado, provocando una mordaz respuesta del Presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas. Las expectativas a un “acuerdo definitivo” por parte de la administración Trump que resolvería el conflicto desaparecieron debido a la creencia de que en este punto es imposible reiniciar un proceso político efectivo. Cualquier propuesta estadounidense considerada cercana a la postura israelí pondrá a los palestinos contra la pared y tal vez los incite a optar por utilizar la violencia. Por otra parte, en ausencia a una esperanza política, una mayor resistencia de los palestinos y un impulso en atribuirles la culpa pueden incitar a aquellos en el gobierno israelí que abogan por la anexión a establecer hechos sobre el terreno. El Ministro de Seguridad Pública Guilad Erdan pidió la anexión de Judea y Samaria, comenzando con Ma’ale Adumim. Por lo tanto, no es inconcebible que la administración Trump, al tratar de recrear su imagen de mediador imparcial, proponga varios gestos para llevar a los palestinos a la mesa de negociaciones, del mismo modo que otorgó a Israel el gesto de reconocer a Jerusalén como su capital mientras también decidió reducir la ayuda a la UNRWA, el perpetrador del tema de los refugiados palestinos. Una idea destinada a romper el estancamiento político planteado durante la conferencia fue reconocer un estado palestino dentro de las fronteras provisionales, tal como fue delineado en la segunda etapa de la Hoja de ruta.

Los representantes del gobierno israelí que hablaron en la conferencia presentaron una plataforma clara, donde el progreso sobre el tema palestino no está actualmente en la agenda y que un paso significativo es inútil en ausencia de un socio en el bando contrario. El Presidente Abbas es visto como un líder débil al final de su carrera, particularmente después de su discurso ante el Consejo Palestino en el que cuestionó el derecho a existir del estado judío. Al mismo tiempo, parece ser que el gobierno israelí siente que es posible promover conexiones políticas abiertas con los estados árabes sunitas, ya que estos buscan cooperar con Israel para enfrentar desafíos comunes, especialmente Irán. De acuerdo a este enfoque, Israel debería aprovechar los intereses de los estados árabes para generar presión sobre los palestinos y regresen a las negociaciones sin condiciones previas, mientras que al mismo tiempo promueven un acuerdo regional independiente a una resolución del conflicto palestino-israelí. Significativamente, los invitados de las naciones árabes y expertos en temas árabes que participaron en la conferencia rechazaron la idea de que Israel pueda promover relaciones oficiales con los estados sunitas sin pasar por alto el proceso político con los palestinos.

Al mismo tiempo, surgió una fuerte opinión de que el conflicto palestino-israelí es el problema más grave que Israel enfrenta actualmente. Este argumento insiste en que es necesario tomar medidas inmediatas para resolver el conflicto, principalmente para mantener a Israel como una nación judía y democrática. No solo no existe y no puede haber ningún arreglo regional sin progreso alguno en el área palestina, pero la decisión de no decidir acerca a Israel gradualmente a un único estado binacional entre el Mediterráneo y el Jordán. De acuerdo a esta opinión, la separación de los palestinos es imperativa, si no es por consentimiento mutuo entonces por pasos independientes que preservan las necesidades vitales de seguridad de Israel. Cualquier otra opción erosionará las bases democráticas, de seguridad y moral de Israel.

Las sesiones de la conferencia le prestaron una especial atención a la Franja de Gaza, ahora al borde del colapso. Los esfuerzos de reconciliación entre Hamas y la AP han llegado a una encrucijada y aunque ninguna de las partes desea una escalada en las tensiones, la crisis humanitaria tiene su propia dinámica; un descenso hacia una batalla militar sería un golpe fatal para Gaza. El INSS recientemente realizó un estudio sobre la situación en la Franja de Gaza, señalando la crítica necesidad de promover un esfuerzo internacional y regional conjunto para la reconstrucción de la Franja de Gaza a cambio de evitar que Hamas obtenga mayores ganancias.

Una mirada hacia lo interno

En los últimos años, Israel ha comenzado a darse cuenta que el área doméstica interna es un componente vital para la seguridad nacional de Israel y que la cohesión social es una formula a su capacidad de adaptación en tiempos de desafíos externos. Sobre este tema, el sentido de la conferencia fue que, recientemente, el equilibrio entre la naturaleza judía del estado y su carácter democrático se ha visto socavado. Los procesos que debilitan a los guardianes de la democracia, incluyendo al Tribunal Supremo, los medios de comunicación, el ejército y la fuerza policial, están en marcha y el riesgo de que lo que mantiene unido a la sociedad israelí fracase se ha intensificado. Los temas de religión versus estado, la actitud hacia el otro, los derechos de las minorías, el estado de derecho, la libertad de expresión y otros dilemas están exponiendo conflictos profundamente arraigados dentro de la sociedad, al punto de que el denominador común del estado, la fundación edificada cuando el estado fue establecido como un contrato no escrito entre sus ciudadanos, se encuentra en peligro.

También se discutió sobre el contexto interno doméstico y no sin relacionar el tema de la cohesión en la sociedad, se habló de las FDI y los desafíos presentados ante este. Las FDI mantienen su ventaja regional en el incremento y aplicación de fuerzas, pero existe una brecha creciente entre los valores del ejército y los valores líderes de amplios segmentos del público, a pesar de que el ejército recibe más apoyo público que cualquier otra institución estatal en Israel. Hoy, las FDI están en apuros para servir como el ente homogéneo social que fue durante las primeras décadas de la existencia de Israel y estos deben adaptarse a los cambios en la sociedad, así como también a los cambios requeridos por doctrinas y estrategias de seguridad contemporáneas. El documento de estrategia de las FDI escrito en el 2015 y actualizado recientemente refleja aspectos positivos y negativos. Lo positivo es que las FDI han definido para su propio uso el marco conceptual actual en el que deben operar y que debe dirigir el ejército. Por otra parte, el propio hecho de que el documento se haya articulado es indicativo de una situación problemática y de una laguna: el escalafón político no ha logrado definir una doctrina de seguridad ordenada y objetivos claros. Esto no es nada nuevo en Israel; Israel no tiene un concepto de seguridad nacional organizado y oficial. Pero los cambios de mayor alcance en el entorno estratégico de la nación demandan que un concepto de seguridad nacional sea formulado al nivel de escalafón político y luego se impregne sobre el militar, en lugar de pasar del escalafón militar al político,

Conclusión

Israel se siente orgulloso de sus logros en sus 70 años de existencia. Su situación estratégica actual es una de las más favorables que ha conocido el país. Sin embargo, no puede descansar en sus laureles ni depender del poder militar de las FDI. Deben existir acciones políticas para promover el futuro del Estado de Israel como un estado judío, democrático, seguro y moral. Un análisis de la gama de desafíos discutidos en la conferencia muestra que están estrechamente interrelacionados: para enfrentar las ambiciones de Irán en incrementar su influencia regional, Israel debe establecer alianzas con actores regionales e internacionales y participar en esfuerzos conjuntos. Progresar sobre el tema palestino y presentar la exigencia de cancelar el acuerdo PIDAC le permitirá a Israel promover la formación de una amplia coalición internacional para frenar el impacto negativo de Irán en el Medio Oriente, incluyendo el ejercer presión para detener el desarrollo de misiles balísticos y la distribución de armas de avanzada a los agentes estados representantes de Irán en el Medio Oriente.

El hilo que une todo esto pasa por Washington. Detener a Irán es imposible sin una acción por parte de los Estados Unidos. Del mismo modo, renovar el proceso político con los palestinos y mediar con los estados árabes sunitas requiere de la participación de los Estados Unidos. Incluso cuando se trata de temas internos israelíes (el acuerdo del Muro de los Lamentos, por ejemplo) o cuestiones que afectan al pueblo judío en su conjunto (tales como el aumento del antisemitismo a lo largo y ancho de Occidente) es importante abordar las relaciones Israel-Estados Unidos y especialmente las relaciones de Israel con la comunidad judía estadounidense. Algunos de los temas que quedaron por ser tratados en la administración Trump fueron dejados de lado al comienzo de su segundo año en la Casa Blanca, al menos a nivel de declaraciones. Sin embargo, aún no está claro cómo actuará en la práctica en ninguno de los temas de importancia para la seguridad nacional de Israel.

A pesar de la relación especial de Israel con los Estados Unidos y en ciertas áreas, la dependencia de Israel por los Estados Unidos, ha habido y aún existe margen para que Israel dirija su propio camino hacia un futuro mejor. Primero y ante todo, ha llegado el momento de descartar la frase “amenaza existencial”, utilizada en exceso en el discurso a los desafíos de Israel. Israel es una realidad, una nación que se beneficia de ventajas estratégicas sólidas. Por lo tanto, cada desafío debe ser examinado por lo que es y por la gravedad de la amenaza que este representa, en lugar de su relación con la propia existencia del estado (esto es válido incluso para la amenaza iraní). Además, debemos reconocer que es solo buscando oportunidades capaces de promover a Israel en la próxima etapa de su existencia, hacia su centenario, que le augura un camino deseado. Mantener la ambigüedad en cuanto a los objetivos de Israel para el futuro y posponer decisiones dificultosas puede erosionar las ventajas estratégicas actuales de la nación.

Udi Dekel es director gerente del INSS e investigador sénior principal

Traducido por Hatzad hasheni

 
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