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12 Tishri 5779 | viernes septiembre 21, 2018
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Debate: ¿Debería suspenderse la ayuda estadounidense a los palestinos?


El 2 de enero, 2018, el Presidente de los Estados Unidos Donald Trump amenazó con retirar fondos de los palestinos con el siguiente tuit: “Pero como los palestinos ya no tienen la disponibilidad de hablar de paz, ¿por qué deberíamos hacerles estos enormes pagos a futuro?” Dos semanas más tarde, Estados Unidos dijo que, aunque sigue comprometido con una contribución voluntaria de $60 millones para mantener las escuelas y los servicios de salud palestinos, retiene otros $65 millones que serán reconsiderados. BESA se une al debate planteando la siguiente pregunta: ¿Debería suspenderse la ayuda estadounidense a los palestinos?

Encuestados: Yossi Kuperwasser, Peter Brookes, Hillel Frisch, Asaf Romirowsky, Neri Zilber y Alex Joffe

 

Yossi Kuperwasser es Director del Proyecto sobre Desarrollos Regionales en el Medio Oriente en el Centro Jerusalén para Asuntos Públicos. Ex-Director General del Ministerio de Asuntos Estratégicos de Israel y jefe de la División de Investigación de Inteligencia Militar de las FDI

Recortar la ayuda estadounidense a la Autoridad Palestina como resultado de su insistencia en pagarles sueldos y salarios a los terroristas y su negativa de participar en el proceso de paz significa que la disuasión palestina se ha debilitado dramáticamente. Estados Unidos ya no le teme a los mitos sobre la dura reacción que tales movimientos puedan generar. Este se da cuenta de que la legendaria calle árabe no es realmente una amenaza y que los pragmáticos estados árabes consideran otros temas como más importantes que el tema palestino.

La actitud de Estados Unidos causa una gran ansiedad entre los palestinos, especialmente porque los israelíes están perdiendo la esperanza de que alguna vez exista un socio palestino y poder concretar una paz real con este, los árabes les están dando la espalda y Estados Unidos está reconociendo la realidad sobre el conflicto (Jerusalén, los refugiados, la postura palestina como el principal obstáculo para la paz) y está formando un plan de paz al que es muy probable estos se opongan.

La reacción pavloviana palestina es mostrar un compromiso aún mayor con su narrativa de lucha en contra del sionismo, tal como lo demostró Abbas en sus recientes apariciones públicas. Este aboga por una “resistencia mucho más popular” (violencia sin la utilización de armas de fuego) y más actividad unilateral en los foros internacionales (incluyendo al CCI) y se niega a tratar con la administración estadounidense.

La opción de cortar relaciones con Israel y suspender ambos el reconocimiento de Israel y la cooperación de seguridad palestina probablemente permanecerán siendo amenazas, incluso después del recorte de fondos por parte de los Estados Unidos. La opción de disolver a la Autoridad Palestina no ha sido mencionada recientemente, porque los palestinos consideran su establecimiento como un importante logro. A largo plazo, luego que la AP se dé cuenta de cuán inútiles son estas medidas y después que se anule su esperanza de que Europa y los árabes reemplazaran a los Estados Unidos, los palestinos pudieran comenzar a hacer preguntas sobre la lógica de apegarse a una falsa narrativa. Pero hasta que eso suceda, la arena palestina puede experimentar crecientes tensiones tanto internamente (entre las facciones y entre los diadochi dentro de Fatah) como entre los palestinos e Israel, aunque la probabilidad de una nueva Intifada es bastante baja.

 

Peter Brookes es investigador principal de asuntos de seguridad nacional, del Centro de Política Exterior Douglas y Sarah Allison y del Heritage Foundation, Washington DC

Estados Unidos apoya generosamente a los palestinos a través de La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA) y la Autoridad Palestina (AP). Estados Unidos es el ente que más dona a la UNRWA y el valor de la ayuda estadounidense es de cientos de millones de dólares anuales para ambos programas.

La UNRWA fue establecida como una iniciativa temporal para ayudar a los refugiados palestinos como resultado de la guerra árabe-israelí de 1948. Casi 70 años después, UNRWA se ha convertido en una institución permanente que presta servicios a múltiples generaciones de palestinos, muchos de los cuales no poseen calidad de refugiados.

En lugar de ayudar a resolver una crisis, la UNRWA la prolonga. Estados Unidos debería reconsiderar la necesidad de UNRWA en su totalidad, especialmente dado que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados se ocupa de todas las demás poblaciones de refugiados en el mundo.

Toda la ayuda estadounidense proviene del dinero de los contribuyentes estadounidenses. Este no es un derecho. El Presidente Trump tiene razón al esperar que el apoyo estadounidense resulte en la voluntad palestina de negociar con Israel para encontrar una paz integral y comprensiva. Desafortunadamente, eso no ha sucedido y la intransigencia de los palestinos no debería ser recompensada.

Estados Unidos debería suspender la ayuda a la UNWRA y a la AP hasta que los palestinos se enfrasquen en conversaciones significativas con los israelíes sobre el tema de la paz. Tal vez con eso, finalmente veamos acciones en el proceso de paz.

 

Hillel Frisch es Profesor de Estudios Políticos y de Estudios del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan

La reciente decisión por parte de Estados Unidos de suspender la ayuda a la UNRWA es una medida en la dirección correcta e Israel debería acogerla. La UNRWA es una organización que privilegia a los refugiados palestinos sobre todos los demás en flagrante desprecio al principio de igualdad, principalmente porque la mayoría de ellos son descendientes de refugiados y no propiamente refugiados. Si los Estados Unidos no saben qué hacer con los fondos, estos pueden acudir a los refugiados sobrevivientes y a las víctimas del Holocausto.

El momento no podía ser mejor. Este presiona a los habitantes de Gaza, que votaron por Hamas en el 2006, para inducir a esa organización asesina a que gaste sus fondos en su bienestar más que en misiles, túneles de ataque subterráneos y en terrorismo en Cisjordania. La población de Gaza necesita, entre otras cosas, un sistema de escuelas primarias para reemplazar al actual sistema, en su mayoría administrado por la UNRWA, que les enseña el odio anti-judío a los jóvenes palestinos.

La plática que los recortes presupuestarios a la organización aumentarán la probabilidad de una crisis humanitaria es pura tontería. Las mismas fuentes que promueven este temor informan de una creciente brecha entre el suministro y la demanda de electricidad en Gaza. ¿Cómo puede una sociedad bajo estrés económico consumir más electricidad, el uso por agentes economistas proxy para medir incrementos dentro del bienestar económico en ausencia de datos del PIB?

 

Asaf Romirowsky es miembro del Foro del Medio Oriente, ex-oficial de enlace en Relaciones Internacionales de las FDI en Cisjordania y del Reino Hachemita de Jordania y coautor con Alex Joffe del libro Religión, Política y los Orígenes de la Ayuda a los Refugiados Palestinos

La UNRWA ayuda a perpetuar el problema de los refugiados palestinos a través de una burocracia atrincherada y disfuncional acostumbrada a casi 70 años de bienestar internacional. Existe una dinámica subversiva entre la UNRWA y la dirigencia palestina: la existencia de la UNRWA le permite a la Autoridad Palestina (AP) continuar eludiendo las responsabilidades básicas hacia sus ciudadanos.

De raíz, la UNRWA argumenta efectivamente que, independientemente de la realidad, todos los palestinos son refugiados y víctimas de una “ocupación” israelí. La organización tiene intereses financieros y políticos en el mantenimiento de esta ficción. Mientras los palestinos sean refugiados, la UNRWA está abierta al negocio. El éxito se mide por las contribuciones que recibe y las prerrogativas que esta asume.

La estructura financiera de la UNRWA subraya su riesgo moral y apoya directamente su propio comportamiento en su búsqueda de rentabilidad. Irónicamente, una de las retóricas estrategias empleadas por la organización es enfatizar lo patético de la difícil situación de los refugiados, una variación del argumento de “degeneración moral” realizado por el personal del Comité de Servicio de los Amigos Norteamericanos (CSAM) durante sus años en Gaza. Ahora, con la retención de los fondos de la UNRWA, la administración Trump tiene la oportunidad de alterar los patrones disfuncionales longevamente atrincherados y que son fantásticamente costosos. También tiene la posibilidad de confrontar a la AP con una elección: si este desea ser considerado como estado, debe asumir sus responsabilidades y actuar como un estado.

Históricamente, el gobierno estadounidense no ha ignorado la falta de rentabilidad de esta “inversión”, pero nunca antes ha respondido con tales medidas. Desde la década de 1970, una serie de resoluciones del Congreso han tratado de limitar o recortar los fondos a la UNRWA. El Congreso introduce regularmente el lenguaje en los proyectos de ley de asignaciones que requieren que la UNRWA promueva transparencia, autocontrol y rendición de cuentas respecto a la investigación de empleados por motivo de conexiones terroristas, así como también el eliminar la promoción del terrorismo dentro del material educativo. Disposiciones similares son escritas regularmente en los presupuestos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional administrados por el Departamento de Estado respecto a la Autoridad Palestina. Todo esto finalmente puede conducir a un cambio verdadero y al entendimiento de que el apoyo de los Estados Unidos a la UNRWA ha mantenido inactivos a los palestinos, ha promovido el rechazo palestino y no ha logrado avanzar ni en la paz ni en la política estadounidense.

 

Neri Zilber es periodista en Tel Aviv y miembro adjunto del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente, por el cual es coautor de un próximo estudio sobre las Fuerzas de Seguridad de la Autoridad Palestina

Las recientes amenazas de la administración Trump de suspender la ayuda a los palestinos corren el riesgo de socavar severamente la estabilidad en Cisjordania y al mismo tiempo, hacen poco para promover los objetivos diplomáticos declarados por la administración en el ruedo palestino-israelí.

En contraste a la percepción popular, Cisjordania se ha mantenido relativamente estable durante la última década, especialmente en comparación con la violencia de los años anteriores. Esto ha sido logrado, entre otras cosas, gracias a la estrecha coordinación de seguridad entre Israel y las Fuerzas de Seguridad de la Autoridad Palestina (FSAP). El gobierno de Estados Unidos financia y entrena a estas fuerzas, por lo que cualquier recorte en la ayuda socavaría inevitablemente su cohesión y eficacia. La noción de que la seguridad puede ser protegida de una suspensión más amplia de ayuda no es creíble dada la verdadera tensión sistémica, presupuestaria y política, que pondría claramente sobre la AP.

Debería ser de interés vital por parte de Estados Unidos mantener estos lazos de seguridad (palestino-israelí y palestino-estadounidense), sobre todo porque son sin lugar a duda la faceta más exitosa de todo el ecosistema del “proceso de paz”.

Dado el (quijotesco) objetivo declarado de la administración Trump de reiniciar las conversaciones de paz, socavar este aspecto positivo tiene poco sentido diplomático y aún menos sentido en términos de las realidades sobre el terreno.

 

Alex Joffe es arqueólogo, historiador, miembro de Shillman-Ginsburg en el Foro Medio Oriente y coautor con Asaf Romirowsky del libro Religión, Política y los Orígenes de la Asistencia al Refugiado Palestino

Informes indican que la administración Trump ha seguido adelante con la reevaluación de la ayuda estadounidense a los palestinos, específicamente a la UNRWA. Un pago de $65 millones será diferido, mientras que $60 millones adicionales serán transferidos.

Estas cifras deben verse en contexto. Los contribuyentes estadounidenses actualmente proveen más de $750 millones al año: la mitad en asistencia económica y en seguridad va a la Autoridad Palestina (y sus acreedores) y la mitad a la UNRWA, la agencia de salud, bienestar y educación de la ONU dedicada exclusivamente a los “refugiados” palestinos. Estas sumas le otorgan a los Estados Unidos amplia libertad para comunicarse mediante la suspensión de pagos o la reprogramación de fondos. Pero, ¿cómo será recibido este mensaje? La histeria que acompaña el pago diferido de $65 millones a la UNRWA nos da la respuesta.

Los líderes palestinos perciben la ayuda extranjera como un derecho que les pertenece. El proceso de dar ayuda es ritual y sacrosanto; debe hacerse de forma confiable y en cantidades crecientes. Cualquier recorte automáticamente resulta en la muerte putativa de chicos y la inevitable radicalización de adultos. El elemento de chantaje es ineludible. Estas percepciones son a menudo características de personas dependientes del bienestar alrededor del mundo, pero la cultura palestina siempre ha internalizado durante mucho tiempo la creencia de que sus circunstancias políticas son responsabilidad absoluta de la comunidad internacional. Hasta que sean restaurados milagrosamente a un estado imaginario antes de la guerra, estos deben ser asistidos.

De hecho, la airada y bravucona respuesta de Hanan Ashrawi de la OLP de que “una vez más, la administración estadounidense demuestra su complicidad con la ocupación israelí al intentar eliminar otro tema permanente de la mesa” muestra que cualquier cambio en la UNRWA es considerado igual a borrar a los “refugiados” como tema político”. Aquí también existe otro elemento de chantaje.

¿Alienta el recortar más ayuda a la independencia o al colapso? Probablemente a ambos. Los sectores cleptocráticos y emprendedores de la sociedad palestina se las arreglaran, pero con un sector público enormemente inflado, una agricultura ineficiente y una empresa manufacturera subdesarrollada, la mayor parte de la sociedad palestina sufriría en grande. Además, los líderes palestinos (el núcleo de la clase cleptocráta) colapsarían gustosamente la economía y aumentarían el sufrimiento del pueblo a fin de hacer que Israel y la comunidad internacional soporten las cargas. Por lo tanto, la suspensión de la ayuda por parte de los Estados Unidos debe seguir centrándose en la UNWRA y en el sector público, especialmente en las numerosas milicias privadas, al tiempo que se dirigen ayudas a los servicios de salud y educación.

Desafortunadamente, el sobre-excitado discurso de Mahmoud Abbas criticando a la administración Trump junto a declarar que los judíos son ocupantes con el apoyo europeo indica el cómo se han recibido estos mensajes. Esto para decirlo característicamente, con una rabia incoherente, incomprensión y un retroceso egocéntrico extremo sobre la resistencia.

Una lección por aprender aquí es que el recorte de la ayuda estadounidense debe ir acompañada de un mensaje bien articulado directamente al público palestino: el bienestar no es para siempre, la autosuficiencia es fundamental y el camino hacia el futuro pasa por las negociaciones con Israel.

Traducido por Hatzad Hasheni