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10 Elul 5778 | martes agosto 21, 2018
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Julian Schvindlerman Entrevista a Mauricio Wainrot


Mauricio Wainrot es un destacado coreógrafo argentino cuya labor ha recibido numerosos premios internacionales. Actualmente es el representante Especial para Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina, a cargo de la Dirección General de Asuntos Culturales. Es coreógrafo permanente del Royal Ballet of Flanders de Bélgica y ex director artístico de Les Ballets Jazz de Montreal y del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

-Verdaderamente su currículum es impresionante. Comencemos por el principio. ¿Cómo logró un niño judío hijo de sobrevivientes del Holocausto llegar a donde se encuentra ahora?

Mis padres han sufrido muchísimo y han vivido dolores indecibles. Cada uno de ellos, perdió a casi todos sus familiares directos. Dejaron Varsovia en junio de 1939, dos meses antes que comenzara la segunda guerra con el primer ataque alemán a Polonia el 1 de septiembre de 1939. Ellos exactamente el 18 de junio estaban viajando desde La Rochelle en Francia rumbo a Arica, Chile y de allí a Bolivia, a la ciudad de La Paz. Bolivia  fue el único país que otorgaba visados a los judíos, contrastando con Estados Unidos, Canadá, Australia y nuestra querida Argentina, que además se jactaba en el prólogo de su constitución: para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución.

En fin, mis padres no eran, como muchísimas otras personas considerados hombres y mujeres de este mundo, porque no pudieron conseguir los visados correspondientes como para poder venir a la Argentina, por  expresa orden del Gobierno Argentino que no aceptaba que los judíos pudiesen instalarse en  nuestro país. En cambio, y afortunadamente, si lo fueron para las autoridades bolivianas que hicieron lo imposible para salvar a miles de judíos del Holocausto y les otorgaron las visas correspondientes para que pudieran salir de Polonia, justo a tiempo, llegando primero a Chile en el vapor chileno reina del Pacífico que los dejó en Arica, luego de cruzar el Canal de Panamá,  y de Arica,  en micros pudieron llegaron a La Paz. Todo este periplo sin hablar una palabra de español, ya que se manejaban en Yidish y polaco.

 -¿Cuándo nació su vocación artística? ¿Cómo logró canalizarla en una época del país no tan abierta como ahora a los judíos?
Desde muy chico mis padres me llevaban al Teatro a ver obras judías, en general musicales al teatro Mitre o al Soleil, y algunas veces al IFT, que era un teatro más comprometido socialmente, allí daban obras de Bertolt Brecht. También muchas veces fuimos a ver obras de López Lagar, Mecha Ortíz o Luisa Vehil y otros artistas de la época. En otras ocasiones con mis padres íbamos a la Facultad de Derecho a escuchar conciertos, supongo de la Sinfónica Nacional. Evidentemente participar como espectador de estos espectáculos, mas mi madre que cantaba en Yidish y en  polaco muy a menudo, nació en mi querer vivir en ese mundo artístico, y lo logré.

Respecto a lo judío de su pregunta, nunca me afectó en nada, en la escuela primaria y secundaria tuve muchos momentos de tensión y de pelea con varios chicos, que se manejaban con un antisemitismo digamos a nivel doméstico, pero ya dentro del mundo del Teatro y la Danza jamás lo viví.

-Una reflexión sobre su participación en el film 18J por favor.

Fue una experiencia extraordinaria, que nació por la invitación a participar de Fernando Sokolowicz como productor de mi corto. Me entusiasmo la idea de hacer un corto como homenaje al tan desgraciado evento que vivimos en nuestro  país los argentinos judíos y los no judíos. Con mi vocabulario de danza creamos junto al querido Carlos Gallardo un libreto, y además Carlos se hizo cargo de la escenografía y de vestuarios. El comienzo con toda esa ropa tirada en el piso en muy fuerte y poético, aunque parece ser que son deshechos tirados como si fuese después de un cataclismo. El final viendo como la ropa va subiendo al cielo, sin los cuerpos, mientras una mujer trata de aferrase a ella es muy emocionante y triste. Estoy muy agradecido por esta experiencia.

 

-Cuéntenos sobre su obra acerca de la vida Ana Frank.

Hay un antes y un después en mi vida y carrera por haber creado mi coreografía Anne Frank, – hay que  llamarla  de esa manera porque así se llamaba Anne Frank-. En realidad debería escribir un libro sobre todas las puestas de Anne Frank que monté en diez países diferentes y en catorce compañías diferentes.

Para mi Anne Frank es una obra política, -que va más allá del hecho que haya sido tomada de la historia de ocho personajes de origen judío, que murieron todos, menos el padre Otto Frank en el Holocausto-, para convertirse en un muy fuerte alegato antifascista. Sin duda la historia de toda mi familia paterna,  mi familia materna, que fueron asesinados todos en Polonia, fueron el disparador de la idea de realizar mi obra. Cuando realicé Anne Frank, para su estreno el 5 de mayo 1984 escribí este texto en el programa de mano, que ha sido repetido en todas las otras puestas de mi obra:

“La intolerancia, la arbitrariedad y el poder son los temas de esta obra. El terrible destino de las ocho personas que convivieron desterradas en el pequeño anexo de un edificio de Amsterdam por espacio de más de dos años bajo el peor régimen fascista que ha existido, es la excusa. La intolerancia religiosa, política y racial, y la arbitrariedad de un poder totalitario, sin límites, que termina por destruir y corromper a todos los individuos -sean los verdugos o sus víctimas- ha sido mi real preocupación. He trabajado con imágenes extraídas del diario de Anna y especialmente de un libro con testimonios de personas que conocieron a todos los habitantes del anexo. De ellos, el único sobreviviente fue Otto Frank. Y precisamente con la vuelta del señor Frank, unos meses después de finalizada la guerra, es que comienza mi obra.  Al bucear en Anna Frank me introduje en mi historia personal, en vivencias y anécdotas que he recogido desde chico, en la historia también trágica de todos mis familiares que sucumbieron quién sabe dónde, en las mismas condiciones que los Frank, los van Daan, los Dussel y tantos otros millones de personas que cayeron víctimas de la intolerancia. La voz de Anna es la de todos ellos y la de todos los que amamos y respetamos el sagrado don de la vida por encima de todas las cosas. Esta obra está dedicada a los mártires y sobrevivientes de todos los genocidios. Y a mi familia”.

-¿Qué aprendizaje, personal y profesional, le dio la trayectoria internacional? ¿Puede comparar la escena artística mundial con la de Argentina?

Debo empezar al revés con mi respuesta a su pregunta. Todo el aprendizaje que tuve en mi país, siempre en escuelas públicas del estado y en el Colón, y en el Teatro San Martín, me dieron la posibilidad de trabajar con un enorme número de compañías y escuelas. Por supuesto a este bagaje de conocimientos adquiridos en mi país, y posteriormente a través de la experiencia que fui adquiriendo con numerosas compañías europeas, americanas y asiáticas, como con los cientos de bailarines que trabajaron conmigo, se fueron incrementando mis conocimientos coreográficos, de producción y de dirección general.

La Argentina tiene en el Ballet del San Martín, una de las mejores compañías de danza contemporánea de América del Sur. Este año cumple cuarenta años de existencia, de los cuales he sido su director artístico durante 23 años en dos períodos diferentes.

-Asistí a su puesta en escena de la Novena Sinfonía de Beethoven en el Teatro San Martín. Quedé impactado por la dimensión creativa de plasmar en los movimientos de los cuerpos humanos la manifestación musical de Beethoven. ¿Cómo es este proceso creativo?

Me encanta que le haya gustado mi versión de la Novena Sinfonía de Beethoven. Es muy difícil en una respuesta de pocas líneas explicar todo el proceso, lo único que puedo decirle que este año cumplo 50 años con mi profesión, sin duda todo ese enorme lapso de tiempo me ha dado y enseñado tanto como para llegar a montar una obra de esta dimensión, que coincido con usted, es impactante, muy emotiva y de las mejores que realicé.

-Poco tiempo atrás el Presidente Mauricio Macri lo designó como responsable nacional de asuntos culturales en la cancillería. ¿Cómo vivió está designación? ¿Qué objetivos de gestión se ha planteado?

Fue y es un honor que el Presidente Macri me haya ofrecido este cargo. Hace diez años siendo Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, estuvimos hablando de la posibilidad de que yo sea Ministro de Cultura. Si bien me gustó mucho la idea, preferí quedarme en el Teatro San Martín, dirigiendo al Ballet, y seguir haciendo coreografías.

Ahora con diez años más, acepté su ofrecimiento, me gusta mucho conectarme con otras poéticas, y  sé que puedo ayudar a muchos artistas, instituciones privadas y gubernamentales. Divulgar nuestra cultura, la cultura de nuestro país y la marca que nos enmarca como argentinos.

-¿Qué valor y qué desafíos tiene la gestión cultural en un país muy rico culturalmente pero bastante pobre socialmente? ¿Cuál es el papel, si alguno, de la promoción cultural en entornos desfavorecidos?

Argentina, como otros países de Latinoamérica, si bien bastante menos que muchos de ellos, es el país de las paradojas. La creatividad argentina no tiene límites y es reconocida en el mundo, el tema presupuesto es un tema complicado de manejar y tratamos desde DICUL, la Dirección Nacional de Asuntos Culturales de la Cancillería poder expandir el arte argentino, por todas nuestras delegaciones: Embajadas y Consulados en el exterior, como apoyar giras de artistas y conjuntos aportando muchas veces pasajes, logística y publicidad.

-Política y cultura ¿pueden mezclarse? ¿Cuál cree usted debe ser el rol del artista frente al Poder y ante la Sociedad?

No creo que haya separación entre la política y la cultura, cada uno tiene  sus ideas políticas, algunos son más fanáticos que otros. Desde mi lugar no hay ningún tipo de límite para promover el talento y el trabajo de los artistas argentinos más allá de sus decisiones y apreciaciones políticas.  El artista es siempre un emergente de su sociedad, y no creo que en los “artistas oficialistas”, las revoluciones, históricamente,  han sido siempre realizada y manejadas por artistas independientes y no por artistas oficiales, sobre todo cuando están muy politizados, y sus obras dejan de ser obras para convertirse en panfletos.

-Volvamos a su gestión. Bienal de Venecia, Ferias literarias en Guadalajara, Madrid y Fráncfort, teatro y cine en la Argentina. ¿Cómo ve al país en el contexto artístico e intelectual global?

Argentina está cumpliendo un gran papel en cada una de las Ferias o Bienales que usted menciona. Es llamativo el nivel de respeto que nuestro trabajo tiene por parte de colegas internacionales. También debo decir que este camino fue iniciado por la gestión anterior, aunque en la gran mayoría de los casos los artistas que representaban a nuestro país han sido en su gran mayoría muy seguidores de aquél gobierno.

-Para terminar ¿Qué consejos le daría a los jóvenes artistas e intelectuales argentinos?

No puedo dar consejos a nadie, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, dijo Antonio Machado. Cada uno debe encontrar el suyo. A mí me sirvió hacerlo, con mucho trabajo, transpiración, emoción, ilusiones, fantasías, talento, alegrías, tristezas, viajes, compartiendo experiencias con mis colegas y alumnos. ¡No me he guardado Nada! Todos mis sueños siguen intactos.

 

 
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