Por Israel
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12 Kislev 5779 | martes noviembre 20, 2018
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Un “goy” para Pésaj y shabat, un judío para el resto del año


En Pésaj está prohibido no sólo comer cualquier alimento fermentado (como el pan), sino incluso poseerlo, en recuerdo de las estrecheces que tuvieron que afrontar los israelitas en su precipitada salida de Egipto liderados por Moisés. Sin embargo, los sabios han buscado una manera de poner a salvo algunos valores que necesitan tiempo para producirse, como los licores destilados de cereales, vendiendo y recomprando después de la fiesta esos productos. Para ello buscan un “goy” (un gentil, un creyente no judío) de confianza con quien se sella un contrato para su adquisición por un precio simbólico y su recompra en iguales condiciones acabados los días de la pascua. Ello puede realizarse incluso de forma comunitaria. Por ejemplo, en Israel el rabinato central actúa como agente y vende todo el “jametz” del país a un director de hotel árabe musulmán contra un depósito de 20.000 shekel (cuando el valor real de lo vendido suele ser de unos 150 millones en esa moneda). No sólo se necesita un “goy” en Pésaj, sino cada shabat, para ciertas labores prohibidas a los judíos el día obligado de descanso, aunque no si se trata de salvar vidas humanas (“pikuaj nefesh”), en cuyo caso el judío tiene permiso para incumplir los preceptos. Algunos famosos que se han prestado en alguna ocasión o varias a actuar de “goy de shabat” para vecinos judíos, entre ellos Martin Scorsese o Elvis Presley, según han contado.

Existe una tradición más moderna de origen inverso: destacar a judíos que se opongan de forma combativa al sionismo, entendido como el derecho a tener un país propio. Cada puede opinar lo que quiera (en la tradición judía, incluso la más ortodoxa, se estimula la discusión como base del conocimiento): el conflicto no es por su postura, sino por cómo es utilizado y amplificado su peso específico. No existen estadísticas fiables al respecto, pero una inmensa mayoría de las organizaciones judías constituidas legalmente reconocen como legítima esta aspiración del sionismo, más allá de la crítica hacia el gobierno de turno. Los que apoyan y proyectan a los anti-sionistas responden a intereses que nada tienen que ver con aspiraciones de progreso de la humanidad y respeto a los derechos humanos. De esta manera, algunos han conseguido una fama desproporcionada en términos estrictamente profesionales, como algún profesor de historia del cine francés que escribió un libro sobre la inexistencia del pueblo judío, u otros que actúan como representantes de organizaciones cuya vinculación con lo judío es meramente declarativa. Caso aparte es el de los ultra-ortodoxos de Naturei Karta que militan contra cualquier concepto de nacionalismo (incluida la propia existencia de Israel) que se aleje mínimamente del dogma mesiánico. Todos ellos son como el “goy” de Pésaj o shabat, pero para usar el resto del año: no para ayudar al otro a cumplir con los preceptos de su fe, sino como parte de una guerra política que discrimina el derecho de los judíos del de resto de pueblos de este mundo.

Shabat shalom y Jag Pesaj Sameaj

 
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