Por Israel
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10 Heshvan 5779 | viernes octubre 19, 2018
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Hamas, desafía desde Gaza, mirando a Cisjordania


Hace días que hablamos de Israel y Gaza por la nueva escalada con Hamas, y al mismo tiempo está de fondo la posibilidad de un escenario alternativo: un alto el fuego a largo plazo. Aunque sorprenda-dado que la Autoridad Palestina siempre condena cualquier acción militar de Israel, aún cuando son claramente una respuesta a agresiones de Hamas- el Presidente Mahmud Abbas y su gente se oponen a un alto el fuego, sabiendo que vendría de la mano del alivio de restricciones a Gaza. Ramallah no quiere ningún logro político para Hamas mientras la organización no entregue las armas, lo cual está claro desde hace mucho que no piensa hacer.

El prestigioso analista de asuntos árabes Ehud Yaari (foto) une todos los puntos en una afirmación contundente: “Hamas quiere un alto el fuego en Gaza para poder abocarse a su esfuerzo central, Cisjordania”. Desde el duro golpe asestado por Israel a Hamas en el 2002 en el operativo “Muro de Defensa” en Cisjordania, a raíz de la ola de terrorismo suicida en las ciudades israelíes, Hamas no logró reconstruir su infraestructura en dicha zona. “No hay ningún liderazgo ordenado, muchos se fueron, la infraestructura quedó desbaratada”, nos explica Yaari. “Han logrado hacer algunos atentados puntuales pero todos los grandes ataques planeados, fueron frustrados a tiempo por Israel o por los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina” .

Las críticas de la AP a Israel en diversos foros regionales e internacionales, no quita la continuación de la coordinación de seguridad en Cisjordania. Sirve a Israel, pero más que nada, sirve a Abbas. Sabe al parecer que si Israel no está en el terreno, Hamas lo puede derribar de inmediato.

También Hamas sabe que cuando Abbas ya no esté-y nadie parece creer que vaya a seguir estando al frente por muchos años más- se desencadenará en el terreno una dura lucha de poder. Hamas quiere estar fuerte para cuando la AP sea mucho más débil que ahora…y si lo logra antes, no se quejará. Eso requiere esfuerzo, dinero, dedicación. Hamas, en resumen, no ha renunciado a Cisjordania, aún cuando parece que todo su interés se concentra en lo que ocurre en Gaza.

Y en Gaza…¿Qué busca Hamas?

La pregunta más lógica de plantear estos días es cómo se pasó de informes sobre negociaciones indirectas entre Israel y Hamas para una tregua a largo plazo, a una situación de muy seria escalada en el terreno. Oficialmente no se la llama-todavía al menos- de “guerra”-pero más allá de la semántica, fácilmente puede haber un nuevo deterioro que termine sí finalmente en una conflagración de gran envergadura.

La explicación de cómo se está al borde quizás de una guerra si ayer se hablaba de tregua, es que el fuego también es una palanca de presión para conseguir mejores condiciones. Hamas siente que tiene buenas cartas en sus manos y las usa para intentar imponer a Israel en el marco de una tregua, todo lo que quiere conseguir. De fondo, nos dice Ehud Yaari, hay una decisión tomada de Hamas de ir por un arreglo.

¿Y entonces?

Aquí entra en juego la percepción que Hamas tiene de los intereses de Israel.

Está claro hace tiempo que Israel no tiene interés en una guerra de gran envergadura contra Hamas. Esto, a pesar que el actual Ministro de Defensa, Avigdor Liberman, cuando estaba en la oposición, exigía “derrotar en forma absoluta a Hamas apenas dispare el primer cohete”. Desde el gobierno, parecería que el margen de maniobra se ve más limitado.

Hamas capta perfectamente esta posición de Israel, renuente a ir hasta las últimas consecuencias, y la usa para presionar. Según el analista militar Ron Ben Yishai*, ha sido precisamente la contención con la que Israel actúa desde hace tiempo a diferentes tipos de ataques de Hamas (por ejemplo el terrorismo de las cometas incendiarias que ya han quemado más de 30 kms2), lo que transmitió el inequívoco mensaje: Israel está dispuesto a soportar mucho para evitar entrar en un operativo a gran escala.

“El Estado de Israel ha logrado convencer a Hamas que hará casi cualquier cosa para evitar enviar al ejército a la Franja de Gaza para otra campaña militar de gran escala”, escribió en el portal Ynet. “El comportamiento del gobierno y el gabinete en los últimos meses, las acciones de las Fuerzas de Defensa de Israel en el terreno, las negociaciones del director del Shin Bet con los egipcios a través de los medios de comunicación israelíes, todo ésto ha dejado en claro a los líderes de Hamas, sin duda alguna, que Israel está dispuesto a soportar mucho, siempre y cuando no tenga que lanzar un operativo de amplia envergadura”.

La única excepción es la respuesta contundente de los francotiradores-cautelosa, no indiscriminada, pero firme- a los intentos de infiltración a territorio israelí.

El problema es que cuando la otra parte es una organización terrorista que gobierna el territorio vecino y para la que la prioridad no es la población bajo su control, esa contención no se toma como señal de deseo de vivir en paz o de minimizar bajas de ambas partes, sino como debilidad. Y tratando con terroristas, eso es letal.

Esta impresión se ve fortalecida más aún por el hecho que cuando Israel finalmente ataca en respuesta por ejemplo a los cohetes-como lo ha estado haciendo estos días- también tiene cuidado al elegir los blancos. Este jueves destruyó un edificio de cinco pisos en el barrio Rimal de Gaza, que asegura Hamas usaba como comandancia, recién a raíz del disparo de un misil Grad a la ciudad de Beer Sheba, la capital del sur, lo cual se tomó como una seria escalada por parte de Hamas. Pero según el analista de asuntos árabes Ehud Yaari “en general, el daño que Israel ha causado a Hamas hasta ahora, no es nada serio, no eligen blancos tan claves…son meros rasguños”.

Por eso hay voces que sostienen que hasta que no se vuelva a la práctica usada años atrás de eliminar a los jefes mismos, a los cabecillas de Hamas, no sentirán que pagan ningún precio. Y como suele suceder, probablemente también ahora varios de ellos estén escondidos, como han hecho en el pasado, en el sótano del hospital Shifa de Gaza, donde saben que Israel no los va a buscar.

Hace ya mucho tiempo que la evaluación generalizada en Israel, tanto de políticos como de militares y analistas de estrategia, es que Hamas no tiene interés en una guerra abierta. Pero eso no significa que no esté dispuesto a jugar con fuego, si considera que con eso presiona a Israel, obtiene logros políticos y tiene probabilidades de salirse con la suya.

La prueba está en que en los contactos con los mediadores egipcios, ha elevado el nivel de sus condiciones y exigencia, como si tuviera el poder de decidir todo solo. Exige por ejemplo que la situación en los pasajes fronterizos sea la previa a junio del 2007 cuando Hamas tomó el poder por la fuerza en Gaza. O sea, entre otras cosas, que Israel permita introducción libre de cualquier mercadería a Gaza, lo cual evidentemente Israel no hará dado que Hamas sigue siendo una organización terrorista. Cabe recordar que años atrás se elaboró que además de la prohibición de armas y municiones, tampoco pueden entrar unos 125 productos de “doble uso”, o sea elementos que pueden servir, por ejemplo, tanto para fines civiles o militares, como ser sustancias químicas que pueden ser para fertilizantes o para hacer explosivos.

Asimismo, quiere que Israel permita nuevamente que miles de palestinos de Gaza entren diariamente a trabajar en Israel, a lo cual Israel ahora no podría acceder, seguro que entre ellos, Hamas se encargaría de infiltrar terroristas.

Hamas también exige planes ambiciosos para mejorar la situación en Gaza, sabiendo que los 650 millones de dólares de los que habla el enviado de la ONU Mladenov, podrán entrar solamente si Gaza está gobernada por la Autoridad Palestina. Pero Hamas quiere que la AP pague sueldos y le solucione los problemas internos, sin entregarle el control de las armas. El Presidente Abbas, claro está, no irá a Gaza para ocuparse del alcantarillado, si no controla el poder militar.

Claro está que si a Hamas le interesara la situación de la población, se habría dedicado a ella en estos 11 años desde que tomó el poder. Pero ha usado todos sus recursos para la infraestructura armada. No construyó absolutamente nada en pro de la población. Los detalles al respecto, son un tema aparte.

Mientras escribimos estas líneas, jueves de noche en Jerusalem, continuamos recibiendo comunicados del ejército y de consejos regionales en el sur de Israel, sobre las alarmas que siguen sonando. Cohetes en camino a los poblados civiles.Allí están los civiles que pasarán otra noche en los refugios protegidos. Todos quieren silencio y calma. Algunos creen que recuperar la tranquilidad es lo más urgente. Otros consideran que sería mejor poder soportar más cohetes por un tiempo, si ese es el precio a pagar para un operativo que termine con el fin de Hamas.

Esas disyuntivas se oyen desde hace ya más de 17 años, desde que los primeros cohetes cayeron en Sderot.

 
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