Por Israel
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3 Tevet 5779 | martes diciembre 11, 2018
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SHEMINI ATZERET-SIMJAT TORÁ 5779


B’H

REALMENTE MERECEREMOS ALEGRARNOS

 

En Pesaj salimos de Egipto (Mitzraim), de nuestras estrecheces y limitaciones (meitzarim). Pero hay muchos hermanos nuestros que siguen en esclavizados en Mitzraim.

En Shavuot recibimos la Torá. Pero muchos hermanos nuestros no saben que ésta existe.

En Rosh HaShaná coronamos a Di-s como Rey del universo. Pero muchos hermanos nuestros no toman conciencia de esta coronación.

En Iom Kipur Di-s nos perdona por nuestros pecados cometidos contra Él. Pero muchos hermanos nuestros no saben que existe esta posibilidad de iniciar una nueva vida limpia de pecados.

Pero si nosotros ayudamos a nuestro hermano a salir de Mitzraim-meitzarim.

Si le enseñamos que hay una Torá que es el plano maestro con que Di-s creó el mundo.

Si hacemos que nos acompañe a coronar a Di-s como Rey del universo.

Si le mostramos como en Iom Kipur puede lograr el perdón.

Si nos unimos todos: el sabio lleno de buenos actos, el sabio que carece de actos, el que tiene buenos actos pero carece de sabiduría, y el que no tiene ni buenos actos ni sabiduría en la fiesta de Sucot, juntos como las cuatro especies bajo el techo de una sucá, entonces con todo derecho podremos estar alegres y danzar en Simjat Torá, pues ninguno de nuestros hermanos estará ausente.

 

Los Pies de la Torá

Por Yanki Tauber

 

En una oportunidad el Rabino Iosef Itzjak de Lubavitch dijo: En Simjat Torá la Torá quiere girar en torno de la bimá y, como no puede hacerlo, un judío se convierte en sus “pies” trasportando la Torá alrededor de la mesa de lectura, de la misma manera que los pies llevan a la cabeza.

La explicación de cómo un judío se convierte en “los pies” de un rollo de la Torá, es la siguiente: el pie es totalmente subyugado a la voluntad del cerebro, como podemos observar por el hecho que el pensamiento de una persona para mover su pie es obedecido al instante. Un pie que no obedece la orden del cerebro no es un pie sano. De la misma manera, al bailar en la festividad de Simját Torá se está expresando la total aceptación del yugo Celestial y el acatamiento de la Voluntad Divina para que, sin vacilaciones ni pausas, se cumplan los mandatos de la Torá.

(Likutei Sijot, vol 4. p. 1169) (www.es.chabad.org)

 

Bailando con el Rebe

 

Mi padre murió justo antes de Simjat Torá y yo no podía unirme al resto en los bailes. Entonces recordé la siguiente increíble historia.

Hace diecinueve años, mi padre de 64 años, de bendita memoria, falleció de repente justo antes de las Grandes Fiestas. Sin necesidad de decirlo, fue difícil para mí concentrarme en mis rezos adecuadamente. Cuando llegó Simjat Torá, no podía unirme a las personas en mi sinagoga, quienes bailaban con los sagrados rollos de la Torá. Así que ahí estaba parado en una esquina, sintiendo pena por mí mismo, y entonces recordé la siguiente historia increíble.

Una de las grandes personalidades heroicas que emergió del Holocausto fue Rabi Yekutiel Yehudá Halberstam, el gran rabino jasídico de Klausenberg, Rumania. Antes, después e incluso durante las más infernales experiencias que sufrió en las manos de los nazis, el Klausenberger Rebe era amado y reverenciado por su buen genio, su desinteresada devoción por el bienestar de los más desafortunados, su piedad y su valeroso liderazgo.

Por su reputación previa a la guerra de ser un gran rabino, la gente se acercaba al Rebe buscando su consejo y orientación incluso dentro de los campos. Esto era sabido por los alemanes y ellos trataban al Rebe con palizas especiales y una crueldad particular. El Rebe arriesgó su precaria salud al no comer ninguna comida que no fuese casher o que pudiese haber sido preparada junto con comida no casher y regularmente usaba su pequeña ración de agua para lavar sus manos antes de comer pan, al tiempo que les decía a los demás que preservaran sus vidas comiendo cualquier cosa que pudiesen, con sus manos sin lavar, tanto casher como no casher. Sus admiradores y seguidores buscaban proteger al Rebe y arriesgaban sus vidas para ayudarlo en cualquier forma posible. Frecuentemente le permitían cumplir con Shabat y las fiestas judías al tomar su carga de trabajo en adición a la de ellos.

Una vez ocurrió que el Rebe pudo evitar trabajar en los últimos días de la fiesta de Sucot gracias a los creativos planes de sus compañeros de litera. Pero de alguna manera los alemanes escucharon de la treta y forzaron a sus seguidores a ver como le administraban una salvaje paliza, tan violenta que nadie pensaba que el Rebe podría sobrevivir su ferocidad. Los nazis no le permitieron a nadie ir a ayudar a Rabi Halberstam, incluso después que habían terminado con él, y mandaron a todos a trabajar, dejando al Rebe destrozado en el piso de las barracas.

Cuando caía la noche, los prisioneros judíos fueron llevados de regreso a sus barracas esperando llorar la prematura muerte del Rebe. En lugar de eso, se encontraron con su maestro, que milagrosamente se había arrastrado hasta un poste, se había abierto camino hasta casi estar de pie y estaba meciéndose hacia delante y hacia atrás mientras movía sus labios en el más ronco de los susurros. “Rebe ¡¿Qué está haciendo?!”, exclamaron sus seguidores. “¡Déjenos ayudarlo a acostarse para que pueda descansar!”

El Rebe les señaló que no. “Niños, hoy es la noche de Simjat Torá” murmuró “vengan a bailar conmigo”.

Me involucré con el círculo de hombres que aferraban la Torá en sus corazones, y en esa noche de Simjat Torá, caminé dando vueltas y vueltas, mientras en mi mente bailaba con el Rebe. (www.aishlatino.com)

 

¡¡¡JAG SAMEAJ!!!

 

 

 

 
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