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10 Kislev 5779 | domingo noviembre 18, 2018
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Matar la libertad de expresión


La Organización de Cooperación Islámica (OIC, por sus siglas en inglés) está intentando poner coto a tu libertad de expresión otra vez.[1]

En junio, el “Primer Foro Islámico-Europeo para examinar formas de cooperación para poner coto al discurso del odio en los medios”, puesto en marcha por la OIC, tuvo lugar irónica pero tristemente en el Press Club Brussels Europe.

El director del departamento de información de la OIC, Maha Mustafá Aqel, explicó que el foro es parte de la estrategia mediática[2] para contrarrestar la “islamofobia”:

Nuestra estrategia se centra en interactuar con los medios, el sector académico y los expertos en varios temas relevantes, además de interactuar con los gobiernos occidentales para generar conciencia, apoyar los esfuerzos de los organismos de la sociedad civil musulmana en Occidente e implicar a esta última en el desarrollo de planes y programas para contrarrestar la islamofobia.

A diferencia de todas las demás organizaciones intergubernamentales, el OIC ostenta poder religioso y político. Se define como:

La segunda mayor organización intergubernamental después de Naciones Unidas con 57 países miembros repartidos en cuatro continentes. La Organización es la voz colectiva del mundo musulmán […] que apoya todas las causas que más interesan a los más de 1.500 millones de musulmanes en el mundo.

Según la carta fundacional de la OIC, uno de los objetivos de la organización es “diseminar, promover y preservar las enseñanzas y valores islámicos basados en la moderación y la tolerancia, promover la cultura islámica y salvaguardar el patrimonio islámico[3] así como “proteger y defender la verdadera imagen del islam, para combatir la difamación del islam y fomentar el diálogo entre civilizaciones y religiones”[4].

En la 11ª Sesión de la Conferencia de la Cumbre Islámica (Sesión de la Uma Musulmana del siglo XXI) celebrada en Dakar (Senegal) los días 13 y 14 de marzo de 2008, los países miembros de la OIC decidieron “renovar nuestro compromiso para trabajar más duro para asegurar que la verdadera imagen del islam se proyecta mejor sobre el mundo”[5] y “tratar de combatir la islamofobia que pretende distorsionar nuestra religión”[6].

En 2008, la OIC publicó su Primer Informe del Observatorio de la OIC sobre Islamofobia. Este documento enumeraba una serie de interacciones que los representantes de la OIC tuvieron con los públicos occidentales, incluidos el Consejo de Europa, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y académicos y otras universidades como Georgetown y Oxford, y decía:

La cuestión que se subrayó en todas estas interacciones fue que la islamofobia está ganando cada vez más terreno en la mentalidad de la gente común en las sociedades occidentales, un hecho que ha creado una percepción negativa y distorsionada del islam. Se hizo hincapié en que las sociedades musulmanas y occidentales tendrían que abordar el problema con un sentido de compromiso para poner fin a la islamofobia […]. La islamofobia representa una amenaza no sólo para los musulmanes, sino para el mundo en general.[7]

Desde dese Primer Informe del Observatorio de la OIC sobre Islamofobia, la OIC abrió su Misión de Observación Permanente en la UE (en 2013) y también coopera con la OSCE y el Consejo de Europa para “combatir los estereotipos y malentendidos y promover la tolerancia”[8]. En diciembre de 2017, la OIC y la UE acordaron fortalecer la cooperación bilateral, cuando celebraron su segunda Reunión de Altos Oficiales (SOM, por sus siglas en inglés) en la sede de la OIC, durante la cual ambas partes acordaron “fortalecer la cooperación bilateral mediante acciones concretas”.

La OIC fue explícita en sus exigencias a Occidente. En un comunicado entregado en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el secretario general de la OIC pidió que Europa “enjuiciara y castigara la discriminación racial […] mediante el marco de una legislación adecuada” y también “fortalecer las leyes existentes sobre discriminación y el el ‘tratamiento desigual’ y discriminatorio adoptado por los directivos del consejo de la UE”. [9]

Hoy, muchos gobiernos europeos están enjuiciando a sus propios ciudadanos por criticar al islam o a los musulmanes, por ejemplo en SueciaAlemania y Reino Unido, aunque se desconoce si este desarrollo de los acontecimientos puede atribuirse directamente, o en qué medida, a la OIC.

En Suecia, por ejemplo, los pensionistas en especial han sido procesados por hacer comentarios críticos sobre el islam en Facebook. Una mujer de 71 años se refirió a los denominados menores sin acompañante como “niños barbudos” y dijo –no incorrectamente (aquíaquí y aquí)– que algunos habían participado “en violaciones y demolido sus centros [de acogida]”. En febrero de 2018, un tribunal sueco la sentenció a pagar una multa por “incitación al odio contra un grupo étnico”.

En Alemania, un periodista, Michael Stürzenberger, recibió una sentencia de seis meses de cárcel suspendida por publicar en su página de Facebook una foto histórica del gran muftí de Jerusalén, Hay Amin Al Husseini, estrechando la mano de un gerifalte nazi en Berlín en 1941. La fiscalía acusó a Stürzenberger de “incitar al odio hacia el islam” y “denigrar el islam” al publicar la fotografía.

Además de cultivar contactos de alto nivel con actores occidentales, la OIC también está siguiendo una exhaustiva estrategia mediática, acordada en Arabia Saudí en diciembre de 2016 y centrada en Occidente.

La estrategia mediática de la OIC afirma que uno de sus objetivos es:

Aumentar la interacción con los medios y profesionales, mientras se promueve una imagen veraz y factual del islam. Se debe dirigir el énfasis a evitar cualquier vínculo o asociación entre el islam y el terrorismo, o el uso de retórica islamófoba en la guerra contra el terrorismo, como la de caracterizar a los criminales terroristas de fascistas “islámicos” o extremistas “islámicos”.[10]

Parte de esa estrategia ya ha tenido mucho éxito en todo el mundo occidental, donde las autoridades y los medios no quieren referirse a los terroristas musulmanes como islámicos, sino que los describen sistemáticamente como “trastornados mentales”.

La OIC también señala que le gustaría que los profesionales de los medios y los periodistas “desarrollen, articulen e implementen códigos de conducta voluntarios para contrarrestar la islamofobia”[11], mientras que colaboran con los gobiernos occidentales para “generar conciencia contra los peligros de la islamofobia al abordar la responsabilidad de los medios sobre el problema”[12]. La OIC dice además que le gustaría formar a periodistas extranjeros para “abordar el fenómeno del odio y la difamación de la religión islámica”[13], como ejemplificó el reciente Foro Europeo-Islámico, donde se presentó a los asistentes el “Programa para formar a los profesionales de los medios y reorientar los estereotipos sobre el islam” de la OIC.

Como se sostuvo antes aquí, los periodistas europeos –ayudados por la UE– ya son muy proclives a censurarse a sí mismos, lo que significa que el trabajo de la OIC ya está más que medio hecho en lo relativo a Europa.

Por último, la estrategia mediática de la OIC pide fomentar “una red de figuras públicas occidentales de alto perfil que apoyen los esfuerzos para combatir la islamofobia en la política, el periodismo y la sociedad civil” así como equipos de investigadores académicos y celebridades que sean las caras de la campaña.[14]

La OIC menciona los siguientes ejemplos, entre otros, de campañas mediáticas generales que pretende lanzar como parte de su estrategia mediática[15]:

  • Campañas de televisión y publicidad “dirigidas al transporte público (bus y metro), periódicos y revistas famosos de cada país dos veces al año”.
  • Organizar tres tertulias al año en canales televisivos clave de EEUU y Europa sobre el islam con la participación de miembros escogidos de países musulmanes.
  • Diez conferencias al año en cada país (universidades, sindicatos y centros importantes sugeridos) “sobre el papel islámico para construir culturas y conectar religiones”.
  • Visitas a colegios y universidades de “equipos de especialistas” de la OIC.
  • Invitar a cien “activistas occidentales” de varios ámbitos en países musulmanes seleccionados que “puedan interactuar con intelectuales, políticos, figuras mediáticas e investigadores religiosos”.
  • Producir un documental de una hora “que examine el crecimiento de la islamofobia en occidente y su impacto en los musulmanes alrededor del mundo y las relaciones interreligiosas” que se emita “en grandes canales como la BBC británica y el Channel 4 o la PBS de Estados Unidos”.

La OIC está siendo ayudada en estos esfuerzos por “prestigiosas compañías de relaciones públicas como UNITAS Communications con sede en Londres (Reino Unido), y Golden Cap, con sede en Yeda (Arabia Saudí)”[16].

La OIC promete que también creará un fondo para financiar iniciativas locales contra la islamofobia, y que hará un seguimiento de los medios y pulicará comentarios en noticias en publicaciones occidentales clave.

Es importante señalar que en los años 1998-2011, la OIC intentó promover sus intereses en la ONU, para prohibir la “difamación de las religiones”, pero la OIC se rindió sobre la prohibición al darse cuenta de que no contaba con el suficiente apoyo para la propuesta. “No pudimos convencerles”, dijo Ejmeledin Ihsanoglu, director turco de la OIC en aquel momento. “Los países europeos no votan con nosotros, Estados Unidos no vota con nosotros”.

En lugar de intentar la prohibición de difamar las religiones, la OIC se centró en su lugar en la Resolución 16/18 de la ONU[17] que pide a los países que tomen medidas concretas para prohibir la discriminación por motivos de religión, “fomentar la libertad religiosa y el pluralismo” y “contrarrestar la elaboración de perfiles policiales religiosos que se considere que hacen un uso indeseado de la religión como criterio para llevar a cabo interrogatorios, búsquedas y otros procesos de investigación de las fuerzas de seguridad”.

Andrew C. McCarthy, crítico de la Resolución 16/18, sostiene que:

La sharia prohíbe cualquier expresión –cierta o no­– que presente al islam bajo una luz desfavorable, disienta de la doctrina musulmana establecida, tenga el potencial de sembrar la discordia en la uma o tiente a los musulmanes para renunciar al islam o convertirse a otras religiones. La idea no es sólo prohibir lo gratuitamente absurdo, lo que, por cierto, la gente sensata entiende que no deberían hacer los gobiernos (y que no pueden hacer, según nuestra Constitución), aunque sean rechazadas por ser gratuitamente ridículas. El objetivo es prohibir todo análisis crítico del islam, y punto. [Énfasis en el original].

Los muy ambiciosos planes de la OIC para acabar con la libertad de expresión están pasando muy desapercibidos en Occidente. Los periodistas de los grandes medios occidentales no parecen considerar peligroso que su libertad de expresión pueda estar supervisada por la OIC, mientras que los gobiernos occidentales, lejos de resistirse, parecen, quizá para ganar votos, cómodamente dispuestos a aceptar lo que sea.


[1] Ver también “Organization of Islamic Cooperation’s ‘Islamophobia’ Campaign against Freedom” and “The OIC vs Freedom of Expression”.

[2] Ver también “The OIC/NGOs cooperation in combating Islamophobia” de la Conferencia Internacional sobre Islamofobia, Estambul, 2007.

[3] OIC, Artículo 1 de la Carta Fundacional.

[4] Ibíd., Artículo 1 (12).

[5] 11ª Sesión de la Conferencia de la Cumbre Islámica, Declaración de Dakar, pág. 4.

[6] Ibíd, pág. 4.

[7] Primer informe sobre islamofobia de la OIC (mayo de 2007 a mayo de 2008), pág. 24, sección 4.5.

[8] Primer informe sobre islamofobia de la OIC (mayo de 2007 a mayo de 2008), pág. 30, secciones 4.5.7 y 4.5.8.

[9] Ibíd., pág. 30, sección 4.5.8.

[10] Estrategia mediática de la OIC para contrarrestar la islamofobia y sus mecanismos de implementación, pág. 2, sección I-2.

[11] Ibíd., pág. 4, sección III (1).

[12] Ibíd, pág. 4, sección III (3).

[13] Ibíd., pág. 5, sección III (7).

[14] Ibíd., págs. 3-4, sección II (2) y (7).

[15] Ibíd., págs. 8-9, sección 7.

[16] Ibíd., pág. 6.

[17] Resolución 16/18 sobre combatir la intolerancia, los estereotipos negativos y la estigmatización de, y la discriminación, incitación a la violencia y la violencia contra las personas basándose en su religión o sus creencias. La resolución se aprobó en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2011 con el apoyo de los países miembros de la OIC y los países occidentales, incluido Estados Unidos.

 

Traducción del texto original: Killing Free Speech
Traducido por El Medio

 
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