Por Israel
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8 Tevet 5779 | domingo diciembre 16, 2018
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El Arbol de la Vida y el Infinito o Ain Sof


Tradicionalmente se empieza a estudiar el Arbol de la Vida por la parte alta, es decir por lo Infinito o Ain Sof. Antes de ser, el hombre-pero también cada criatura, cada forma viviente o inanimada- nada en un océano de luz ilimitada que, por contracción o tzimtzum que dijera el maestro Luria en el siglo XV, gestará, unidad tras unidad, las especies y familias que pueblan nuestro mundo. Por eso mismo y antes de su  propio ser la criatura humana tiene que conocer la dimensión cósmica de la que emerge.     Puesto que-y según el Zohar-´´el hombre es un árbol invertido´´ que tiene sus raíces( es decir, su cabeza) en el cielo y su copa( sus pies)en la tierra, nuestra alimentación es doble: por la boca participamos de la finita cadena trófica, comemos para vivir; y por la nariz formamos parte de la fuente infinita del Espíritu, respiramos para ser. De estas dos energías, sólida una y etérea la otra, será la segunda la que proceda y comunique directamente con el Ain  Sof, concepto que, por guematria o numerología, equivale al de la luz:  Infinito o Ain Sof =   207  =    Or o  Luz =   207.

 

Más tarde será de esta luz infinita que brotará la primera sefirá, llamada Corona o Kéter, en cuyo perímetro simbólico se gestarán los límites de cada ser humano, los cuales, anatómicamente, se sellan  en la coronilla. Sostienen los rabinos que, como la Creación se redondeó en un día sábado, cada celebración del shabat encierra en su reverso parte de aquella luz infinita, extensa y constante a la vez, una luz que, oculta hoy por la bisagra del tiempo, irradió en los orígenes de extremo a extremo del Universo..   Or = 207   Shabat = 702. Paradoja numérica que nos aclara, otra vez, la inversión especular que existe entre el hombre y el mundo. También para los sufíes el hombre es un espejo del universo y el universo un espejo para el hombre. En un punto determinado, e un instante atemporal, que sería equivalente al de la iluminación budista, esos dos espejos no son  más que uno. Tal vez para que se cumpla la famosa frase del  Eclesiastés 3:19,: “Un mismo mismo espíritu tienen todos.” Lo interesante, desde el punto de vista de la Kábala, es que si sumamos o subsumimos la luz a su fuente infinita, o sea 207 + 207 = 414, damos con el número de la expresión ain sof or, la luz infinita y también hashtek, calma, silencio, reposo, quietud y tranquilidad. Que es, sin duda, aquello que se busca en el día sábado.

 

Para muchos, los citados pensamientos son puerilidades numéricas, pero aquellos que escuchan la música armónica del universo, siempre pocos, aumentan entre un descubrimiento y otro la sed de lo maravilloso, nunca saciada del todo pero también rodeada de preciosas fuentes a las cuales acudir.

 

 
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