Por Israel
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7 Tevet 5779 | sábado diciembre 15, 2018
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MIKETZ 5779


La prisión de Iosef termina cuando el Faraón sueña con siete vacas gordas que son tragadas por siete vacas flacas, y con siete espigas gordas tragadas por siete espigas delgadas. Iosef interpreta los sueños diciendo que significan que siete años de abundancia serán seguidos de siete años de hambruna, y aconseja al Faraón almacenar grano durante los siete años de abundancia. El Faraón nombra a Iosef como gobernador sobre Egipto. Iosef se casa con Asnat, hija de Potifar, y tienen dos hijos, Menashé y Efraím.

La hambruna se esparce por toda la región, y sólo se puede conseguir comida en Egipto. Diez de los hermanos de Iosef vienen a Egipto para comprar grano; el más joven, Biniamín, se queda en casa, porque Iaakov teme por su seguridad. Iosef reconoce a sus hermanos, pero éstos no lo reconocen a él. Él los acusa de espías, insiste en que traigan a Biniamín para probar que ellos son quienes dicen ser, y pone prisionero a Shimón como rehén. Más tarde, los hermanos descubren que el dinero que pagaron por sus provisiones les es misteriosamente devuelto.

Iaakov accede a enviar a Biniamín sólo después de que Iehudá asume una responsabilidad personal y eterna por el. Esta vez Iosef los recibe amablemente, libera a Shimón, y los invita a una elegante comida en su casa. Pero luego introduce su copa de plata, supuestamente imbuida de poderes mágicos, en la bolsa de Biniamín. Cuando los hermanos parten a la mañana siguiente hacia su casa, son perseguidos, revisados y arrestados cuando se descubre la copa. Iosef ofrece liberarlos y retener sólo a Biniamín como su esclavo.

 

¿PARA QUÉ EL EXILIO?

 

El exilio amargo y largo en el que se encuentra el pueblo de Israel despierta más de una vez un profundo asombro sobre su objetivo: ¿por qué y para qué este sufrimiento tan fuerte durante tantas generaciones?

Una respuesta a ello podemos encontrar en nuestra Parshá. Iosef llamó a su segundo hijo Efraim, explicando: “Pues Di-s me Ha hecho fructífero (hifrani) en la tierra de mi aflicción”. Es justamente por medio del exilio “en la tierra de aflicción” que Iosef se hizo merecedor de alcanzar el “me Ha hecho fructífero”- a una vitalidad y fortaleza mucho mayor. Pues este es el objetivo del exilio: despertar fuerzas superiores y llegar a niveles más altos. El propio Iosef haTzadik, el piadoso, ya se encontraba previamente en un nivel espiritual muy elevado. Era superior a sus hermanos, y en cierto aspecto incluso a su padre, Iaakov. Sin embargo, para alcanzar el “me Ha hecho fructífero”, debía pasar por un exilio “en la tierra de mi aflicción”.

Chispas Divinas en un Banco de Plaza

Las velas de Janucá logran derretir el corazón de un anciano.

Por Jaim Drizin

 

El coche se veía magnífico. Me quedé parado admirando nuestra obra en medio de los copos de nieve que caían suavemente, debo admitir que era la mejor Menorá móvil que había visto en mi vida.

El Bonneville del ’78, con la enorme Menorá de madera encima definitivamente llamaría la atención de la gente —y esa era nuestra meta.

Planeábamos visitar los centros comerciales y hogares de ancianos —y dondequiera que pudiéramos difundir la alegría y el mensaje de Janucá.

Éramos siete u ocho apretados en el pequeño auto; el portaequipaje estaba lleno de menorot de latón y velas de colores que esperábamos distribuir. Mientras que los muchachos más expertos en temas tecnológicos discutían las propiedades del aparato electrónico que accionaba las luces de nuestra Menorá eléctrica (¿Qué es un alternador?). Yo miré fijamente hacia afuera la oscura noche cerrada de invierno.

Llegamos a nuestro destino, un enorme complejo residencial en Brooklyn, cercano a nuestra Ieshivá.

En los años 70 se habían abierto las compuertas de Rusia, y el Trump Village era el destino elegido por miles de inmigrantes recién llegados.

A menudo ancianos, estos enérgicos judíos llevaban décadas sobreviviendo el yugo comunista con su identidad judía intacta; no obstante, sabían muy poco sobre los detalles de la Torá y las mitzvot, y nosotros teníamos la esperanza de hacer surgir esta chispa oculta.

Lo vi sentado ahí. Era un hombre mayor de unos setenta o setenta y cinco años de edad, sentado en uno de ésos bancos tan conocidos de New York. La base era de concreto y el asiento era de madera pintado de verde, frente al banco había una mesa de ajedrez de concreto. Él estaba sentado mirando a los coches pasar en esa gélida noche.

“¡A freilajn Janucá! ¿Quiere encender la Menorá? “Le pregunté, esperando que me ayudara a lograr mi meta personal de diez personas que esperaba inspirar esa noche.

“Retírese por favor” contestó en idish. “No estoy interesado” dijo, quizás un poco más suave.

Intenté convencerlo. Le expliqué la historia de Janucá, incluso le rogué un poco, pero él continuo firme en su decisión. “No, gracias. Ahora por favor déjeme tranquilo, buenas noches”.

Viendo que perdía la oportunidad, pero no absolutamente dispuesto a tirar la toalla totalmente, tomé la Menorá de lata, la puse sobre la mesa de ajedrez, inserte cuatro velas coloridas en las pequeñas ranuras que parecen haber sido diseñados para velas mucho más delgadas que las mías, las encendí, y le dije al anciano: “Aquí está la Menorá. Si la desea, es suya —sino, no”.

El hombre no dijo nada y yo me fui.

Continuamos nuestro recorrido por el complejo, y agradecimos a Di-s por haber sido extremadamente exitosos esa noche.

Se hizo tarde y era hora de ir a casa.

Mi mente volvía siempre al anciano judío ruso sentado solo en ese banco.

“Vayamos a donde vimos al anciano”. Sentía curiosidad. Quería saber qué había hecho con la Menorá ¿la había tirado, o la dejo abandonada sobre la mesa?

Hay imágenes que se le adhieren a uno. Acontecimientos que dejan una impresión indeleble en la psique, incluso treinta años más tarde uno puede verlos claramente.

Este es uno de ellos.

Veo al anciano sentado en el banco. Sus ojos llenos de lágrimas, fluyendo abundantes por sus mejillas.

Las velas siguen apenas encendidas y él está mirándolas fijamente. Mirando y llorando. Las llamas flamean y un alma se enciende.

No sé dónde está, ni siquiera se su nombre. Sin embargo, se que esa noche tuve el privilegio de ver algo maravilloso. (www,es,chabad.org)

 

¡¡¡ATENCIÓN!!! Las velas de Janucá deben ser encendidas ANTES de las velas de Shabat, y el Motzaei Shabat DESPUÉS de Havdalá

 

 

 

 
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