Por Israel
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10 Tevet 5779 | martes diciembre 18, 2018
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Hay un monstruo bajo mi cama


Hay una edad en la que prácticamente todos los niños del mundo llaman a sus padres para que espanten al monstruo que se esconde debajo de su cama. Los psicólogos infantiles recomiendan no explicarles que éstos no existen, sino crear uno bueno o superhéroe que espante a los malos en cuanto asomen. Esto puede funcionar en casi todo el mundo, excepto en algunas zonas de Israel (esas que supuestamente no se discuten por formar parte del mapa anterior a 1967), donde los monstruos sí existen y pueden estar cavando túneles para matar y secuestrar niños y adultos, como se ha demostrado reiteradamente no sólo en la zona aledaña a la Franja de Gaza, sino también en la cercana a la frontera con Líbano. Por cierto, en dicha región hay desplegada desde hace 40 años una fuerza de Cascos Azules de Naciones Unidas que se supone tiene la misión de desarmar al grupo terrorista Hezbolá. En 2007 murieron seis soldados del ejército español allí destinados en un atentado con coche bomba. El ministerio de defensa español descartó oficialmente la autoría del grupo chiita y desde entonces, sorprendentemente, no encontraron ni requisaron ninguno de los más de cien mil misiles que se estima esta organización oculta en sótanos de las casas del área bajo control. Tampoco han visto ni oído a ningún monstruo cavar túneles debajo de sus camas.

 

Cuando yo era niño, el fantasma al que más temía era cuando el actor Narciso Ibáñez Menta (el padre de “Chicho” Ibáñez Serrador) protagonizaba la serie televisiva “El monstruo no ha muerto”, basado en la teoría de que Hitler seguía vivo y entre nosotros, en Argentina. Apenas habían pasado unos años desde que, a pocas calles de donde vivía, habían descubierto a Eichmann, así que tampoco era una idea tan descabellada. Como tampoco lo eran las voces de los sobrevivientes de la Shoá que desconfiaban de que el nazismo hubiera sido borrado de la faz de la tierra. Suerte que la mayoría no han sido tan longevos para constatar que su supuesta paranoia postraumática era más realista que la de los políticos, expertos y futurólogos, especialmente en la Europa actual, en la que los fantasmas del pasado reaparecen remozados, negando cualquier vínculo ni complicidad con el Mal, pretendiendo presentarse ellos mismos como víctimas y como admiradores del pueblo al que pretendieron aniquilar.

 

Los monstruos de nuestros terrores infantiles ya no se esconden, sino que nos invitan a bajar de nuestras camas y unirnos a la fiesta en el submundo. “No somos tan malos como nos pintan. Y muy catárticos: te daremos una razón para odiar y descargar tus frustraciones. Elige una bandera, un color de piel, una religión que proclame verdades absolutas, y únete al ejército de quienes vamos socavando la tierra bajo los pies de la humanidad hasta que colapse y hundamos los cimientos de la civilización”. Como en las películas de serie B, los zombis emergerán, aunque es posible que ya no asusten a nadie porque – quien más, quien menos – todos nos habremos convertido en muertos vivientes.

Shabat shalom

 
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