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4 Nisan 5779 | martes abril 9, 2019
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ONU: Barajar Y Dar De Nuevo


Cuando en 1945 se sentaron las bases para la fundación de la Organización de las Naciones Unidas una sensación de alivio mezclada con esperanza recorrió a una humanidad desgarrada y destruida por uno de los conflictos más sangrientos de la historia, la Segunda Guerra Mundial, que había terminado con 60 millones de vidas y arrasado Europa y el lejano oriente.

Era el momento de restañar las heridas y sentar las bases para un nuevo mundo en el que la paz y la concordia entre las naciones reinaran.

Pero como con todos los grandes sueños, la realidad se encargó de dejarlo sólo en eso, un sueño.

Conflictos no resueltos, como el árabe-israelí o el indo-paquistaní siguen cobrándose víctimas.

Las rivalidades entre potencias atan las manos de organismos como el Consejo de Seguridad, haciendo que con el derecho al veto de los cinco miembros permanentes, muchas resoluciones sean bloqueadas, sin que importe que ese bloqueo se traduzca en pérdida de vidas humanas.

El Consejo de Derechos Humanos, que debería velar por la defensa de esos derechos, está integrado en parte por dictaduras feroces y represivas como es el caso de China o Arabia Saudita, y sin tener en cuenta la violación de los DDHH en todo el mundo, en cada reunión emite declaraciones contra Israel, único estado democrático del Medio Oriente.

La UNESCO, que debe defender la cultura se ha transformado en una herramienta política.

La ACNUR, que debe velar por los refugiados, en especial en esta época en que muchos conflictos han provocado que oleadas de fugitivos abandonen sus países de origen por conflictos bélicos o persecuciones raciales y religiosas, carece de presupuesto, mientras para los “refugiados” palestinos hay una organización particular, la UNRWA, que se hace cargo de más de 5 millones de palestinos, los cuales, por una ley especial promovida por los estados árabes, son considerados refugiados, aunque según las reglas de la ONU sólo es refugiado aquel que abandona su lugar de residencia y no sus hijos, nietos y biznietos, como en el caso palestino, que consume recursos necesarios para ayudar a los verdaderos refugiados.

Las Fuerzas de Paz de la ONU no cumplen como se esperaba su cometido, pues carecen de medios y armas para llevar a cabo su tarea.

Los terroristas de Gaza bombardean poblaciones civiles e incendian campos de cultivo en Israel, realizan marchas hacia la frontera, atacan a los soldados y cuando Israel reacciona es acusado de “uso desproporcionado de la fuerza y crímenes de guerra”

Pueblos enteros sufren masacres, como los kurdos, los royhingas o los yazidies, y la ONU no actúa.

Cientos de miles de muertos en Siria e Irak.

El norte de Chipre ocupado por los turcos, Tibet ocupado por China.

Nicolás Maduro sigue destruyendo Venezuela.

En África pueblos enteros están muriendo de hambre, por enfermedades o por guerras tribales.

Y así podría seguir, pero creo que con esto alcanza para darnos cuenta que de aquel hermoso sueño de paz y hermandad entre las naciones no queda nada y lo único que podemos hacer con las Naciones Unidas es barajar y repartir de nuevo

 
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