Por Israel
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26 Sivan 5779 | sábado junio 29, 2019
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De tu boca al cielo


En los últimos días, el Wall Street Journal dio a conocer una noticia que ni el más fantasioso de los guionistas de Hollywood hubiera concebido. Recordarán que hace unos meses se publicaron fotos de un avión ruso que, en tiempos de revueltas y protestas contra el gobierno de Maduro, había aterrizado y despegado supuestamente cargado de oro. Sin embargo, no partió hacia Moscú ni hacia algún posible país en el que el presidente venezolano pensara exiliarse, sino en dirección a la capital de Uganda. El cargamento, una parte de las 70 toneladas del oro que en total salieron del país durante el año precedente, sería sometido en Entebbe a un proceso de refundición para borrar las huellas de su origen: nada menos que los empastes dentales extraídos a los cadáveres de judíos asesinados en las cámaras de gas nazis, antes de su incineración en los crematorios. ¿Cómo llegó a Caracas y adónde se le redirigió una vez “blanqueado”?

En 1997, a Shimon Samuels, entonces director de Relaciones Internacionales del Centro Wiesenthal (famoso por el descubrimiento de criminales nazis ocultos tras identidades falsas) le fue concedido el acceso a la información de los archivos del Banco Central de España sobre transportes de oro entre 1936 y 1945, a través de los cuales pudo verificar que los lingotes del oro de las dentaduras judías fueron enviados por los nazis al país gobernado por el “neutral” Franco y, de allí, distribuidos a Paraguay y luego a Argentina (que también desembarcó tesoros llegados en submarinos con oficiales nazis fugitivos). Finalizada la guerra, Franco usó ese mismo oro para comprar su protección y asegurarse su permanencia al frente del país pagando con él al Reino Unido, que a su vez lo pasaría a los Estados Unidos, que finalmente lo destinaría a la lucha anticomunista en Europa y a la compra de petróleo para uso militar a Venezuela.
¿Y a dónde fue a parar? La parte del noble metal transportada y refundida en Uganda salió con destino intermedio a Dubai, tras ser subastada como “oro nuevo” en Turquía. ¿Y quién lo tiene ahora? Cerrando el macabro ciclo, Irán lo utiliza para financiar su programa de misiles balísticos que apuntan a los descendientes de los que sobrevivieron al expolio de bienes, identidades y hasta de sus despojos físicos después de la muerte.

Los judíos sefardíes usan una expresión, “de tu boca al cielo” (que se utiliza traducida en hebreo en Israel, “mipíja le-elohím”) y que significa algo así como “Dios te oiga”. Hoy, los restos de nuestra boca (la de quienes pudieron ser nuestros padres y abuelos) sirven para que los herederos del plan de Hamán (aquel funcionario persa del relato de Esther que planificó el exterminio de los judíos) oscurezcan el cielo con nuevas flechas de un mismo y antiguo (¿eterno?) odio, con la intermediación y complicidad por acción y/u omisión de medio mundo. Como para asombrarse que los judíos siempre respondamos a una pregunta con otra: ¿Hay acaso alguna respuesta?

 
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