Por Israel
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| sábado octubre 12, 2019
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JUKAT 5779


B’H

A Moshé se le enseñan las leyes de la Vaca Roja, cuyas cenizas purifican a una persona que fue contaminada al ponerse en contacto con un cadáver.

Luego de 40 años de viajes a través del desierto, el pueblo de Israel arriba al desierto de Zin. Miriam fallece. El pueblo padece sed. Di-s dice a Moshé que hable a una piedra y le ordene dar agua. Moshé se enoja con los rebeldes Israelitas y golpea la roca. Fluye agua, pero Moshé es informado por Di-s que ni el ni su hermano Aharón ingresarán a la Tierra Prometida.

Aharón fallece en Hor HaHar y su hijo, Elazar, lo sucede en el puesto de Sumo Sacerdote.

Serpientes venenosas atacan el campamento Israelita luego de otra erupción de descontento en la cual la gente «habla contra Di-s y Moshé»; Di-s ordena a Moshé colocar una serpiente de cobre sobre un palo alto, y todo el que observe hacia lo alto será curado. El pueblo canta una canción en honor al pozo milagroso que les proveyó agua en el desierto.

Moshé lidera al pueblo en las batallas contra los reyes emorreos Sijón y Og (que buscan impedir el paso del Pueblo Israelita por sus territorios) y conquista sus tierras, que se encuentran al este del río Jordán.

 

QUE APRENDEMOS DE LA VACA ROJA

Las leyes referentes a la Vaca Roja son realmente extrañas y paradójicas. El que sacrificaba al animal, el que lo carneaba, el que lo quemaba y el que juntaba sus cenizas quedaban impurificados hasta la tarde. Sin embargo esas cenizas servían para purificar al que había quedado impuro.

¿Qué nos quiere enseñar la Torá con esto? ¿Cuál es el objetivo de que los que participan en esta tarea resulten impurificados para que los impuros recuperen su pureza?

De aquí aprendemos que si vemos a alguien que necesita ayuda, debemos ayudarlo, sin que nos importe el precio que debamos pagar. Los que preparaban la vaca podían argüir que no tenían por qué impurificarse para purificar a los que, por descuidados, habían quedado impuros. Sin embargo no rehuían su tarea. Eso es lo que debemos hacer nosotros. Ayudar a nuestros hermanos sin tener en cuenta el sacrificio que esto pueda requerir de nosotros. Esto es un “Jukat HaTorá”, un principio básico de la Torá, el amor al prójimo y la solidaridad con nuestros hermanos en desgracia. Hay un viejo dicho: “Dale hasta que duela”. Lamentablemente son muchos que dan cuando duele, y son pocos los que dan hasta que duela. La Vaca Roja nos enseña a ayudar a otros aun si nos duele.

 

GUIMEL TAMUZ

 

El día tres de Tamuz (este año el Shabat 6 de julio) se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento del Rebe Rabí Menajem Mendel Schneerson Ztz´´L. En su honor  he aquí algunas de sus reflexiones:

 

JUTZPÁ

Una de las señales citadas por el Talmud como indicio de la inminente llegada del Mashíaj, es una generación notoria por su descaro y atrevimiento: “La jutzpá aumentará… los jóvenes avergonzarán a sus mayores… un hijo deshonrará a su padre, una hija se rebelará contra su madre…” Dado que estas señales ya se han cumplido todas, y más que cumplido, y aun la redención no ha llegado, sugiero que hagamos un uso positivo de la jutzpá con la que nuestra generación fue bendecida. Demandemos en forma atrevida a Di-s, sin vacilaciones, que dado que todos los plazos para la redención han pasado, El debe enviar inmediatamente al Redentor. Di-s ciertamente se complacerá con nuestra “audacia” y traerá la largamente esperada era de paz universal y perfección divina al mundo.

 

CRÍTICA

Si ves algo que necesita ser reparado y sabes cómo repararlo, entonces has encontrado una parte en el mundo que Di-s ha dejado para que tú la perfecciones. Pero si sólo ves lo que está mal y lo que es feo, entonces eres tú mismo quién necesita reparación.

 

EDUCACIÓN

En un árbol maduro, un corte aquí o una rama quebrada allá es de poca o ninguna consecuencia. Pero el rasguño más pequeño en la semilla, o la más mínima mella en el árbol joven, resulta en una deformidad irreversible, en una falla que las décadas por delante profundizarán en vez de borrar. Por lo tanto se requiere gran cuidado y vigilancia en la educación de los jóvenes. Los valores impartidos al niño deben ser impecables, libres de ni siquiera la más mínima y “perdonable” mancha.

 

EL HOLOCAUSTO

¿Qué mayor engreimiento, y qué mayor crueldad, puede haber que dar una “razón” para la muerte y tortura de millones de hombres, mujeres y niños inocentes? ¿Podemos presumir que una explicación, suficientemente pequeña para entrar dentro de los límites de la razón humana, pueda explicar un horror de tal magnitud? Sólo podemos conceder que hay cosas que están más allá del conocimiento limitado de la mente humana. No es nuestra tarea justificar a Di-s en esto. Sólo Di-s puede contestar por qué El permitió que sucediera. Y la única respuesta que aceptaremos es la inmediata y completa Redención que borrará para siempre el mal de la faz de la tierra y dará a luz la bondad intrínseca y la perfección de la creación de Di-s.

Están aquellos que argumentan que el Holocausto refuta la existencia de Di-s o Su providencia sobre nuestras vidas. Pero si hay algo que el Holocausto ha refutado definitivamente, es cualquier posible fe en una moralidad basada en el hombre. En la Europa de pre-guerra, era el pueblo alemán quien ejemplificaba la cultura, el avance científico y la moralidad filosófica. ¡Y ese mismo pueblo perpetró las más viles atrocidades conocidas en la historia de la humanidad! Por lo menos, el Holocausto nos ha enseñado que una existencia moral y civilizada es posible sólo a través de la creencia y la aceptación de la autoridad Divina… Pero la cosa más importante sobre el Holocausto no es cómo lo entendemos, ni tampoco cómo mantenemos la memoria de sus víctimas, sino qué hacemos al respecto. Si permitimos que el dolor y la desesperación nos desalienten de formar una nueva generación de judíos con un fuerte compromiso con su judeidad, entonces la “solución final” de Hitler se habrá cumplido, Di-s libre. Pero si reconstruimos, si criamos una generación orgullosa y comprometida con su judeidad, habremos triunfado. El Pueblo Judío ha sido tan seriamente diezmado que cada uno de nosotros vale, y vale el doble.

 

IDENTIDAD JUDÍA

El secreto de nuestra existencia está en que somos “un pueblo que mora solo” (Números 23:9), un pueblo que cree en un único Di-s, y vive su vida de acuerdo a la única Torá, que es eterna e incambiable. Nuestra independencia de pensamiento y conducta no es nuestra debilidad sino nuestra fortaleza. Sólo de esta forma podemos cumplir con nuestra función como nos fue impuesta por el Creador, es decir, ser “un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxodo 19:6), y una fuente de bendición para toda la humanidad.

 

LA TIERRA DE ISRAEL

Di-s le ha permitido al Pueblo Judío vivir como soberano en la Tierra Santa, el lugar de nuestros antepasados, la tierra prometida por Di-s a los judíos. Esta realidad pone una carga especial y un privilegio sobre los ciudadanos de Israel y sus gobernantes: preservar la integridad judía del país. Su sistema educativo debe estar fundado e inspirado por valores judíos y tradición judía para que sus ciudadanos crezcan para ser orgullosos guardianes de su herencia judía. En sus relaciones con otras naciones, aquellos responsables de representar su gobierno en asuntos externos deben sostener orgullosamente su orgullo judío y tradiciones. Esto ciertamente mejorará la estima con la que Israel será considerado…

(Extraído de www.es.chabad.org)

 

 
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