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| viernes octubre 11, 2019
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Los Jázaros: Judaísmo, intercambio comercial y visión estratégica sobre las llanuras euro-asiáticas


Aprovechar las tierras euro-asiáticas siempre ha sido un tema difícil. Los jázaros, pueblo a la sombra de las llanuras convertidos al judaísmo hace muchos siglos, se destacan como un ejemplo excepcional de cómo la geografía, la economía y la religión pueden ser utilizadas para promover los intereses geopolíticos.

Imagen: Fortaleza Jazar en Sarkel (Belaya Vyezha, Rusia). Fotografía aérea de excavaciones realizadas por M. I. Artamanov en los años 1930. Imagen del dominio público vía Wikipedia

Halford Mackinder, padre de la geopolítica, quien expuso el concepto de un lugar central que abarca el centro y norte de Eurasia, sostuvo que Rusia fue la primera potencia en lograr aprovechar el poder de la geografía y la economía al norte de Eurasia. Los jázaros, pueblo a la sombra que existió mucho antes del actual estado ruso moderno, puede que difieran.

Los jázaros eran vecinos de dos potencias mundiales: Bizancio y el califato islámico. En la época del unido y relativamente fuerte imperio islámico (en los siglos VII al X) que dominó el vasto territorio desde España hasta Asia Central, los jázaros, pueblo nómada de las llanuras euro-asiáticas al norte del Cáucaso y el territorio norte del Mar Caspio, crearon un vasto y poderoso estado.

Informes presentados por historiadores y geógrafos islámicos, así como también evidencias arqueológicas sugieren que, junto al nomadismo, la agricultura se encontraba muy extendida entre los jázaros y estos podían producir bienes. Estos detalles sugieren ser un pueblo bastante discreto a la par de otros pueblos nómadas en el pasado.

Sin embargo, una mirada más cercana a los jázaros (cuyo idioma y origen étnico permanecen a la sombra) sugiere que eran bastante más interesantes como actores geopolíticos. Su comprensión del espacio geográfico y su capacidad para aprovechar la potencia de sus tierras les permitió mantenerse relevantes durante muchos siglos. Además, su política religiosa – eligieron el judaísmo como su religión de estado – fue notable, ya que vivían cercanos a un mundo islámico condescendiente hacia otras religiones.

Pero comencemos con su gran conocimiento geográfico y su impulso en utilizar la geografía para el avance de los intereses de su estado. Los jázaros construyeron su estado en el entrecruce de dos rutas comerciales estratégicamente importantes. Una desde el Mar Báltico al norte de Eurasia hasta llegar al Cáucaso, el Mar Caspio y el Cercano Oriente. La otra iba desde Asia Central (Khwarazm) hasta la actual Ucrania y los territorios al oeste de Rusia.

Los jázaros se ubicaron así en un importante punto de tránsito. Comerciantes, ambos musulmanes y judíos del Cercano Oriente, Asia Central y tierras que ahora pertenecen a Rusia y Ucrania visitaron Jazaria y su capital Itil, sobre el Río Volga.

Es sorprendente lo bien que los jázaros entendieron y utilizaron la geografía para alcanzar sus objetivos económicos y políticos. Se las arreglaron para controlar los principales ríos de la región: el Volga, el Don y varios estuarios que corrían en dirección a ellos. Construyeron fortalezas y recaudaron impuestos en las principales entradas y salidas de los ríos.

Además, los jázaros estaban en contacto con el Mar Báltico e incluso con Europa oriental y occidental. El geógrafo del siglo IX Ibn-Khordadbeh relató que los comerciantes judíos de Andalucía (España) visitaron tierras jázaras. El comercio fue tan activo que se han encontrado millones de monedas en tierras al norte de los mares Caspio y Negro.

El pensamiento geopolítico de los jázaros también fue visible en su deseo de controlar los cruces estratégicos y ciudades como por ejemplo Daruband, entre las montañas del Cáucaso y el Mar Caspio, al punto donde el paso se hacía más estrecho hasta llegar a solo tres kilómetros.

Estas acciones estratégicas de los jázaros los llevaron a confrontar el imperio islámico, que también aspiraba controlar cruces clave, carreteras y rutas comerciales transcontinentales.

Al oeste, alrededor del Mar Negro, los jázaros se vieron enfrentando a los bizantinos, quienes también aspiraban a controlar el comercio y las fortalezas estratégicas alrededor de dicho mar. Sin embargo, debido a que los musulmanes habían salido victoriosos en gran medida en su lucha contra los bizantinos, este último decidió aliarse con los jázaros, utilizando la lógica de que una alianza bizantina-jázara sería demasiado para los musulmanes desde un punto de vista estratégico.

El imperio islámico muy probablemente estuvo de acuerdo con tal evaluación, que probablemente explica el por qué estableció una paz repentina con los jázaros en el año 750, cuando los abasíes llegaron al poder y trasladaron la capital imperial desde Damasco hacia Bagdad.

Los bizantinos y los musulmanes se vieron encerrados en una batalla con los jázaros por una alianza estratégica. Ambas partes crearon herramientas económicas y religiosas en sus intentos por influir sobre los jázaros.

Sorprendentemente, los jázaros respondieron al doble cortejo de los imperios cristiano e islámico tomando la decisión estratégica de no adoptar ninguna de sus religiones, sino convertirse al judaísmo. Esta decisión sugiere que el pensamiento estratégico de los jázaros se extendió mucho más allá de la geografía y el intercambio comercial.

Los viajeros musulmanes a Jazaria, así como también los historiadores y geógrafos musulmanes, tomaron nota de la inteligencia de esta elección sobre una religión de estado. El estado judaista fue muy tolerante con los extranjeros, así como también con las religiones locales y del mundo. El sistema judicial de los jázaros consistía en “jueces” judíos, musulmanes, cristianos y paganos quienes juzgaban casos relacionados con desacuerdos importantes.

El entendimiento de la geopolítica por parte de los jázaros se manifestó en su impulso por dominar los corredores fluviales, militares y de comercio de tierras y relacionar la geografía con la economía. Alcanzaron un poder geopolítico significativo al establecer sabias alianzas estratégicas con el fin de contrarrestar las influencias militares, económicas y religiosas bizantinas e islámicas.

 

Emil Avdaliani enseña historia y relaciones internacionales en la Universidad Estatal de Tbilisi y en la Universidad Estatal de Ilia. Ha trabajado para varias empresas consultoras internacionales y actualmente publica artículos sobre desarrollos militares y políticos dentro del antiguo espacio soviético.

Traducido por Hatzad hasheni

 
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