Por Israel
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| viernes octubre 11, 2019
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¿Qué le sucedería a Israel si Estados Unidos e Irán se enfrentan en una guerra?


Ante los temas centrales de paz y seguridad, deben hacerse dos preguntas que están estrechamente relacionadas: 1. ¿Qué tiene en mente Donald Trump respecto a cualquier posible conflicto armado con Irán?; 2. ¿Qué pudiera presagiar tal posibilidad para Israel?, siendo este un aliado incondicional de los Estados Unidos. Las respuestas a estas preguntas deben ser puestas más allá de las simplificaciones estrictamente partidistas. Estas deberían verse sutilmente matizadas y superpuestas.

Mínimamente, una vez se inicie una guerra, las fuerzas armadas israelíes (FDI) podrían involucrarse en ella, posiblemente en un grado sustancial. En el peor de los casos, los enfrentamientos involucrarían armas no-convencionales y afectarían directamente a la población civil en Israel. Lo peor del caso es que pudieran involucrar artillería nuclear.

Durante la etapa en que Israel sigue siendo la única potencia nuclear regional, una guerra estadounidense con Irán pudiese provocar amenazas israelíes de disuasión nuclear y/o represalias israelíes a nivel nuclear al daño infligido por el enemigo. Para Israel, tales amenazas o represalias pudieran ser totalmente racionales.

¿Cómo pudiera desarrollarse una situación tan peligrosa? ¿Como un evento repentino e inesperado de espasmos violentos? ¿En incrementos difíciles de comprender? Creíblemente, tal vez, una “guerra colateral” sería para Israel como un hecho catastrófico consumado, una beligerancia múltiple que hace que incluso los preparativos de seguridad más completos en Jerusalén se vean totalmente inadecuados. ¿Qué sucedería entonces?

La única respuesta significativa a tal pregunta debe ser una afirmación sincera de imprevisibilidad estratégica. En las ciencias y matemáticas, las declaraciones de probabilidad deben ser extraídas sistemáticamente de los eventos pasados más ​​relevantes. El desafío radica en el hecho que en los temas estratégicos que actualmente enfrentan Estados Unidos e Israel, no existen eventos pasados ​​relevantes.

Existen más estrategias por el cual reflexionar. Al escribir estas líneas, Donald Trump no ha revelado ninguna doctrina militar. En consecuencia, si este presidente estadounidense se enfrenta a una guerra “sin doctrinas” lanzada contra Irán, ya sea como un primer ataque defensivo o en represalia, los altos estrategas en Israel necesitarían diseñar sus correspondientes doctrinas partiendo de cero. Inevitablemente, tendrían que proceder sin el beneficio de tal histórica información.

¿Cómo debería Jerusalén intentar anticipar ataques iraníes directos o indirectos contra objetivos israelíes? Como pregunta precedente, ¿cómo deberían aquellos responsables por la toma de decisiones israelíes identificar mejor cuál de estos objetivos vulnerables debería ser considerado de “alto valor”? En 1991 y en el 2014, la ultrasensible instalación nuclear israelí en Dimona fue atacada y agredida por cohetes y misiles provenientes de Irak y Hamás, respectivamente.

En una guerra contra Estados Unidos, Teherán probablemente consideraría realizar ataques directos contra objetivos israelíes seleccionados tales como “represalias” apropiadas contra los ataques por parte de los estadounidenses, ya sea que esos ataques fuesen o no en respuesta a un inicio de hostilidades por los iraníes. Las fuerzas iraníes podrían obtener acceso operativo a cohetes hipersónicos o misiles y la capacidad de Israel para derribar tales vehículos hipersónicos (HGV) y/o misiles de crucero hipersónicos (HCM) pueden que resulte inadecuada.

¿Y ahora qué?

Pudiese esto ser una ventaja percibida por Teherán el ostentosamente arrastrar a Israel hacia cualquier guerra iniciada por Estados Unidos o Irán. Atacar suelo estadounidense sería mucho más difícil para Irán y también sería mucho más probable que esto provoque represalias intolerables. A sabiendas o no, una guerra iniciada por Trump contra Irán fortalecería el poderío militar saudita específicamente y el poderío militar árabe sunita en general. Si bien tal fortalecimiento puede parecer menos siniestro para Israel que una mayor militarización iraní, ese delicado cálculo estratégico pudiera cambiar muy rápidamente.

Si el ejército estadounidense liderado por Trump se viese en una guerra entre dos frentes o de múltiples frentes – un complejo conflicto en el que las fuerzas estadounidenses combatieran simultáneamente en Asia (Corea del Norte) y el Medio Oriente, Israel pudiera muy bien encontrarse inesperadamente combatiendo por sí misma. En tal escenario, los estrategas israelíes tendrían que tener en cuenta que todo el deterioro causado por los enfrentamientos en múltiples frentes pudiera exceder efectivamente la suma de sus partes que la componen.

Esto significa, entre otras cosas, que los estrategas y planificadores israelíes tendrían que seguir siendo sensibles a todos los esfuerzos combinados concebibles. En este sentido de acciones, no hace falta decir que la administración Trump no está acostumbrada para nada en realizar tales cálculos.

Para Carl von Clausewitz, autor del libro On War, el estándar determinante de razonabilidad en cualquier contienda militar siempre debe darse por sentado en sus resultados políticos presumibles. Que un estado quede atrapado en una guerra – cualquier guerra – sin expectativas políticas claras y posibles, el hecho será considerado siempre un error.

Durante muchos más años de los que ya podemos recordar, se han producido guerras estadounidenses inútiles en Irak y Afganistán. Con el tiempo, tanto para los iraquíes como para los afganos, los oasis de estabilidad regional que alguna vez se esperaban retrocederán a lo que el filósofo inglés del siglo XVII Thomas Hobbes llamó una “guerra de todos contra todos”. En el mejor de los casos, lo que finalmente se desvela en estos países gravemente fracturados no será peor que si estas guerras nunca se hubiesen librado.

Este no es un resultado político deseado.

¿No deberíamos preguntarnos ahora, por consiguiente: Deberían los estadounidenses sacrificar tanta sangre y tesoros para poder lograr así un estatus quo ante bellum (estado existente antes de la guerra?

Durante años, con la excepción de Corea del Norte, el principal enemigo doctrinal de Estados Unidos ha cambiado del “comunismo” al “islamismo” o mejor dicho el “yihadismo”. Esta vez, el adversario ideológico es real y no simplemente algo que presume serlo. Es un enemigo formidable, que requiere de un estudio analítico serio – y no respuestas particulares o las ya conocidas intuitivas descargas presidenciales. En ocasiones, una belicosidad real o artificial puede servir a los objetivos de una política de seguridad nacional estadounidense, pero no cuando se encuentra totalmente separada de cualquier fundamento teórico previamente establecido.

El enemigo yihadista de Israel y de Estados Unidos nunca puede ser derrotado totalmente. Es decir, este no será inmovilizado en los campos de batalla militares tradicionales.

Si en algún momento un adversario yihadista aparentemente ha sido vencido por las fuerzas militares estadounidenses en un país u otro, es muy probable que se reagrupe en algún otro lugar. Luego de Irak, luego de Afganistán, incluso después de Siria (que ahora se está convirtiendo con el apoyo de Estados Unidos y Rusia en un régimen genocida que ha sido históricamente hostil hacia Israel), Estados Unidos se enfrentará a adversarios resurgentes en lugares difíciles de manejar y geográficamente lejanos. Estos lugares incluyen a los países de Sudán, Malí, Nigeria, Yemen, Somalia, Egipto y quizás incluso Bangladesh o (en un futuro cercano) “Palestina”.

El presidente estadounidense y su asesor de seguridad nacional hacen sonar las alarmas diarias sobre el tema de Irán y esto después de que Estados Unidos y no Irán, se retiró de un acuerdo legal internacional que fue menos que perfecto, pero era mejor que nada.

Cuando se tienen en cuenta todos estos factores de cruce, un argumento residual permanece (uno que pudiera ser anticipado en Israel) de que una guerra generada por los Estados Unidos contra Irán equivaldría a una prevención anti-nuclear de facto o algún acto de autodefensa “con antelación”. En ese caso, la guerra estadounidense sería ampliamente considerada en Jerusalén como rentable o como de ganancia total. Sin embargo, esta evaluación pudiera muy bien ser más un cumplimiento a los deseos que una seria evaluación estratégica en riesgos y beneficios.

Sería extremadamente difícil para Estados Unidos apuntar sus bombas y misiles de manera efectiva contra la ampliamente dispersa y muy bien protegida infraestructura nuclear iraní. Una guerra de Estados Unidos contra Irán sería, por lo tanto, contraria a los intereses y obligaciones centrales en materia de seguridad nacional para Israel. Garantías a lo contrario por parte de Jerusalén o Washington pudieran ser letales para Israel.

La amenaza proveniente de Irán nunca debería ser tomada como una oportunidad para simplificar la retórica política. En cambio, esta amenaza debería ser evaluada y calibrada dialécticamente, de la manera más confiable posible de acuerdo a los estándares normalmente verificables a la postura estimada del poderío enemigo.

Si, en algún momento durante las negociaciones de la crisis entre Irán, Hezbollah, Israel y los Estados Unidos, un bando u otro le otorga un valor demasiado grande para lograr un “dominio de escalada” y muy poco en consideraciones de seguridad nacional, el conflicto pudiese salirse de control. Tal deterioro sería especialmente preocupante si Israel amenazara o lanzara algunas de sus presuntas fuerzas nucleares. Este es el caso, aun más, independientemente de cualquier apoyo estratégico prometido a Israel por parte de los Estados Unidos.

En resumen: si Israel buscase en Estados Unidos un liderazgo geoestratégico perfectamente capaz (especialmente hoy), estaría asumiendo riesgos de seguridad nacional muy grandes y sin precedente alguno. Como mínimo, Israel posee el derecho incontestable (y también la obligación para con sus propios ciudadanos) de esperar expresiones totalmente descifrables de la doctrina militar estadounidense. A menos que insista más firmemente en mantener este derecho crítico, Israel pudiera muy bien verse obligado a enfrentar resultados en el área de seguridad severamente perjudiciales que pudieran resultar irremediables como irreversibles.

Es hora tanto para Israel como para los Estados Unidos de ser precavidos. Toda perplejidad o incertidumbre centrada en Irán son aguas turbulentas e inexploradas. En principio, tal vez, puede que sean navegables con éxito, pero solo luego de una buena abundancia de aplicaciones a ambos el intelecto y perspicacia.

Traducido por Hatzad hasheni

 
Comentarios

Con toda seguridad seriá dáda la orden de atacárlo, por parte del regimen irani …ese es el mensage en el que vienen insistiendo sus voceros , para los cuales EE UU e Israel son indisociables …

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