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| martes febrero 25, 2020
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MIKETZ-JANUCÁ 5780


B’H

La prisión de Iosef termina cuando el Faraón sueña con siete vacas gordas que son tragadas por siete vacas flacas, y con siete espigas gordas tragadas por siete espigas delgadas. Iosef interpreta los sueños diciendo que significan que siete años de abundancia serán seguidos de siete años de hambruna, y aconseja al Faraón almacenar grano durante los siete años de abundancia. El Faraón nombra a Iosef como gobernador sobre Egipto. Iosef se casa con Asnat, hija de Potifar, y tienen dos hijos, Menashé y Efraín.

La hambruna se esparce por toda la región, y sólo se puede conseguir comida en Egipto. Diez de los hermanos de Iosef vienen a Egipto para comprar grano; el más joven, Biniamín, se queda en casa, porque Iaakov teme por su seguridad. Iosef reconoce a sus hermanos, pero éstos no lo reconocen a él; él los acusa de espías, insiste en que traigan a Biniamín para probar que ellos son quienes dicen ser, y pone prisionero a Shimón como rehén. Más tarde, los hermanos descubren que el dinero que pagaron por sus provisiones les es misteriosamente devuelto.

Iaakov accede a enviar a Biniamín sólo después que Iehudá asume una responsabilidad personal y eterna por el. Esta vez Iosef los recibe amablemente, libera a Shimón, y los invita a una elegante comida en su casa. Pero luego introduce su copa de oro, supuestamente imbuida de poderes mágicos, en la bolsa de Biniamín. Cuando los hermanos parten a la mañana siguiente hacia su casa, son perseguidos, revisados y arrestados cuando se descubre la copa. Iosef ofrece liberarlos y retener sólo a Biniamín como su esclavo.

 

UNA LUZ ETERNA

Hace 2.200 años el Imperio de Alejandro era dividido entre sus generales a la muerte de éste. Seleuco queda con la parte de Siria, que abarcaba también la Tierra de Israel, fundando la dinastía de los Seléucidas.

Sabemos que los griegos eran amantes de la filosofía y por este motivo admiraban la Torá, pero sólo como obra filosófica de alto contenido moral, despojándola de cualquier otro significado. Lamentablemente muchos judíos, los “helenistas”, adoptaron esta forma de pensar de los griegos y se asimilaron a su cultura. Pero no eran tan numerosos como los griegos deseaban, así que decidieron prohibir las prácticas religiosas judías. Profanaron el Sagrado Templo de Jerusalén, impurificando especialmente todas las vasijas de aceite para encender la Menorá que hallaron. ¿Por qué precisamente el aceite de la Menorá? Sabemos que el alma del judío es comparada a la luz de una luminaria que no sólo disipa las tinieblas, sino que tiende a elevarse. Los griegos buscaron que esa luz se apagara. Ellos no buscaron exterminar el cuerpo del pueblo judío, sino su alma. Pero no tuvieron éxito. El Templo volvió a ser consagrado y se encontró aceite puro para reencender la Menorá.

Cada año nosotros encendemos las luminarias de Janucá en recuerdo de estos hechos. Sabemos que a pesar de los “helenistas” que surgen en todas las épocas, y los “griegos” de todos los tiempos que quieren transformar a nuestra Torá en una simple filosofía, despojándola de su contenido Divino, la luz de la janukiá se va incrementando día a día, hasta llegar al octavo día de Janucá, cuando brilla con todo su esplendor. Y así es el alma del pueblo judío. A pesar de las tinieblas que lo rodean, su luz se va haciendo más y más brillante, hasta que llegará a la plenitud, con la llegada de nuestro Justo Mashíaj, quien encenderá la Menorá en el Bet HaMikdash para iluminar al mundo entero y disipar las tinieblas del Exilio definitivamente.

 

La responsabilidad por el mundo

Las luces de Janucá deben iluminar la oscuridad de “afuera”

Por Tali Loewenthal

 

Hay una situación que se ha repetido muchas veces en la historia del pueblo judío: el poder dominante no judío le otorga a un judío sabio el puesto de consejero o administrador. La lectura de esta semana de la Torá, Miketz, cuenta sobre el nombramiento de Iosef como virrey de Egipto, cargo que lo hacía responsable por el almacenamiento y la distribución de los granos.

Más adelante en la Biblia, el libro de Daniel cuenta del plan del gobernador de Babilonia para hacer que llevaran al palacio a un grupo de niños judíos. Su idea era que se convirtieran en un grupo de consejeros judíos que lo ayudaran a gobernar el territorio. El mismo Daniel era el líder de su grupo.

Los judíos a menudo tenían ese tipo de cargos en la España medieval. Un ejemplo entre muchos es el de “Semuel el Príncipe”, quien ayudaba al gobernador de Granada en el siglo XI. Semuel fue general de un ejército, y también escribió una introducción al método del Talmud, que aparece impresa en la edición estándar.

Es natural que un desafío para los que están en este tipo de puesto sea esforzarse por mantener su propio nivel de cumplimiento de las prácticas y de la vida judía.

Por eso, en el caso de Daniel leemos de su insistencia en disponer de comida casher en el palacio de Babilonia. Daniel se resistía a comer la carne o a beber el vino, y pedía comida vegetariana. El sirviente a cargo de su comida no estaba muy contento con esto: si Daniel y sus amigos no tenían un aspecto saludable, ¡el sirviente mismo sería condenado a muerte! “Probemos mantener una dieta vegetariana durante diez días”, pidió Daniel. El resultado fue exitoso: Daniel y sus amigos se veían más saludables que los otros jóvenes, y desde entonces les dieron sólo comidas vegetarianas.

Otro desafío es la necesidad de intentar elevar el estándar moral y religioso del país. En el pasado ha habido intentos: por ejemplo, los rabinos nos dicen que Iosef buscaba introducir en la sociedad politeísta egipcia la creencia en un solo Di-s. Sin embargo, esto tuvo un efecto muy limitado.

En nuestro tiempo más que nunca antes, casi todos los judíos tienen la oportunidad de hacer el intento y buscar transmitir los Siete Preceptos de las Naciones, las enseñanzas básicas universales del judaísmo. Al asumir esta responsabilidad por la sociedad en general comenzamos a cumplir con lo que la Torá nos demanda como individuos y como judíos, como el Pueblo Elegido.

Esto se relaciona con el tema de Janucá. El Talmud nos dice que las velas de Janucá deberían encenderse “a la entrada de la casa, del lado de afuera”. Por varias razones, en general esta no es la costumbre fuera de Israel. Sin embargo, muchas personas tienen la costumbre similar de poner el candelabro de Janucá en la ventana, y la gran janukiá (la menorá de Janucá) pública se ha convertido en un elemento común de la mayoría de las comunidades judías alrededor del mundo.

Se supone que las luces de Janucá deben iluminar la oscuridad de “afuera”. Por dentro, la casa es sagrada. El “afuera” sugiere lo contrario. Las luces de Janucá transforman el afuera y lo iluminan en un sentido espiritual. Lo hacen a través de su aumento constante: una luz la primera noche, dos la segunda, y así. Esto también expresa el poder que el individuo judío tiene para iluminar el mundo, a través de su propio avance personal, paso a paso. Luego, en última instancia, la misma oscuridad terminará por brillar. (www.es.chabad.org)

 

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Comentarios

Jánuca es la única celebracion del calendário hebreo, cuya referencia Bíblica no es tenida como «inspirada» por el judaismo, al ser los libros de los «Maccabim» en los que viene recogida, considerados apócrifos ó deuterocanónicos , algo que no acierto a entender …

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