Por Israel
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| miércoles noviembre 18, 2020
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TOLDOT 5781


B’H

Itzjak se casa con Rivká. Luego de veinte años sin hijos, sus plegarias son respondidas y Rivká concibe. El embarazo es difícil, ya que “los niños se pelean dentro suyo”; Di-s le dice que tiene “dos naciones en su vientre”, y que su hijo menor prevalecerá por sobre el mayor. Eisav sale primero. Iaakov nace tomando el talón de Eisav. Eisav crece para ser un “cazador, un hombre del campo”; Iaakov es un “hombre simple”, un habitante de las tiendas del estudio. Itzjak prefiere a Eisav, Rivká a Iaakov. Volviendo exhausto y hambriento del campo luego del día de caza, Eisav vende a Iaakov los méritos que le corresponden como primogénito por un guiso de lentejas rojas.

En Grar, en la tierra de los Filisteos, Itzjak presenta a Rivká como su hermana, por temor a ser asesinado por alguien que desee la belleza de Rivká. Trabaja la tierra, destapa los pozos que su padre Abraham cavó y cava una serie de nuevos pozos de agua: sobre los dos primeros hay una lucha contra los Filisteos, pero las aguas del tercer pozo son disfrutadas con tranquilidad.

Eisav se casa con dos mujeres hititas. Itzjak, que había envejecido y estaba ciego, expresa su deseo de bendecir a Eisav antes de su muerte. Mientras Eisav sale a cazar para preparar la comida preferida de su padre, Rivká viste a Iaakov con la ropa de Eisav, cubre sus brazos con piel de cabra para simular a su velludo hermano, prepara un plato similar y envía a Iaakov hacia su padre. Iaakov recibe la bendición de su padre para tener “el rocío del cielo y lo mejor de la tierra” y para gobernar sobre su hermano. Cuando Eisav vuelve y el engaño es revelado, todo lo que Itzjak puede hacer por su hijo es predecir que vivirá por su espada y que, cuando Iaakov descienda, Eisav subirá. Iaakov deja su casa hacia Harán para escapar de la ira de Eisav y para encontrar una esposa en la familia del hermano de su madre, Laban. Eisav se casa con una tercera mujer, Majlat, la hija de Ishmael.

 

Mostrando Respeto Respetuosamente

El respeto de Esaú por su padre era legendario. Esperaba a su padre vestido con prendas especiales. Cuando decidió matar a Jacob, se abstuvo de hacerlo a pesar de su furia inmensa para no causar dolor a su padre. Cuando escuchó que sus esposas cananeas disgustaban a sus padres, no perdió tiempo en casarse con su prima.

Sin embargo, la reverencia de Esaú por su padre no le impidió que le hablara en forma irrespetuosa, diciendo “Mi padre, levántate”. En cambio, su hermano Jacob cortésmente le pidió a Isaac “Por favor, levántate”. Similarmente, Esaú se refirió más tarde a la muerte de su padre Isaac en términos duros diciendo “Los días de duelo por mi padre pronto estarán aquí.” Podemos aprender del comportamiento burdo de Esaú que una faceta esencial en hacer lo que es correcto es hacerlo de una manera amable y considerada. Por ejemplo, las palabras que decimos no solo deben ser significativas y libres de cualquier tipo de conversación prohibida (falsedad, chisme, calumnia, etc.), también deben ser refinadas y delicadas, como fueron las de Jacob. (www.es.chabad.org)

 

¿Cómo será el Zeide de tus nietos?

Por Eliezer Shemtov

La frase que abre la lectura de esta semana, Toldot, llama la atención por su estructura. “Estos son los descendientes de Isaac, hijo de Abraham; Abraham engendró a Isaac.”

¿No es de suponer que si Isaac era hijo de Abraham, fue Abraham quien lo haya engendrado? ¿Por qué tiene que especificarlo?

El comentarista Rashi , basándose en lo que dice el Midrash, explica que debido a que Isaac nació recién cuando Abraham tenía cien años, había burlones que decían que Sara había quedado embarazada del Rey Avimélej quien la había raptado3 . Por eso D-os hizo que la cara de Isaac sea igual a la de Abraham para que no haya ninguna duda que “Abraham engendró a Isaac”.

Otra explicación dice que cuando hablamos de la “descendencia de Isaac”, el futuro del pueblo judío, no alcanza con la primera parte del versículo, “Isaac, hijo de Abraham”, sino que es menester tener también la segunda parte, “Abraham engendró a Isaac”.

Muy a menudo cuando se le pregunta a un judío sobre su judaísmo te responde contándote de su pasado: “Mi padre era un hombre muy religioso”, “Mi abuelo era un rabino en Polonia”, “Mi abuelo fue uno de los fundadores de la Comunidad tal o cual”. Con esto no hay ninguna garantía de “descendencia”, de futuro. En cambio cuando uno responde, “mi hijo es el rabino de la comunidad”, “Mi nieto es un activista en tal o cual comunidad”, “Mi nieta ganó el Jidón Tanaj”, ahí sí que hay esperanza que la cadena milenaria seguirá. Después de todo, la fuerza de una cadena depende del eslabón más débil que tiene. El pedigrí con el cual nací no es indicativo de la fuerza de mi identidad judía; es lo que yo hice y hago, los hijos y nietos que crié, lo que refleja mi condición de judío y con la cual puedo enorgullecerme.

La enseñanza para nosotros hoy en día está más que clara. No podemos conformarnos con que nuestros antepasados hayan sido grandes judíos. Nuestros sabios declaran4 que uno es envidioso de todos menos de sus alumnos e hijos… Así que seguramente estaremos más que felices que nuestros hijos sepan más que nosotros y que sean más fuertes en su judaísmo que sus padres y abuelos.

La manera de lograrlo es asegurando que los hijos tengan una educación judía como D-os manda. Desafortunadamente muchos padres se conforman con que su hijos reciban una educación judía menos que mínima y, como resultado, carecen de los conocimientos y experiencias judíos más elementales. A menudo se descarta dichas experiencias judías como “religiosas” y por lo tanto irrelevantes para los judíos “modernos” de hoy. El tiempo ha demostrado que una educación “judía” sin conocimientos y experiencias religiosas fuertes lleva a la asimilación, la indiferencia y la eventual desaparición.

En un estudio publicado hace poco por el Pew Forum5 , basado en entrevistas con unos 3.475 judíos norteaméricanos, salen unos números que son muy preocupantes por un lado y reconfortantes por otro. Por un lado se ve una tendencia hacia la asimilación, principalmente entre los judíos seculares. Por otro lado vemos la fortaleza que tienen aquellos que han gozado de una educación judía con fuertes bases religiosas.

. El futuro del pueblo judío está en nuestras manos. Los que ya fueron, ya fueron. Los que todavía no están, todavía no están. Nosotros sí estamos. Tanto el sentido del pasado como la situación del futuro dependen de la educación judía que reciban nuestros hijos y del ejemplo que vean en nosotros, sus padres y abuelos.

En 1981 salió una canción que me conmovió de una manera y ahora me conmueve de otra. Se trata de un Zeide (abuelo) y su rol en la educación y cultivación de sensibilidad judía de la familia y como cuando fallece deja un vacío. Termina con las siguientes preguntas:

¿Quién será el Zeidi de mis niños?

¿Quién será su Zeidi sino yo?

¿Quién será el Zeidi de nuestros niños?

¿Quién será su Zeidi sino nosotros?

En aquel entonces era hijo y nieto; ahora que soy padre y abuelo resuena de otra manera… (www.es.chabad.org)

 

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Comentarios

Dos naciones se debatian ya en el vientre de Rivká …una mísma sangre nutriá a los dos hermanos, pero diferentes designios sin embargo les separaba ya … ¿que cabe concluir de todo ello?
que la Eleccion de un linage, obedece a principios espirituales y no de sangre, y que ésta responde finalmente a la Voluntad Divina, pues tal como fue dicho;
«Tendré compasion de aquel que tenga compasion» (Exodo 33/ 19)
y asi mismo; «Amé a Iaakov y aborrecí a Esav» (Malaquias 1/ 2-3)
todo sucede pues con arreglo al principio de eleccion, sin que tal hecho invalide o ponga en entredicho, el juicio último que recibiremos todos en el Dia Postrero con arreglo a nuestras obras ..

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