Por Israel
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| sábado octubre 12, 2019
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La lucha de las iraníes por la libertad


Tres iraníes presas en la célebre prisión teheraní de Qarchak acaban de ser sentenciadas a lo que podrían ser más de 10 años de prisión. ¿Su crimen? No llevar el velo y, por tanto, desafiar el código islámico de vestimenta que rige en el país.

Las tres fueron detenidas luego de que en el Día de la Mujer subieran a las redes un vídeo que se hizo viral y en el que se las veía desveladas en el metro de Teherán repartiendo flores entre las pasajeras. «Llegará un día en el que las mujeres no se vean obligadas a luchar», se oye decir a una de ellas, mientras otra expresa su deseo de que llegue el día en que pueda verse caminar juntas a mujeres con y sin hiyab.

La lucha por el derecho de las mujeres a no cubrirse el cabello llevó a la premiada activista y periodista irano-americana Masih Alineyad –autora de The Wind in My Hair: My Fight for Freedom in Modern Iran («El viento en mi pelo: mi lucha por la libertad en el Irán contemporáneo»)– a fundar un movimiento mediático-social denominado My Stealthy Freedom («Mi Furtiva Libertad»).

Como parte de sus esfuerzos, el movimiento creó el hashtag #WhiteWednesdays (#MiércolesBlancos), para que las iraníes pudieran compartir vídeos y fotos en que se les viera en espacios públicos sin el velo –o luciendo simbólicos velos blancos– y exponer sus puntos de vista sobre los derechos de las mujeres.

Desde su fundación, hace cinco años, My Stealthy Freedom ha recibido miles de fotos y vídeos y conseguido más de un millón de seguidores.

En una reciente entrevista con Gatestone, Alineyad, que vive autoexiliada en Nueva York, declaró:

Desde hace 40 años, las autoridades de la República Islámica utilizan la coerción, los avergonzamientos públicos y la violencia para reprimir a las mujeres. Lo que es diferente ahora es que las mujeres están resistiéndose y demandando sus derechos. Puse en marcha la campaña My Stealthy Freedom contra el uso forzoso del hiyab en 2014, y desde entonces se ha expandido masivamente, con iniciativas como los Miércoles Blancos que provocan quebraderos de cabeza al régimen, porque las mujeres cada vez son más corajudas a la hora de desafiar a las autoridades en pro de sus derechos civiles.

La autoridades de la República Islámica dicen que el hiyab obligatorio es la ley y que la ley ha de ser obedecida. Pero las leyes malas han de ser desafiadas y cambiadas. Hoy, la lucha de las mujeres contra la retrógrada ley del hiyab obligatorio es el mayor desafío que afronta el régimen clerical iraní y, como un río que acaba superando un obstáculo, a esas mujeres no se les podrá detener.

Pero necesitamos el apoyo de la comunidad internacional, que tome medidas y plantee este asunto a las autoridades iraníes.

Sus escritos y su activismo político le han costado caro a Alineyad. Como escribió el año pasado en el New York Times, lleva desde 2009 sin poder visitar Irán, pues teme ser detenida. Asimismo, su familia, que «sigue viviendo en la humilde aldea del norte de Irán en que [Masih] se crió», ha sido sometida a intimidación por el régimen, tanto que su hermana la repudió públicamente en un programa de televisión en horario de máxima audiencia.

En cuanto al interrogatorio de dos horas que sufrió la anciana madre de Alineyad en fechas recientes, Amnistía Internacional ha expresado su preocupación por que, «dado su historial de prácticas abusivas, las autoridades puedan utilizar declaraciones que hiciera bajo presión en futuros vídeos propagandísticos».

Los activistas no violentos por los derechos humanos son a menudo puestos en la mira por el régimen iraní. Así, Akbar Mohamadi, hermano de Nasrín Mohamadi, activista por los derechos de la mujer residente en EEUU, fue detenido durante las protestas estudiantiles de 1999. Akbar fue torturado y finalmente ultimado tras pasar siete años en prisión. Nasrín publicó en 2012 Ideas and Lashes: The Prison Diary of Akbar Mohammadi («Ideas y Latigazos: el diario de prisión de Akbar Mohamadi»), sobre las torturas infligidas a su difunto hermano.

«La violenta represión contra las mujeres es sólo un ejemplo más de la opresión cotidiana que padece el pueblo iraní», ha declarado Nasrín Mohamadi a Gatestone.

El pilar de esta tiranía es la legislación religiosa que el Gobierno lleva imponiendo desde la revolución de 1979. Las mujeres son ciudadanos de segunda, esencialmente son esclavas en Irán. La comunidad internacional ha de tener el coraje de deslegitimar la legislación religiosa y condenarla por su naturaleza tiránica. Así como deslegitimó al comunismo durante la Guerra Fría, el mundo libre ha de hacer lo propio con la ley religiosa.

La comunidad internacional debería igualmente centrarse en Irán, luchar por poner fin a ese régimen y otros similares existentes en el mundo. En lo relacionado con Irán, debería asimismo hacer énfasis en la corrupción, pues la religión es una excusa para quitar poder y dinero al pueblo.

Otra activista iraní residente en EEUU, Nasim Basiri, profesora ayudante en el Departamento de Estudios sobre la Mujer, el Género y la Sexualidad de la Universidad Estatal de Oregón, ha afirmado a Gatestone que, a pesar de los riesgos que entraña, el movimiento feminista está creciendo en Irán. Basiri cree que «las feministas extranjeras pueden ser aliadas y servir de altavoz para las mujeres y los activistas por los derechos de las mujeres iraníes».

Dice más Basiri:

Muchas feministas iraníes creen que las políticas occidentales vienen favoreciendo a la dictadura en Irán, lo cual resulta en un aumento de la violencia política y cultural contra las mujeres. Las iraníes no quieren vivir lo que vivieron las afganas y las iraquíes como consecuencia de las guerras, las cuales no llevan a la liberación y dan excusas a los regímenes autoritarios para silenciar a las mujeres en pro de la protección de la nación y la lucha contra el ‘imperialismo’.

Faranak Rostami, refugiada iraní en Qatar, refirió a Gatestone:

Las iraníes quieren verdaderamente cambiar este régimen por uno liberal. Necesitamos libertad e igualdad de género en todos los ámbitos. Si no, en el extranjero se nos debería conceder el estatus de refugiado.

 

Traducción del texto original: Iranian Women Fight for Freedom
Traducido por El Medio

 
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