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| viernes septiembre 20, 2019
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Un veterano alcalde belga ¿Padrino de la yihad?


Abdelhamid Abaaud (izquierda), al que las autoridades francesas consideran sospechoso de ser el cerebro de los atentados de París del mes pasado, procede –como muchos terroristas europeos– de Molenbeek (Bélgica). Philippe Moureaux (derecha) fue alcalde de Molenbeek durante 20 años, gracias a su alianza con los islamistas radicales.

Traducción del texto original: Longtime Belgian Mayor: A Godfather of Jihad?
Traducido por El Medio

El distrito de Molenbeek, en Bruselas, es considerado la fábrica terrorista de Europa. Al menos tres de los autores de los atentados de noviembre en París procedían de allí: Ibrahim Abdeslam, Abdelhamid Abaaud y Salah Abdeslam, que sigue huido. Pero la lista no acaba ahí. El periódico vienés Die Presse escribe:

«Molenbeek saltó a los titulares por primera vez en 2001: Abdesatar Dahmane, asesino de Ahmed Schah Masud, héroe de guerra afgano y terror de los talibanes, también era un habitual del centro islámico de la rue du Manchester 18, famosa por sus opiniones radicales; también lo era Hasán el Haski, sospechoso de estar tras los atentados de Casablanca (41 muertos en 2003) y Madrid (200 víctimas en 2004). Las armas empleadas en el ataque contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo en enero de 2015 procedían de Molenbeek. El yihadista francés Mehdi Nemouche, que provocó un baño de sangre en el Museo Judío de Bruselas el año anterior, vivía allí. En agosto de 2015, Ayub el Jazani salió del distrito para tratar de atentar contra un tren que efectuaba el recorrido entre Ámsterdam y París».

Los dos yihadistas abatidos en Verviers por la Policía belga en enero procedían de Molenbeek. El terrorista Amedy Coulibaly, que ataco el supermercado kosher parisino HyperCacher también pasó un tiempo en Molenbeek.

La mayoría de terroristas que han aparecido en Europa en los últimos tiempos procede de un único barrio de seis kilómetros cuadrados; una concentración sorprendente. En relación a su población, Bélgica es el mayor exportados europeo de combatientes para el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés). La mayor parte (al menos 48) proceden de Molenbeek. «En vez de bombardear Raqa», dice el periodista francés Eric Zemmour, «Francia debería bombardear Molenbeek».

Más de la mitad de la población de Molenbeek es musulmana; una cuarta parte procede de Marruecos, como los terroristas de París. «Saben, aquí en Molenbeek hay mas mujeres con velo que en Casablanca», afirma un vecino entrevistado por el reportero de investigación Gilles Gaetner, del portal francés de noticias Atlantico. Gartner cree que seguramente sea «una exageración», pero admite: «Cuando se camina por las calles de este distrito bruselense, con sus cerca de 96.000 habitantes, uno tiene una extraña sensación. No es sólo que parezca que ya no se está en el Reino de Bélgica, sino que reina una atmósfera opresiva».

Sólo ahora los periodistas extranjeros están descubriendo Molenbeek. Quienes tienen que vivir aquí llevan mucho tiempo quejándose de las condiciones del distrito. La siguiente cita está tomada de un reportaje de 2011 del semanario belga Le Vif L’Express:

Edificios que amenazan con derrumbarse, esquinas que se convierten en vertederos, un coche que se va oxidando en un aparcamiento: aquí haría falta una reforma urbanística. «Es un distrito de matones. Aquí te dan una paliza por cinco euros», dice Karim. El tendero no está contento. Habla de cómo hace poco tuvo que perseguir, cuchillo en ristre, a un adolescente que le había robado cigarrillos. La escena tuvo lugar a pocos pasos de la estación de metro de Ribaucourt. «La rue Piers no es segura a estas horas», afirma una joven, que se asegura de que después de las 6 de la tarde la acompañen a casa, o si no toma un taxi. Lleva tres años viviendo con unos amigos en un apartamento del distrito, grande y no demasiado caro. «Pero siempre estoy en guardia», comenta. Sobre todo cuando lleva falda. «Insultos, escupitajos, tocamientos: he pasado por eso». Otros vecinos se están mudando. «Robaron en mi casa dos veces en un año», dice un testigo. «Cuando voy al supermercado de la esquina, cierro la puerta dando dos vueltas a la llave y conecto la alarma».

Testimonios de una ciudad con miedo. Al parecer, buena parte de la responsabilidad en ello es de Philippe Moureaux, miembro del Partido Socialista (Parti Socialiste) y alcalde de Molenbeek entre 1992 y 2012. Ante las quejas de los ciudadanos, habitualmente negaba las condiciones insostenibles de la localidad: «Me indigna que la gente se fije en detalles insignificantes y mienta sobre ellos», declaró en el reportaje antes mencionado. Molenbeek «no es el Bronx»; los problemas de criminalidad afectan sólo a un reducido número de calles, dijo Moureaux.

Entonces el alcalde mostró sus verdaderos colores: «Molenbeek es un símbolo que alguna gente pretende destruir. Pero será por encima de mi cadáver». ¿Alguna gente? ¿El alcalde cree de verdad que hay una conspiración contra su miserable distrito? Uno no tiene que escarbar mucho para darse cuenta de que Moureaux, merced a cuya iniciativa Bélgica aprobó una ley antirracismo en 1981, es un antisemita poco corriente, incluso en Bélgica. Al mismo tiempo, resta importancia y apoya la violencia cometida por jóvenes musulmanes, también cuando se ejerce contra judíos.

También se acosó a propietarios judíos de tiendas en otras fechas aparte del Ramadán. En 2008, la revista flamenca Dag Allemaal informó de la existencia en las calles de Molenbeek dejóvenes que gritaban: «Los judíos son nuestros peores enemigos». Solía haber muchas tiendas de judíos en la rue du Prado y en la chaussée de Gand del distrito, pero en 2008, salvo una tienda de muebles, desaparecieron de repente. Y nadie pareció preocuparse por ello, en particular el alcalde Moureaux.En Molenbeek hubo graves disturbios durante el Ramadán de 2009. Jóvenes musulmanes alzaron barricadas con neumáticos en llamas, quemaron coches, lanzaron piedras a los bomberos que acudieron para extinguir los incendios y, armados de piedras y palancas, saquearon comercios. Según informaciones sin confirmar, la Policía recibió esta orden: «No los provoquen, no los registren, no intervengan, incluso si vienen decenas de ellos juntos, no lancen advertencias por acoso, ni siquiera si lanzan piedras contra ustedes».

Ninguno de los judíos quiso hablar con el reportero de Dag Allemaal, por miedo a represalias. La única excepción fue un hombre al que el periódico se refirió como «René». René llevó una barbería en la chaussée de Gand durante más de 30 años. Luego empezaron a producirse una serie de actos violentos. Comenzaron con pintadas en las ventanas de su negocio: Sale youpin («sucio judío»), y otras proclamas antisemitas. Posteriormente, seis jóvenes musulmanes irrumpieron en su barbería, destrozaron el mobiliario y pegaron a René en la cara. Llamó a la Policía. Una hora después, los jóvenes regresaron para castigarlo: le rompieron todos los espejos. A lo largo de más de 35 años René había reunido una fiel y amplia clientela, pero tras el ataque la mayoría de la gente tenía miedo de visitar su negocio. No tuvo más remedio que cerrarlo.

¿Cómo reaccionó Moureaux? Acusando a los judíos belgas de tratar de negar a los musulmanes el derecho a la diversidad. Es lo que dijo en 2008 en el semanario Le Vif L’Express. Se trataba de un reportaje con el título Enquête Moureaux, Shérif de Molenbeek, drogué du pouvoir – Son islamo-municipalisme («El informe Moureaux: el sheriff de Molenbeek, adicto al poder – Su islamo-municipalismo). Lo de «adicto al poder» (drogué du pouvoir)fueron sus propias palabras. El periódico lo describía como «un destacado intelectual, profesor universitario y brillante ministro, que reside en el hermoso distrito de Uccle».

Pero volvamos a los judíos de Moureaux: a los 20 años era marxista, según dijo, y nunca aceptaba el derecho a la diversidad de nadie, pero evolucionó: «Lo que cambió mi mentalidad fueron conversaciones con representantes de la comunidad judía. Ahora me entristece ver cómo niegan a los musulmanes el derecho a la diversidad».

Ese «derecho a la diversidad» no se lo concedió Moureaux a los ciudadanos durante el Ramadán. En un comunicado de prensa con el título «Regulaciones de Ramadán para todos», el alcalde instaba a los ciudadanos en agosto de 2011 a no conducir por las tardes por el centro de Molenbeek durante el mes de Ramadán, porque los musulmanes estaban haciendo sus compras allí.

En enero de 2015, tras la masacre de la plantilla del semanario satírico Charlie Hebdo y el asesinato de cuatro judíos en el supermercado parisino HyperCacher, el alcalde, ahora retirado, concedió una entrevista a Magreb TV, un canal de televisión por internet dirigido a una audiencia compuesta por norteafricanos residentes en Bélgica. Tras hacer un llamamiento a que no se considerara a todos los musulmanes responsables de las acciones de unos cuantos terroristas, se desenfrenó:

«Muchos están interesados en dividirnos. […] Por desgracia, puede encontrarse a esa gente por todas partes. Hay un contagio de los problemas de Oriente Medio, de Oriente Próximo, del problema palestino-israelí, que hace que algunos estén interesados en provocar desacuerdos locales, como reflejo de lo que sucede allí. […] Se dirá que es por parte de ambos bandos. Pero es evidente que están tratando de crear odio a los árabes aquí en Occidente para justificar las políticas del Estado de Israel, políticas que me parecen inaceptables».

¿Se supone que es culpa de Israel que los árabes de Bélgica, especialmente los de Molenbeek, tengan mala reputación? Por desgracia, esta clase de resentimiento antisemita no sólo es típica de Moureaux, sino de todo su partido. En marzo de 2013 los socialistas de Molenbeek invitaron a un evento que llevaba por título «¿Y si hablamos del sionismo libre y tranquilamente?» En la invitación aparecía una caricatura antisemita, al estilo de las de Der Stürmer, realizada por el neonazi árabe Zéon. Tras una serie de enérgicas protestas, los socialistas cancelaron el acto, alegando que el pretendido debate «tranquilo» por desgracia ya no era posible.

Pueden presentarse numerosos ejemplos que muestran el ambiente antisemita que predomina en Molenbeek. En la revista oficial de la localidad, Molenbeek Info, puede leerse un texto en el que el estalinista Partido del Trabajo invita a una celebración en honor de la doctora Hanne Bosselaers, que acababa de regresar de Gaza: «¡Vengan todos!». Tienen que saber que en Molenbeek hay un hospital gestionado por estalinistas llamado «Medicina para el pueblo» (Medécine pour le peuple), que en 2013 inició una asociación con el Hospital Al Quds de Gaza. Por tanto, Bosselaers tenía mucho que contar al respecto. Por ejemplo: «Los palestinos quieren que boicoteemos a Israel».

¿Y que tenía que decir la Dra. Bosselaers sobre Hamás?

«Tras el intento por parte de algunos de nuestros políticos de presentar a la organización de resistencia palestina bajo una luz desfavorable hay un objetivo politico. Algunos círculos siguen señalando el ‘carácter islamico’ de Hamás, con la esperanza de impedir que la población se solidarice con los palestinos. (…) La resistencia palestina es mucho más que Hamás, y depende por completo de los palestinos decidir qué forma de resistencia prefieren emplear contra sus opresores».

Bienvenidos a Molenbeek. El jurista Etienne Dujardin escribió recientemente en el portal de noticias Levif.be que las condiciones de distritos islamistas como Molenbeek, Verviers o Saint Denis también tenían que ver con los deliberados esfuerzos de algunos políticos que encuentran apreciados colaboradores de campaña en círculos radicales islámicos:

«Los partidos han estado practicando una forma de amiguísimo basada en las elecciones; todos empleaban las mismas mezquitas radicales como altavoces para sus campañas electorales. Algunos las consideraban fuentes masivas de votos fáciles».

Y parece que es así como el alcalde Moureaux consideró que podía aprovechar personalmente la transformación de Molenbeek en un bastión de la yihad. Como él vive en un distrito caro, pudo permitirse rechazar con gran arrogancia a los ciudadanos que se quejaban de la excesiva criminalidad. Ganó las elecciones satisfaciendo al islam radical. Una vez más se confirma la regla: cuando alguien instiga contra Israel siempre es síntoma de que en el carácter de esa persona hay otros graves defectos. Tras la agitación antiisraelí de Moureaux hay un alcalde corrupto que sólo se preocupaba de sus cargo y de sus ingresos; que, como él mismo dijo, era «adicto al poder». Que su localidad se estuviera convirtiendo en un infierno de crimen, antisemitismo y sharia, o no le preocupaba o en realidad le venía bien. Quienes huían de Molenbeek ya no podían participar, y a quienes se mudaban allí les gustaba lo que estaba haciendo Moureaux: favorecer la islamización e instigar contra Israel y los judíos. Así es como Molenbeek se convirtió, durante el mandato de sólo un hombre, en lo que es hoy.

 
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