Por Israel
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6 Iyyar 5778 | sábado abril 21, 2018
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Adiós A Un Cronista De Vidas Quebradas

A Aharon Appelfeld


Falleció a los 85 años en Petaj Tikva, el 4 de enero de este año, Aharon Appelfeld, el cronista de un mundo destruido por el Holocausto. Quizás de todas las historias que narró, la más emocionante fue la propia. Nacido en 1932 cerca de Czernovitz, entonces Rumania, enfrentó el brutal peso del nazismo a los ocho años cuando las tropas nazis llegaron a su ciudad. Su madre fue conducida a Auschwitz de donde nunca regresó, y él fue llevado junto con su padre a un campo de trabajo de los colaboracionistas rumanos de los nazis. El niño se las ingenió para escapar y vivió como pastor junto con otros niños errantes. En la última etapa de la guerra fue enrolado como cocinero por las tropas soviéticas. Cuando terminó la guerra, logró llegar a un campo de judíos desplazados que serían llevados a Palestina. En Israel, buscó recuperar los años perdidos durante la Guerra, y su amor al estudio y su sed de conocimientos, le permitieron adquirir no solo un rico conocimiento del idioma hebreo, sino también una profunda cultura literaria y humanística.

¿ Quién fue Appelfeld dentro de su generación? Él se definió a sí mismo con singular claridad. En un diálogo con el gran erudito y Profesor de Literatura Hebrea de Jerusalén, Gershon Shaked (Revista Europe, de octubre 1998, editada en francés en París) dice: “Para mí, escribir es buscar un hogar. Desde que llegué a Israel cuando aún era muy joven, no tenía padres, ni tenía un idioma.  Por ello, la escritura fue para mí una búsqueda de mí mismo.  ¿Quién  soy? ¿ Qué soy?  ¿ Qué hago en este clima tórrido rodeado de extranjeros?   Estas eran las interrogantes que se me planteaban.  En mis primero relatos intenté establecer un diálogo con mis compañeros de exilio. Teníamos el mismo idioma e intenté hablar con ellos, o sea hablar conmigo mismo. Más tarde, tomé conciencia de que eso no era suficiente. Por lo tanto quise explorar el mundo de mis padres, el mundo de los judíos asimilados, de los judíos que reniegan de su identidad, que reniegan de su condición y que, por ello se odian a sí mismos. Entonces comprendí que debía ir más atrás : dos de ellos continuaron observando las tradiciones, mientras los demás se asimilaron. La literatura siempre es un medio para conocerse a sí mismo en profundidad”

Pero Appelfeld no se limitó a escribir sobre sí mismo ni sobre sus raíces. En realidad, fue un cronista de muchas vidas quebradas por el Holocausto. Sin embargo, nunca enfrentó directamente el rostro de la barbarie. Nada de descripciones realistas, ni de documentación del horror. Coincido plenamente con la lúcida observación de la académica española María Encarnación Varela (Historia de la Literatura Hebrea Contemporánea, editorial Mirador, 1992) : “Su prosa se caracteriza por un fuerte tinte impresionista, y un marcado laconismo respecto al Holocausto en sí, es decir, el hecho de la eliminación física y las formas de ejecución de millones de judíos – que serían material para la Historia, no aparecen en su obra, y quizás en ello radique su fuerza.”

Sin duda, esa forma indirecta de referirse al exterminio, de no ser demasiado explícito respecto al pasado de sus personajes y de convertirlos en una especie de “almas muertas” no en el sentido de Gogol, sino como inadaptados que nunca encuentran su lugar en el mundo, es lo que da singularidad a su obra literaria. Por una parte, hay algún eco en su obra de “El extranjero” de Albert Camus y por otra, hay una evidente influencia del universo kafkiano.

Con ello, al llegar a Israel en 1946, el Appelfeld adolescente tuvo las experiencias necesarias para convertirse en un israelí típico: vivió en un kibutz, combatió en la Guerra de Liberación, estudió hebreo intensivamente. Cuando esbozó sus primeros escritos pensó que podría ser otro representante del “ethos” israelí, pero pronto comprendió que esto era imposible. En una conversación con Philip Roth (Publicada en la sección literaria del “New York Times” en 1988) explicó: “La necesidad de ser fiel a mí mismo y a mis memorias de infancia me convirtieron en una persona distante, contemplativa. Mi contemplación me hizo recordar el pasado y por lo tanto me hizo volver a la región en la cual nací y donde estaba la casa de mis padres.”

Appelfeld era un escritor prolífico. Publicó 47 libros de cuentos y novelas. Su último libro “Perplejidad” se publicó en Israel en setiembre de 2017, hace tan solo tres meses. Alcanzó un importante renombre internacional y pese a que le costó mucho obtener el reconocimiento del público y la crítica en Israel, que presionaban por una mayor “israelización” de su temática, el reconocimiento tanto en el país como en el extranjero tardó en llegar pero llegó finalmente. En 1983 obtuvo el prestigioso Premio “Israel”, en 1989 ganó el “National Jewish Book Award for Fiction” de los Estados Unidos y en el 2004 fue galardonado con el Premio Médicis francés.

Quizás su obra más emblemática sea la sátira “Baddenheim 1939” publicada en hebreo en 1978 y traducida al inglés dos años más tarde. Se trata de una “nouvelle” o un cuento largo, que fue calificado por el gran crítico judeo-norteamericano Irwing Howe” como “una pequeña obra maestra”. Appelfeld situó la acción en una localidad de descanso en las afueras de Viena, en la cual judíos tranquilos y despreocupados se divierten, comen manjares, flirtean, esquían y la pasan bien. Pero un siniestro Comité de Salud comienza a interferir en sus vidas. Al principio, con delicadeza más tarde con brutalidad. El Comité de Salud termina enviando camiones con guardias armados que los llevan a un destino desconocido, obviamente aludiendo a campos de concentración. Como colmo de la ironía uno de los personajes señala con despistado optimismo, que, como van por caminos de tierra seguramente irán a un lugar cercano. En el año 2010, el dramaturgo judío británico Arnold Wesker hizo una versión para la escena, con música de Julian Philips.

Appelfeld deja atrás a su esposa de 50 años, Judith, una inmigrante de la Argentina y tres hijos, dos varones y una mujer y tres nietos.

En el caso de Appelfeld su vida imitó a su obra. Este escritor tan autobiográfico y tan motivado por su traumática experiencia vital, nunca fue capaz de escribir sobre uno de los momentos más decisivos y emocionantes de su vida. Su reencuentro con su padre en Israel, a quien había creído muerto en la vorágine del Holocausto.

 

 

 

 

 

 
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