Por Israel
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| miércoles diciembre 4, 2019
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A 45 años del discurso histórico de Arafat en la ONU


Sin la ayuda indispensable de las Naciones Unidas desde fines de la década de 1960 en adelante, es poco probable que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) hubiera logrado dejar de ser vista por la opinión pública mundial como algo más que una banda de extremistas para pasar a ser considerada la “legítima representante del pueblo palestino” y sus miembros “luchadores por la libertad”. La Asamblea General de las Naciones Unidas brindó una áurea de respeto y reconocimiento internacional a la OLP a través de ciertas resoluciones clave, las que, entre otras, confirieron el status de observador permanente a la organización palestina, endosaron su plataforma política, invitaron a su líder a disertar ante la Asamblea General y en general favorecieron la creación de una atmósfera propicia para la aceptación y consecuente legitimación internacional de una organización que entonces clamaba por la destrucción de un estado-miembro de la ONU y practicaba terrorismo indiscriminado a lo largo y ancho del mundo.

Al presentarse como un grupo esencialmente anti-colonialista, anti-racista y anti-imperialista, la OLP se ganó el favor y simpatías naturales de todas las ex colonias que identificaron la causa palestina con su propia lucha independentista, de los países africanos que casi ininterrumpidamente sufrieron el flagelo del racismo y de los estados de Europa y Latinoamérica sacudidos por el fervor anti-imperialista. Estos países pertenecían a bloques regionales, tales como el Movimiento de los No Alineados y la Organización de Unidad Africana entre otros, que brindaron una mayoría automática en la ONU. Este desarrollo fue reflejado en el foro internacional a través de ciertas resoluciones de la Asamblea General, las que gradualmente legitimaron a la OLP dentro del marco del reconocimiento brindado a los “movimientos de liberación nacional”.

El 10 de diciembre de 1969, la Asamblea General adoptó la resolución 2535 B (XXIV), la que por primera vez incorporó la palabra “palestinos” en resoluciones de la ONU (hasta entonces eran definidos como “refugiados árabes”). Dicha resolución se refería explícitamente a los “derechos inalienables de los palestinos” e incluía el derecho a la “autodeterminación”. Cuatro días más tarde, el 14 de diciembre de 1969, la Asamblea General adoptó la resolución 1514 (XV), la Declaración acerca del Otorgamiento de Independencia a Países Coloniales. La misma indicó que “todos los pueblos tienen el derecho a la autodeterminación” y proclamó “la necesidad de finalizar rápida e incondicionalmente el colonialismo en todas sus formas y manifestaciones”. El 4 de noviembre de 1970, la Asamblea General adoptó la resolución 2628 (XXV) que declaró la necesidad de respetar los derechos del pueblo palestino mediante el establecimiento de una paz justa y duradera en el Medio Oriente. Así como “lucha armada” era un eufemismo empleado por la OLP para referirse a los actos de terror contra Israel, “paz justa y duradera” se convirtió desde entonces en un eufemismo de la destrucción de Israel en las Naciones Unidas. Semanas más tarde, el 30 de noviembre de 1970, la Asamblea General extendió la aplicación de la Declaración de Descolonización al problema palestino al reconocer el derecho palestino a la autodeterminación mediante la adopción de la resolución 2649 (XXV). El 8 de diciembre de 1970, la Asamblea General expandió los “derechos inalienables” del pueblo palestino que incluía el derecho a la autodeterminación, en la resolución 2672 (XXV).

La conexión entre las luchas contra el colonialismo y la causa palestina fue reforzada el 14 de diciembre de 1970, cuando la Asamblea General adoptó la resolución 2708 (XX), la que reafirmó el “reconocimiento de la legitimidad de la lucha de los pueblos coloniales y pueblos bajo dominación foránea a ejercitar su derecho a la autodeterminación”. La frase “dominación foránea” fue interpretada como una inclusión de la causa palestina. En tanto que la Carta de la ONU admite el uso de la fuerza por parte de un estado-miembro siempre y cuando sea en auto-defensa, esta resolución ha sido interpretada como la creadora de una nueva categoría de uso “legítimo” de la fuerza contra estados-miembro. El año 1970 fue en el que la Asamblea General adoptó la “Declaración de Principios de Ley Internacional respecto a Naciones Amigables”, la que amplió los derechos de los “pueblos” y restringió los derechos de los estados al afirmar que “todo estado tiene la obligación de abstenerse de cualquier acción forzosa que prive pueblos (…) de su derecho a la autodeterminación, libertad e independencia. En sus acciones de resistencia contra tal acción forzosa en pos del ejercicio de la autodeterminación, tales pueblos tienen el derecho a solicitar y recibir apoyo, de acuerdo con los propósitos y principios de la Carta”.

Jeane Kirkpatrick, ex embajadora norteamericana ante la ONU, opinó oportunamente que con esta declaración la Asamblea General adoptó la posición no solo de que los “pueblos” tienen derechos superiores a los de los estados, sino que aquellos estados que resistan a esos “pueblos” se convierten en el agresor: “la Asamblea General de esta manera subordinó el principio de la ´inviolabilidad soberana´ de los estados a la lucha de ´pueblos´ contra el ´colonialismo´ y puso importantes nuevas restricciones al derecho de los estados a la auto-defensa”. Al año siguiente, el 6 de diciembre de 1971, la Asamblea General respaldó “la legalidad y legitimidad de la lucha del pueblo palestino por la autodeterminación” al adoptar la resolución 2787 (XXVI). En 1973 la Asamblea General adoptó la resolución 3070 que contiene una retórica que parecía tomada directamente de la Carta Nacional Palestina. Los palestinos, afirma la resolución, tienen el derecho a “liberarse de la dominación extranjera y del sometimiento foráneo por todos los medios disponibles incluso la lucha armada”. Toda esta codificación legal en el marco de la Asamblea General de la ONU de una teoría tercermundista de la “lucha contra el colonialismo”, que presenta a los palestinos como un pueblo oprimido en búsqueda de la “autodeterminación nacional” y a Israel como el estado “imperialista” y “opresor”, sirvió para ubicar a la OLP en el lugar de la víctima y a Israel en el papel de victimario.

El zenit de esta política pro-palestina de la ONU se alcanzó con la invitación a Yasser Arafat a disertar ante su Asamblea General, un mes de noviembre como el actual, 45 años atrás.

 
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