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| miércoles noviembre 18, 2020
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Controlando el trabajo de la ONU desde Buenos Aires

¿Quién? Ezequiel Podjarny, un joven judío argentino


Critica a las Naciones Unidas-como lo merecen-pero no quita valor a aquellas partes de su trabajo que aportan al mundo. Condena a los dictadores que la usan, pero también critica a las democracias que no imponen allí los principios debidos. Con solo 25 años, Ezequiel Podjarny conoce al dedillo el trabajo del organismo mundial, las cosas buenas-sí, también las tiene- y las aberraciones. No podía ser de otra manera, al tratarse del representante de la ONG  UNWatch en Argentina.

Esta es la entrevista  que realizamos con Ezequiel, Licenciado en  Relaciones Internacionales de la Universidad Argentina de la Empresa y estudiante de la Maestría en Derechos Humanos en la London School of Economics.  Hace cuatro años que trabaja en UN Watch. De fondo, tiene en su haber cinco años trabajando como líder en la Comunidad Bet-Hilel en Buenos Aires y educación judía toda su  vida hasta la universidad. 

P:  Ezequiel, debo ineludiblemente comenzar preguntándote por tu vínculo con UN Watch. Cuando me dirigí a Hillel Neuer, Director de esta ONG que hace un seguimiento detallado de lo que ocurre en las Naciones Unidas, se disculpó por su agenda tan intensa de estos días de Asamblea General, y te pidió a ti que me concedas la entrevista. Así que es muy importante conocer los detalles que me puedas contar de tu relación con UN Watch,de tu seguimiento de las cosas y tu dominio del tema de la ONU.

R: Mi relación con UN Watch comenzó en febrero de 2016 cuando me aceptaron para hacer una pasantía en la oficina en Ginebra. Estuve dos meses trabajando allá y en julio de ese año me contactaron para que empiece a hacerme cargo del contenido en español, para que tome las redes sociales y la página web que estaban algo abandonadas.

Desde entonces mis responsabilidades  se fueron ampliando y pasé a ser representante de la organización en Buenos Aires. Entablé vínculos con ONGs en Argentina y me reuní con funcionarios del gobierno argentino para transmitirles nuestras propuestas y preocupaciones.

Volví a viajar a Ginebra tres veces desde mi contratación. Participé en la organización de cuatro Cumbres de Ginebra por los Derechos Humanos y la Democracia y en el monitoreo presencial de tres sesiones del Consejo de Derechos Humanos. Pero aún a la distancia, y por mis tareas, sigo todo lo que pasa día a día.

P: ¿Cómo surgió esta relación con Hillel y con UnWatch?

R: UN Watch era importante para mi desde la secundaria. En aquel entonces  participé en un Modelo de Naciones Unidas representando a Israel y, lógicamente, UN Watch fue una de mis fuentes de información. Ya desde entonces tenía la pasantía en UN Watch en la mira, y años más tarde afortunadamente pude cumplir ese sueño.

Hillel Neuer, Director de UN Watch, en la ONU

 

¿Qué hace UN Watch?

P: Creo que es oportuno recordar un poco la historia de esta ong y su labor, en qué consiste exactamente.

R: UN Watch fue fundada en 1993 por Morris B. Abram, que fue activista por los derechos civiles y representante de Estados Unidos ante la ONU en Ginebra, además de una importante voz para las víctimas de violaciones a los derechos humanos en el mundo.

Nuestra misión parte de una creencia firme en la causa y valores que representan las Naciones Unidas. Entendemos que la ONU está basada en principios que son positivos y necesarios para promover un mundo más pacífico, estable y democrático, pero que no se ven reflejados en el trabajo de la organización.

Por eso, monitoreamos a la ONU tomando como parámetro los estándares de sus propios documentos fundacionales, y nos centramos en el Consejo de Derechos Humanos para dedicarnos principalmente a la causa de las libertades fundamentales. El Consejo, lamentablemente, es uno de los organismos que más se ha alejado de su misión y de sus principios.

P: Un Watch condena, ilumina problemas, esclarece ¿Pero también logra cambiar actitudes, cambiar votaciones? ¿Tiene un contacto con gobiernos o sólo publica lo que ocurre en las instancias de la ONU?

R: Por supuesto. Parte de nuestro trabajo consiste en hablar directamente con aquellos que están en posiciones de poder, especialmente con representantes de países democráticos que defienden los derechos humanos y que comparten nuestros principios.

Varias resoluciones que se han aprobado en el Consejo de Derechos Humanos se han redactado en base a propuestas de UN Watch.

Uno de nuestros mayores logros fue que después de una importante campaña que lideró UN Watch, logramos la expulsión de Libia del Consejo de Derechos Humanos, en ese momento todavía gobernada por Khadafi.

UN Watch denuncia la hipocresía de los miembros del Consejo y sus violaciones constantemente, y aunque a veces parezca que es inútil, siempre es importante que una voz independiente se alce para denunciar la realidad y las injusticias. Todo lo que se dice queda registrado, y todo ayuda a girar la agenda hacia los crímenes de los tiranos.

 

Violando los ideales fundadores

P: Ahora que comenzaron las sesiones de la nueva Asamblea General, con el tono festivo que le da el 75° aniversario desde la fundación, está más claro que nunca que la ONU viola sus propios principios fundacionales. ¿Estoy exagerando?

R: Para nada, es exactamente así. Obviamente la ONU en su totalidad es una organización masiva, con miles y miles de empleados y diversas agencias y foros. En muchos de ellos se hacen muchísimas cosas muy buenas que ayudan a millones de personas.

Pero en las cuestiones de fondo, y especialmente en lo que respecta a los derechos humanos, la ONU claramente ha perdido el rumbo, y muchos crímenes graves y situaciones alarmantes son ignoradas, y los dictadores se sienten muy cómodos en sus bancas.

P: ¿Cómo explicar dónde está el problema central? Israel es el punto más notorio, pero no el único. Pero comencemos por eso. Seguramente tienes números que puedas compartir con los lectores, que dejan en claro lo tendencioso de la ONU. Números de resoluciones y condenas me refiero.

R: Es verdad que Israel no es el único problema, pero refleja perfectamente las problemáticas de fondo.

Más del 40% de las resoluciones condenatorias que ha aprobado el Consejo de Derechos Humanos estuvieron dirigidas exclusivamente a Israel, que cabe recordar que es solo uno de 193 miembros de la ONU. Además, más del 30% de las comisiones de investigación y de sesiones especiales se solicitaron para condenar o investigar de forma tendenciosa a Israel.

Incluso el mandato del “Relator Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos Ocupados” es tendencioso desde el origen. Al relator se lo instruye no a analizar las violaciones de derechos humanos que se cometen, sino solamente las violaciones israelíes, dejando completamente de lado a importantes actores en el conflicto sobre los que pesan graves denuncias de violaciones, como Hamás y la Autoridad Palestina.

Todo esto contradice directamente los principios de igualdad, universalidad y no selectividad del Consejo y de los derechos humanos, que son la base para el trabajo del organismo según su resolución fundacional.

P: Pero el tema, como decíamos,  no es sólo que se señala a Israel sino que se da lugar y respetabilidad a regímenes totalitarios y violadores de los derechos humanos ¿no?

R: Exacto. Hoy en el Consejo tenemos a miembros como Venezuela, electa el año pasado cuando ya había durísimos informes en su contra. Eritrea, que es conocida como la Corea del Norte de África. Junto a otros regímenes ampliamente denunciados como Pakistán, República Democrática del Congo, Qatar y Camerún, entre otros.

Más aún, estamos a punto de ver el retorno aparentemente inevitable de Cuba, China, Arabia Saudita y Rusia, lo que le daría al Consejo una de las peores composiciones de su historia.

Estos países son los que tienen voz y voto en la definición del trabajo del Consejo de Derechos Humanos y de la Oficina de la Alta Comisionada. Toman decisiones importantes sobre definiciones de derechos humanos y pueden bloquear iniciativas de rendición de cuentas e investigación, tal como lo demuestran sus historiales de votación. Es un tema muy serio y con mucho impacto en la vida real, no es solo retórico.

 

Ejemplos duros

P: ¿Cuáles serían los ejemplos más notorios que tú darías de lo ilegítimo del accionar de la ONU?

R: Creo que el Consejo en sí mismo representa muy bien eso. Pero en términos generales, es inentendible que la ONU no pueda ser más contundente con regímenes como China donde más de un millón de uigures hoy están presos en campos de concentración. Este tipo de cosas no pueden ser toleradas, aún cuando se intenta ser diplomático.

No se puede no denunciar a Cuba que ha sido blanco de incontables denuncias de torturas y detenciones arbitrarias, incluso en dictámenes de comisiones de la ONU que han declarado a Cuba culpable en varias ocasiones. Estos son solo algunos ejemplos en los que los principios sobre los que se redactó la Carta de la ONU parecen haber quedado en el olvido.

P: ¿Qué es lo más increíble que has visto o que te consta que ocurre allí?

R: Es una excelente pregunta y me cuesta mucho elegir. Pero creo que los momentos en los que más me he indignado es cuando salen grupos de países a defender a tiranos como el régimen chino. De repente decenas de países firman una carta apoyando a China y uno ve que hay muchísimos países de mayoría musulmana, cuando son musulmanes los que están encerrados en campos de concentración en Xinjiang. Ese nivel de hipocresía es lo que más me cuesta digerir.

Los discursos hipócritas de las dictaduras lamentablemente ya no me impactan. En el Consejo son algo habitual, que de todas formas nos frustran muchísimo, pero escuchar, por ejemplo, a Venezuela hablar sobre su compromiso hacia los derechos humanos son las cosas que nos recuerdan por qué lo que hacemos es importante.

 

¿Y las democracias?

P: De la hipocresía de regímenes asesinos  que apoyan a terroristas, no esperamos nada. Pero ¿cómo puedes explicar la votación de países democráticos que a menudo los acompañan?

R: Sería ingenuo creer que la política y la economía global no tienen nada que ver con lo que pasa en el Consejo. Los derechos humanos son también un fenómeno de la política internacional y se entrelazan. Pero uno espera de las democracias que sean los defensores de los principios fundamentales de los derechos humanos, tanto a nivel nacional como internacional.

Pero lamentablemente, a veces la política o la economía ganan la pelea. Esto se combina con una dinámica de intercambio de votos entre países al interior de la ONU que corrompe el proceso de toma de decisiones, que ya no se basa en la idoneidad de un miembro del Consejo, sino en qué otro foro me van a votar y que puedo ganar si apoyo a una tiranía.

P: ¿Qué se puede decir de América Latina?

R: América Latina cambió muchísimo su dinámica en los últimos años, pero mantiene problemáticas graves.

Hace seis años, una entidad como el Grupo de Lima, con los gobiernos que había en la región, era algo impensable. Eso se traduce también en las posturas en el Consejo de Derechos Humanos, donde son ellos los que redactaron las resoluciones sobre Venezuela por ejemplo (aunque demasiado tarde y sin contundencia al principio).

Lamentablemente, seguimos teniendo mucha falta de acción, especialmente en lo que respecta a Cuba, que hizo todo lo que pudo para construir una reputación de “dictadura buena”, un concepto ilógico. Cuba aprovecha su posición en el Consejo de Derechos Humanos para promover esta reputación y la región lo permite, ya que la elección de los miembros del grupo de Latinoamérica y el Caribe no va a ser competitiva, porque hay tantos candidatos como bancas disponibles.

Hay delegaciones muy activas que trabajan en iniciativas muy positivas, y por lo general los países de la región (con la excepción de Venezuela, Cuba y hasta hace algún tiempo Bolivia) tienden a apoyar los proyectos que denuncian violaciones a los derechos humanos en países específicos. Pero también, tienden a votar consistentemente en contra de Israel, avalando el doble estándar y la estigmatización irracional del Estado judío.

 

¿Sirve la ONU?

P: Por otro lado ¿hay también trabajo serio en la ONU?

R: Claro, esto es lo que comentaba antes, y reconocer esto es parte de la premisa de UN Watch.

Cabe destacar que con esto no solo me refiero a agencias como la ACNUR, la OIM, UNICEF u otras menos famosas que hacen cosas realmente excelentes. Incluso dentro del Consejo y del sistema de derechos humanos hay ejemplos de profesionales rigurosos, honestos y eficientes, como algunos relatores especiales, grupos de trabajo o comités de tratados que han contribuído mucho y que han ayudado a muchas personas.

P: ¿Estás de acuerdo con aquella famosa frase de Ben Gurion “Um Shmum”, como diciendo que la ONU no vale nada? ¿O sí hace cosas valiosas para la comunidad internacional?

R: No quiero faltarle el respeto a Ben Gurión, pero no estoy de acuerdo, y creo que hay que poder reconocer no solo que se hacen muchas cosas buenas, sino también el potencial que tiene la ONU como promotora de paz y estabilidad. No hace falta decir que hoy se encuentra muy lejos de ser el faro de esperanza que pretende – y  que debería – ser. Pero ese potencial es lo que nos motiva a trabajar por que la ONU se acerque más a aquellos valores fundacionales que podrían mejorar la vida de millones.

Israel no tiene mucho que agradecerle a la ONU hoy en día, de eso no hay dudas. Pero Israel no deja de participar en muchas instancias de la ONU por su mala relación con el Consejo de Derechos Humanos. Nuestro trabajo debe ser promover los valores de la democracia y los derechos humanos y no dejar que la manipulación de la misión de la ONU ocurra sin resistencia.

P: Excelente Ezequiel. Sumamente interesante , un enfoque constructivo que no permite perder la esperanza. Sigan haciendo vuestro imponente trabajo. Muchas gracias.

R: A ti por el interés.

 

Semanariohebreojai

 

 
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