Por Israel
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| sábado octubre 12, 2019
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SHOFTIM 5779


Moshé ordena al pueblo de Israel designar jueces y policías en cada ciudad; «Justicia, justicia perseguirás,» les ordena, y deben administrarla sin corrupción ni favoritismo. Los crímenes deben ser investigados meticulosamente y la evidencia examinada a fondo. Un mínimo de dos testigos verosímiles es requerido para condena y castigo.

En cada generación, dice Moshé, habrá personas encargadas de interpretar y aplicar las leyes de la Torá. «De acuerdo a la ley que ellos te enseñarán, y el juicio que te instruirán, harás; no te desviarás de lo que te dirán, ni a la derecha ni a la izquierda».

Shoftím (jueces) también incluye las prohibiciones contra idolatría y brujería, las leyes que gobiernan la denominación de un rey; y las indicaciones para la creación de «ciudades de refugio» para el asesino no intencional. También son explicadas varias de las leyes de la guerra; la excepción de la batalla de quien recién se casó, construyó una casa, plantó un viñedo o es «temeroso y de corazón suave»; la exigencia de ofrecer la paz antes de atacar una ciudad; la prohibición de destrucción injustificada de algo valioso, ejemplificada por la ley que prohíbe cortar árboles frutales durante el sitio de una ciudad.

La parashá concluye con la ley de Eglá Arufá, el procedimiento especial a seguir cuando una persona es asesinada por un asesino desconocido y su cuerpo es encontrado en el campo, que resalta la responsabilidad de la comunidad y sus líderes, no sólo por lo que hacen, sino también por lo que podrían haber prevenido que ocurra.

 

JUSTICIA JUSTA

Parece una redundancia. La justicia debe ser justa, sino no es justicia. Sin embargo no es redundante. Hay una justicia justa: Alguien roba y debe pagar por su robo. El que pide un préstamo debe devolverlo. Eso es una justicia justa.

Pero hay otra justicia que es JUSTA, así, con mayúscula, y es aquella que va más allá del hecho en sí. Es JUSTA cuando va acompañada de JESED, bondad, cuando no sólo ve un delito, sino las circunstancias que llevaron a que ese delito fuera cometido, cuando no sólo ve una deuda impaga, sino la situación financiera del deudor. Esa es la JUSTICIA JUSTA que debemos perseguir.

Dejar entrar al amado

Los maestros jasídicos nos enseñan que el nombre Elul (el mes previo a Rosh Hashaná) es un acróstico de ani le dodi ve dodi li –»yo soy para mi amado y mi amado es para mí»…

Cuando se acerca este mes, siempre me acuerdo que escuchaba este versículo del Cantar de los Cantares los viernes por la tarde en la sinagoga de Kol Shadai, en Jerusalém. Durante muchos años antes de casarme, iba a esta pequeña sinagoga marroquí en Shabat.

Sintiéndome un poco como Alicia en el País de las Maravillas con piernas muy largas y cabello demasiado rubio, llegaba a tiempo para la plegaria de la tarde y escuchar todo el Cantar de los Cantares antes del Kabalat Shabat. Los más pequeños correteaban por ahí, pero no gritaban.

Sus padres tenían jóvenes voces que resonaban muy profundo y sus abuelos, dulces voces maduras. Normalmente los marroquíes cantan al unísono pero aquí, el viernes por la tarde el Cantar de los Cantares y el Lejá Dodi, eran múltiples «solos». Para mí, que venía de una gran ciudad donde los miembros de la sinagoga pagan a su jazán para que la plegaria sea lo más pasiva posible, la espontaneidad de este shil era maravillosa. Me sentía vagando por el Sinai con las voces mezcladas en el viento y desierto.

Nunca me aprendí los nombres de las mujeres, pero había dos que me gustaban en particular. Una era inquieta, con ojos como diamantes y angulosas mejillas. La otra tenía pómulos marcados y mirada dulce. Cuando nos erguíamos para saludar y dar la bienvenida a la Reina Sabática al final del Lejá Dodi, una de ellas caminaba a la puerta abierta con sus brazos extendidos, y besaba la mezuzá. Cuando la Presencia Divina era percibida, toda preocupación y tribulaciones de la semana desaparecían.

Ahora que estoy casada, introduzco Shabat en casa. Cuando llego al último versículo del Lejá Dodi, abro la puerta y beso la mezuzá. Es un momento de amor y paz.

Di-s siempre está con nosotros, pero nosotros no siempre estamos con Él.

Un día especial de la semana, un mes especial del año, nos permite acercarnos y sentir la Divinidad. No importan las preocupaciones ni las ansiedades, si abrimos la puerta, el Amado entrará. (www.es.chabad.org)

 

Un juez imparcial

Por Naftali Silberberg

La parashá de esta semana, Shoftim, siempre es leída en el primer shabat del mes de Elul. Como nada ocurre por accidente, esta parashá debe tener alguna enseñanza importante para implementar en este mes tan auspicioso.

Shoftim significa “jueces”. La Torá nos ordena designar una jerarquía de jueces en cada ciudad y provincia. A nivel literal, este mandamiento se refiere a los jueces que resuelven las cuestiones civiles, penales y religiosas. En un nivel más profundo, sin embargo, este mandamiento, así como sus detalles, tiene un gran significado para cada uno de nosotros y nuestras vidas personales.

Examinemos uno de los detalles de esta ley:

No pervertirás la justicia, no mostrarás favoritismo y no aceptarás el soborno…

Una vez que la Torá ya prohíbe la perversión de la justicia, ¿cuál es la necesidad de prohibir el soborno? ¿Acaso el soborno no es la manera más obvia de pervertir la justicia? Rashi, el prominente comentarista de la Biblia, explica que la Torá prohíbe el soborno, ¡inclusive si el que lo da lo hace con la condición de que el juez imparta un veredicto justo! Pues tan pronto como el juez es “sobornado”, está tentado de actuar en favor de dicha parte y no será capaz de emitir una decisión objetiva. Como continúa el versículo: …porque el soborno enceguece los ojos del sabio. Tan pronto como existe una afinidad entre un juez y uno de los litigantes, este no está capacitado para presidir el caso.

Durante el mes de Elul, cada persona debe juzgar sus acciones y los logros del año anterior. Sin embargo, todos estamos “sobornados” de cierta manera por nuestro amor propio y somos incapaces de hacer una evaluación completamente justa. Por lo tanto, cada persona debe nombrar a un «juez», un mentor espiritual imparcial que pueda emitir una opinión objetiva.

Además, el conocimiento de que al final de cada semana o cada mes tendrá que hablar de sus logros espirituales con otro es a menudo suficiente para colocar a una persona en el camino de la mejoría. Como dijo Rabí Iojanán ben Zakai a sus discípulos: «Si ustedes solo temieran a Di-s tanto como temen a sus semejantes…”. (www.es.chabad.org)

 

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