Por Israel
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| martes abril 14, 2020
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Columnistas sauditas: La epidemia demuestra que la democracia no es sacrosanta


Iran. Coronavirus

La crisis del COVID-19 ha dado lugar a un debate en los medios de comunicación árabes y en especial los medios de comunicación sauditas, sobre un nuevo orden mundial y nuevas formas de gobierno requeridas en un mundo después de la crisis. Muchos artículos en la prensa saudita elogiaron al régimen autoritario de China por su manejo del brote de coronavirus, mientras señalaron el fracaso de los países europeos democráticos para contenerlo rápidamente y su eventual adopción de medidas emergentes que implican limitaciones estrictas a las libertades civiles. Muchos escritores sauditas percibieron esto como prueba al fracaso del sistema democrático y como una oportunidad para rechazar las presiones que Occidente ha ejercido durante tanto tiempo sobre Arabia Saudita a fin de promover la democratización en el reino.

Dado que afecta al mundo entero, los escritores argumentaron, la epidemia pone a prueba los diversos modos y esquemas de gobierno y el mal desempeño de las democracias, cuyos ciudadanos «cayeron como moscas», demuestra que la democracia no es necesariamente una receta de un gobierno efectivo. Algunos de los escritores enfatizaron que diferentes sociedades requieren de diferentes formas de gobierno y que la democracia al estilo occidental no necesariamente se adapta a las sociedades árabes, mientras que los regímenes monárquicos del Golfo, tales como el régimen saudita, demostraron ser exitosos en el cuidado del bienestar de sus ciudadanos en la actual crisis.

Lo siguiente son extractos traducidos de algunos de estos artículos.

Fueron los ciudadanos de las democracias quienes «cayeron como moscas»

El columnista Hamoud Abu Taleb escribió bajo el título «COVID-19 y la prueba moral de los regímenes»: «Así como desafió el conocimiento y el desarrollo de la ciencia y la medicina, el nuevo coronavirus planteó un desafío por igual, no más prominente, a las [habilidades] prácticas y la calidad moral de los regímenes políticos… Esta es la primera vez en el que todos los regímenes [del mundo] se someten a una prueba uniforme [que evalúa] su [trato] a individuos y el valor que estos les otorgan…

«Todos los regímenes están siendo puestos a prueba: el monárquico y republicano, el presidencialista y parlamentario, el capitalista y socialista, el democrático y autoritario. Todos estos nombres y etiquetas han perdido su importancia, en comparación a [un parámetro diferente]: la calidad en los sistemas de salud pública. Ya que la población ahora está interesada en una sola pregunta: ¿qué han proporcionado los sistemas de salud y qué le proveerán al individuo en este desastre que amenaza a la humanidad? Este pequeño virus que cruza continentes ha logrado cambiar las habituales ecuaciones y ahora la gente no desea que sus países presuman ser democráticos, ni sean de participación [política], ni de elecciones libres y otras consignas similares, estos desean un sistema de salud que respete la vida y el derecho de un individuo a recibir la mejor atención posible ante esta epidemia que barre todos los rincones del planeta.

«Muchos regímenes políticos afirman colocar al ciudadano o individuo en el tope de su agenda, pero han fracasado gravemente en la prueba del coronavirus, dejando que todo [ciudadano] enfrente su destino por su propia cuenta, con un tratamiento médico en su mínima expresión. Peor aún, [algunos] países han convertido a las masas en una manada que debe desarrollar inmunidad al virus por sí misma, en lugar de sentirse protegida por los adecuados sistemas de salud. El Viejo Continente, con su noble historia, sus democracias establecidas y sus muchas capacidades, ha sido vergonzosamente impotente y sus ciudadanos han sucumbido [al virus] por miles, cayendo como moscas, una a una, en un corto período de tiempo. Al contrario, un régimen más cercano al socialismo y al comunismo, o al totalitarismo, que Occidente condena, es decir China – ha logrado gloriosamente otorgarle un mayor valor a las [vidas] humanas al dispensar tratamientos médicos [a una escala] sin precedentes en la historia de las epidemias más catastróficas del planeta. Países que surgieron y se desarrollaron recientemente, tales como Arabia Saudita, que se ha enfrentado a muchas críticas, también se convirtieron en modelo para los países [ya establecidos] cientos de años antes en términos de la construcción de sistemas de gobierno, incluyendo el sistema de salubridad y en el cómo gestionar la crisis. El coronavirus expuso las fallas de muchos regímenes, quitó muchísimas caretas y reveló muchas triquiñuelas con las que los regímenes intentaron engañar a su población».[1]

Obligado a refrenar las libertades civiles, Occidente quizás se haya dado cuenta de que existen mejores alternativas a la democracia

Muhammad Al-Sa’ed escribió bajo el titular «El coronavirus le ha dado el golpe de gracia al viejo continente [de Europa]»: «¿Quién podía imaginarse que los líderes de Francia e Italia, John Macron y Giuseppe Conte y de Gran Bretaña y España, se dirigirían a su población y anunciarían medidas de emergencia y restricciones a las libertades individuales sin pasar por los procedimientos [habituales] de legislación y votación? Estas son decisiones mucho más fatídicas que una declaración de guerra, pero la población europea las acepta. De hecho, incluso critica a los gobiernos por retrasar y tomarse mucho tiempo antes de adoptar estas precauciones. Como todos sabemos, este es un golpe a los «valores» que Occidente promocionó constantemente y en los que basó su legitimidad, [pretendiendo ser] aquel que aboga por estos valores y los defiende…

«Cuando renunció voluntariamente a estos derechos, incluso temporalmente, ¿se dio cuenta Occidente de que existen otros [modelos de] gobierno excepto el [democrático], uno en el que los partidos compiten [por el poder], un modelo que no le ha proporcionado [a las población] mejores formas de vida?…

«En el año 2012, el canciller de los Emiratos Árabes Unidos ‘Abdullah bin Zayed tuiteó: «La gente es como una ola. Si te adaptas a ella, te ahogará, si te resistes, te agotará, si le sirves, discutirá contigo. Así que imponles su futuro encadenadas y luego te lo agradecerán…

«El Jeque ‘Abdullah [bin Zayed] no quiso [literalmente] encadenar a la gente y arrastrarla por las calles. Este se refería a que ciertos desarrollos pueden obligar a los estados a fortalecer armar [a su población] y tomar medidas firmes comparables a encadenar [gente] para luego arrastrarlos hacia un lugar seguro. Esto es [necesario] ya que la cultura colectiva generalmente se resiste a obedecer a la autoridad y valora la libertad, la libertad de movimiento y la falta de restricciones…

«La pregunta es si las medidas actuales [que se están tomando] en Occidente anuncian la desaparición de la idea de gobernar a través de elecciones, lo que se considera democracia según los estándares occidentales. ¿Apoyarán los pueblos occidentales la idea de estados [gobernados por] monarquías, o estados nacionales que construyen la patria en lugar de seguir el ejemplo de los partidos [políticos] guerreristas, cuya única preocupación es complacer a sus votantes y sobornarlos para ganar las elecciones? Eso es lo que ha destruido la economía de Europa y lo ha convertido en un continente envejecido. Lo que está sucediendo hoy día es lo más cercano a darle el golpe de gracia a este antiguo continente, con el fin de impulsar la aparición de estados mucho más jóvenes y mucho más vitales dentro de este».[2]

Caricatura en diario saudita: la Unión Europea, combatiendo contra la epidemia, ha dejado relegada a Italia (Makkah, Arabia Saudita, 28 de marzo, 2020)

En tiempos de crisis, las democracias prefieren formas de gobierno centralizadas, tales como la de China

El columnista ‘Abdallah Al-Faraj escribió en el diario Al-Riyadh: «China no solo ha logrado vencer a este monstruo [es decir, el coronavirus], sino que se ha convertido en un modelo que muestra al mundo entero el cómo combatirlo. Por lo tanto, a medida que seguimos los eventos en varios países del mundo, incluso en los países más desarrollados, tales como Estados Unidos, vemos que todos siguen el ejemplo de China, que se ocupó de este monstruo de manera encomiable. Es por ello que Estados Unidos [anunció] un estado de emergencia a fin de otorgarle a la administración del Presidente [Trump] y especialmente al sector de la salud, poderes más amplios y permitir una mayor flexibilidad posible en la lucha contra el coronavirus…

«Esto [demostró] el beneficio del gobierno centralizado y la importancia del sector gubernamental en gestionar la crisis. Vemos que [la necesidad de] abordar la [epidemia] del coronavirus obligó a los gobiernos democráticos a declarar un estado de emergencia para concederse a sí mismos poderes más amplios y mayores. Esto significa, entre otras cosas, que estos países prefieren un gobierno centralizado, o el enfoque chino, en tiempos de crisis.

«Esto da lugar a [la siguiente] pregunta: Si justificamos ampliar los poderes de aquellos responsables de tomar las decisiones en tiempos de crisis, ¿por qué no justificar el [enfoque de] los países en desarrollo que emplean el modelo centralizado para superar [su] atraso e impulsar su crecimiento? ¿Existe algo más importante para un país que lucha contra el declive económico y aprovecha recursos para desarrollar el crecimiento económico?…»[3]

No existe ninguna forma correcta de gobierno; la democracia no se adapta a los pueblos del Golfo

El escritor e investigador saudita Fahed Al-Shoqiran escribió bajo el título «Las monarquías y la realización del concepto de Estado» «Uno de los errores más grandes y más dementes de los intelectuales árabes es su plan de santificar la democracia y establecer una definición específica [a la palabra] ‘libertad’. Los intelectuales y fundamentalistas comparten este [error, ya que ambos] anhelan un régimen democrático que santifique el voto y defina la libertad de una manera específica. [Pero] el mundo árabe ha sufrido bajo los gobiernos de regímenes y democracias republicanas con partidos [políticos] y elecciones, que no sentaron las bases de una cultura uniforme, obtuvieron logros confiables, construyeron una infraestructura digna de orgullo o sentaron las bases para [cultivar] gente capaz de desarrollar, comunicar y ser parte activa en el renacimiento del mundo.

«Hoy día, en la actual crisis [sucedida] a la humanidad [es decir, la epidemia del coronavirus], se están haciendo acaloradas comparaciones entre las monarquías y sus razones para tratar con sus pueblos [por una parte] y los regímenes occidentales [por la otra]. [Estas comparaciones destacan] la pluralidad de formas de gobierno y la legitimidad [de diferentes formas]. La furia occidental, que llegó a un punto crítico al comienzo del presente milenio, [en ausencia] de democracia, elecciones y de participación pública [en otros países] infringió la soberanía de varios regímenes, que gozan del apoyo de [sus] poblaciones. La experiencia occidental posee sus propias características, pero [no se puede] aplicar indiscriminadamente a todos los pueblos. Incluso Max Weber, en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, sostiene que es difícil implementar el modelo occidental [de gobierno] fuera de Europa. Los regímenes monárquicos del Golfo no marginan el contrato social entre el estado y el ciudadano, sino que poseen un paradigma diferente para organizar y regular estas relaciones [que la utilizada] en el mecanismo democrático…

«No existe ninguna otra [forma de] gobierno permanente. Cada sociedad tiene sus propias características, siendo estas la base de su [forma de] gobierno. Las monarquías han demostrado, a lo largo del tiempo, que pueden lograr formar las mejores infraestructuras de la región y pueden formar regímenes que abarquen las auténticas tradiciones beneficiosas [de sus pueblos, pero también] los aspectos dignos de elogio de todas las [otras] culturas humanas. Como resultado de ello, estos sobresalieron y lograron un alto nivel de educación y gestión de crisis con mucha sabiduría, aquellos a quienes [les gusta] sermonear a los países del Golfo [sobre su falta de democracia] deberían detenerse y considerar las brechas, inquietudes y las fallas que afectan a sus [propios] países.

«La democracia no es condición [necesaria] para realizar el concepto de estado. Esta forma de gobierno no necesariamente produce justicia y la libertad puede convertirse [en solo] una consigna política con el cual aporrear [a otros regímenes]. Por lo tanto, tenemos que eliminar el santificar todas estas consignas».[4]


[1] ‘Okaz (Arabia Saudita), 19 de marzo, 2020.

[2] ‘Okaz (Arabia Saudita), 19 de marzo, 2020.

[3] Al-Riyadh (Arabia Saudita), 21 de marzo, 2020.

[4] Al-Sharq Al-Awsat (Londres), 26 de marzo, 2020.

 
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