Por Israel
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| viernes mayo 15, 2020
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Torpe e injusta generalización


 

Hace unos días, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, sorprendió con un tweet fuerte y directo, amonestando a la comunidad judía por, supuestamente, no cumplir con las normas del distanciamiento social. Su molestia se basó en la asistencia masiva de cierto movimiento judío ortodoxo a un funeral.

Resulta inaceptable que un grupo minoritario no cumpla con las normas en una ciudad sacudida por el COVID-19. Sin embargo, el comisionado de policía, Dermot Shea reconoció que su departamento había coordinado con los líderes de esa comunidad jasídica antes del funeral. Shea declaró: “Se pusieron en marcha planes de contingencia, se destacaron varios oficiales en el improbable caso que llegaran grandes cantidades” de personas. La situación se tornó inmanejable, se les fue de las manos y tuvieron que dispersar a la multitud.

Por su parte, Jacob Mertz, portavoz de la congregación que organizó el funeral, explicó que cerraron las calles para permitir la participación mientras seguían las pautas de distanciamiento social; afirmó: “Seguimos las órdenes de los oficiales de policía, pero no funcionó. Pensamos que la procesión estaba de acuerdo con las reglas y nos disculpamos porque resultó lo contrario”.

En este caso específico hay una obligación por parte de ese pequeño segmento, la congregación Satmer, pero el peso de la responsabilidad está en Bill de Blasio y sus tantos mensajes incoherentes; su obvia falta de coordinación con la policía que ayudó a organizar el funeral; y, en involucrar con una negligente generalización a toda la comunidad judía, tan diversa (incluyendo a los ortodoxos), que en su inmensa mayoría cumple con las normas. En vez de esa aterradora generalización con la que acusó a todos los judíos, debió tomar medidas más efectivas que no dañen los derechos de nadie; más aún, cuando el propio alcalde es testigo del incremento del antisemitismo en su ciudad, donde ha habido asesinatos, actos terroristas, violencia, golpizas, insultos, etc., con la falsa excusa de la culpabilidad de los judíos en distintas iniquidades. Para colmo, en la ciudad de Nueva York se realizaron otros eventos en los que los asistentes tampoco cuidaron las normas y no hubo un reclamo público, ¿por qué esa diferencia?

El odioso tweet de Bill de Blasio en un ambiente cargado de prejuicios antisemitas, despierta las estigmatizaciones medievales que señalaban a los judíos en tiempos de peste. De Blasio cometió un serio error y nos preguntamos cómo solventará su torpeza.

 
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