Por Israel
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| miércoles junio 9, 2021

El trágico show mediático de la nada (o, más bien, del cómplice ocultamiento)


Las encuestas le decían a Mahmoud Abbas (cuyo mandato había finalizado a principios de 2009: lo que se dice sacarle el jugo a unas elecciones) que el panorama no pintaba bien para Fatah. Y entonces, Jerusalén – hasta Aljazeera sugería de manera muy poco velada, que la cancelación de las elecciones se debía a que Israel no permitiera que los árabes de Jerusalén Este votaran en las elecciones.

Pero, ya se sabe, cuando hay problemas internos, los líderes palestinos son proclives a recurrir a la “causa”, al conflicto, inflamándolo, canalizando el descontento de los suyos sobre el enemigo ideal, de siempre.

Y, a esta altura también se sabe, la mayoría de los medios en español está bien dispuesta a venderle el embuste a sus audiencias. De hecho, hace tiempo que muchos han cruzado la gruesa línea entre periodismo y activismo. Así que nada de la política interna palestina, nada de la incitación y el aplauso, apoyo (vamos, incitación) a la violencia por parte de los líderes palestinos. Hay que ceñirse a la “narrativa”, al marco “víctima-victimario”, “oprimido-ocupante”.

Y esta vez se valieron de una disputa legal añeja sobre unas propiedades en Sheikh Jarrah, en “Jerusalén Este”, y la decisión judicial de desalojo de familias árabes de viviendas reclamadas por organizaciones judías. La “narrativa” encajaba perfectamente: “resistencia” frente a la “ocupación”. Ahí se apuntaba, solícito, El Periódico. Es decir, los propietarios originales ante los usurpadores.

Pero la cosa no es así. En una de las disputas en Sheikh Jarrah la corte israelí concluyó que su propietario (árabe) actual no podía demostrar que había residido en la vivienda que dice es suya desde antes de 1964. Es decir, durante la ocupación de Jordania – que, vale la pena recordarlo, supuso la expulsión (limpieza étnica) de judíos de esa parte de la ciudad, donde llevaban residiendo durante siglos.

Pero esto no casa con la idea de un “territorio palestino” (anterior a la recomendación de partición de la ONU e, incluso, al Mandato Británico) que fue invadido por los israelíes. Por los judíos, vamos. Los medios, todos a una, le otorgan título de propiedad a las familias árabes sin realizar la más mínima investigación periodística.

Como indicaba la analista de CAMERA Tamar Sternthal, el investigador y periodista Nadav Shragai escribió sobre la tierra en Sheikh Jarrah, lugar al que los judíos históricamente se han referido como Shimon HaTzadik, en honor al Sumo Sacerdote del Segundo Templo, Shimon Ben Yochanan, que está enterrado en ese lugar:

“Aunque la propiedad estuvo en manos de árabes durante muchos años, en 1876 la cueva y el campo cercano fueron adquiridos por los judíos, [transacción que] involucraba una parcela de 18 dunams (unas 4,5 hectáreas) que incluía 80 olivos centenarios. La propiedad se compró por 15.000 francos y se transfirió al propietario a través del Majlis al-Idara, sede del Pachá turco y del presidente del tribunal. Según el contrato, los compradores (el comité de la comunidad sefardí y la Asamblea Ashkenazi de Israel) se repartieron la superficie a partes iguales, incluida la cueva situada en el borde de la parcela.

Decenas de familias judías construyeron casas en la propiedad. En vísperas de la revuelta árabe de 1936 había cientos de judíos viviendo allí. Cuando comenzaron los disturbios, huyeron, pero regresaron unos meses después y vivieron allí hasta 1948. Cuando los jordanos tomaron la zona, los judíos fueron evacuados y durante diecinueve años se les prohibió visitar sus antiguos hogares o la cueva de Shimon HaTzadik”.

Por su parte, Sternthal indicaba que luego de que Jordania anexionara ilegalmente la parte este de Jerusalén en 1948, las autoridades jordanas les concedieron a 28 familias de refugiados palestinos el derecho a vivir en las casas de las que los propietarios judíos habían sido desalojados por la fuerza en 1948. E indicaba que el New York Times había informado que los residentes (árabes) perdieron su derecho a seguir viviendo allí al no pagar el alquiler:

“En los años 1950, Jordania y la UNRWA le concedieron viviendas allí a 28 familias refugiadas. Las familias dicen que Jordania les prometió la plena propiedad, pero las casas nunca fueron registradas formalmente a sus nombres.

A principios de los 1970, las cortes israelíes otorgaron la propiedad del predio a dos asociaciones israelíes, basándose en escrituras de las tierras que tenían un siglo de antigüedad. A los residentes palestinos se les permitió permanecer como inquilinos de renta protegida, con la condición de que pagaran el alquiler a las asociaciones judías.

Rechazando el fallo judicial, muchas familias palestinas se negaron a pagar el alquiler, lo que los hizo susceptibles de ser desalojadas”.

Lo que hay, de esta manera, es una propiedad que pertenecía a unas asociaciones judías, una ocupación jordana ilegal – de territorio obtenido mediante una guerra de agresión junto a una coalición de ejércitos árabes – que luego de expulsar a los judíos que allí residían, procedió a reubicar a familias árabes en su lugar. Todo ello, según el New York Times, asistido por una agencia de las Naciones Unidas.

En español, mejor se silencia esto y se aplica el marco, tema de siempre, el que parece un dedo índice que señala, indignado, a Israel. Ese mismo. El periodismo, si eso, mejor dejárselo a medios y agencias anglosajonas y francoparlantes.
 
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