Por Israel
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| miércoles agosto 10, 2022

La naturaleza del dolor


Youtube.com. Imagen

Hay poetas de la queja y de la exaltación, los hay melancólicos y los hay parcos, oscuros, difíciles hasta para sí mismos. Pero también los hay videntes-Blake, Milocz ,Juan de la Cruz-. Uno de esos poetas difíciles pero hondos fue el peruano César Vallejo, quien dijo algo inolvidable: ´´La naturaleza del dolor es el dolor dos veces.´´ Que en apenas nueve palabras se pueda decir tanto es obra de un genio de la concisión, pero también nos muestra una sensibilidad de orden superior  cuyo rango oscila entre la pena y la autocompasión. En cierto modo Vallejo también fue vidente, ya que dijo que se moriría en París con aguacero, y fue efectivamente así. Por algún extraño motivo que se nos escapa  el orden  estructural de La divina comedia del Dante, el gran poeta florentino,  comienza por Infierno, sigue con el Purgatorio y acaba con el Paraíso. Es como si primero estuviese la dificultad, el castigo, el desorden emocional, y luego, de a poco, pudiera entreverse una recompensa. Asimismo y en nuestra biografía primero está el dolor y luego el placer, el trance del parto materno y, tras unas horas, la leche, que absorberá con un goce  indecible el bebé. Tal vez por eso los estudiosos de Dante observaron que a sus lectores les interesa más el Infierno, ya que el dolor nos es más cercano y nos concierne más  que el placer. Un lugar por momentos aterrador, al Infierno van a parar, siempre en la Comedia, cuyos cien cantos aún nos emocionan, los pecadores y los descarriados, es decir todos aquellos que padecen dolor dos o más veces: cuando estaban vivos por sus excesos y errores, y en el otro mundo porque están siendo juzgados y cumplen con la justicia divina.

 

Buda, el Buda histórico, reconoció bien pronto el dolor de las criaturas conscientes. Forma parte de su Noble Triple Verdad-la vejez, la enfermedad y la muerte-; de manera que evita, sostuvo,  vivirlo y, sobre todo, infringirlo.  Para el pensamiento bíblico, por lo que parece, de algún modo  el dolor forma parte de nuestra voluntad: ´´aumenta el saber y aumentarás el dolor´´, tosif ieda tosif keeb. . Cualquier  dolor  es inseparable del conocimiento y consustancial con el aprendizaje. En el poema de Vallejo ese dolor, empero, es general, y lo padecen tanto los seres como las cosas. Y el poeta que da testimonio de eso concluye  que, como la reflexión, el dolor es doble. Algo ha flexionado antes, algo ha entrado en nosotros y no nos abandona. Así pues el dolor redunda, parece que se va pero vuelve. Ninguna explicación superará la frase de Vallejo, que  vio con los ojos del alma la trama de círculos cada vez más amplia que la piedra de su destino causaba en su interior. Al expresarlo intenta apaciaguarlo, calmarlo. Pero ese  dos veces requeriría muchas más veces de remedio para neutralizar sus efectos. Y hasta allí no llegó. Vallejo tuvo una vida difícil, inhóspita. También la tuvo Dante, pero su carácter, irascible y poderoso, le evitó ser mordido por la melancolía.

 

Vallejo no tenía ninguna cosmogonía que lo sostuviese, mientras que Dante era un creyente cristiano que se apoyaba en metáforas de larga data. Vallejo marca, como Kafka, la dureza del siglo XX. Y ya sabemos que nunca antes el dolor, sobre todo el dolor infringido, había sido tan espantoso. Nunca antes del siglo XX tantos y tantos hombres hicieron tanto mal. Muchos dicen de ellos que eran insensibles. Eso no quiere que su humanidad fuera inhumana. Es probable que un Vallejo actual escribiese sobre el abismo al que nos asomamos.  Ese abismo lo promueven hoy, con total desenfado, los ayatolás iraníes.

 
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