Por Israel
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| jueves julio 7, 2022

Una inquisición legal: queda expuesto el último intento de la ONU de demonizar al Estado judío


Los déspotas y los tiranos siempre insisten en que ellos siguen el “Estado de Derecho”. En el siglo XX, los líderes de la Unión Soviética enviaron a decenas de millones de enemigos, reales e imaginarios, al Gulag siberiano o a los pelotones de fusilamiento, tras haber diseñado la ley o código que habían violado.

Cuando Hitler subió al poder en Alemania en 1933, los Nazis no disolvieron los Tribunales; sino que, en cambio, cooptaron a jueces y abogados. Todo tenía que seguir un conjunto de estrictos códigos y doctrinas legales. A lo largo del siglo XX, y hasta el día de hoy, dictadores y tiranos convocan a juicios-espectáculo de alto perfil, emplazados por jueces y funcionarios que invocan “el Estado de Derecho” para degradar y deshumanizar a los “Enemigos del Pueblo”.

Lo que faltaba en estos juicios-espectáculo, ya fueran convocados en La Habana, Pyongyang, Beijing, Bagdad o Teherán, era cualquier apariencia de Justicia verdadera.

En 2022, somos testigos de nuevos ataques a la Justicia, la Igualdad y la Equidad, ahora por parte de la misma institución global fundada para proteger y promover la dignidad humana. Una vez más los judíos – judíos israelíes-, son los blancos a alcanzar. Pero estos perpetradores no son matones neonazis ni soldados con altas botas. Son diplomáticos muy preparados, abogados y ONG’s que están haciendo uso de un inmenso presupuesto y de un mandato cuasi-ilimitado para demonizar y deslegitimar al Estado judío.

Bienvenidos a la Comisión de Investigación del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas-CDHNU sobre los eventos que tuvieron lugar durante la Operación Guardian of the Walls (Guardián de los Muros) en mayo de 2020, cuando Israel se defendió de 4.500 cohetes dirigidos por Hamas y otros terroristas de Gaza hacia civiles israelíes.

Según un nuevo informe del Foro Legal Internacional (ILF), escrito en colaboración con el Centro Simon Wiesenthal y otras 25 organizaciones, esta “investigación independiente de la ONU” fue pre-establecida y escenificada en contra Israel, por varias razones.

En primer lugar, la resolución que instituye la Comisión del Investigación del CDHNU no menciona a Hamás. ¿Cómo se puede investigar un conflicto sin siquiera mencionar a uno de los bandos? ¿Y por qué la ONU no mencionaría al grupo terrorista Hamás? De hecho, el propio Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas – CDHNU no ha condenado ni una sola vez a Hamás a pesar de su estela de terror producto de actos de terrorismo suicida, secuestros y misiles dirigidos contra el Estado judío.

Obviamente, esto se deriva del odio patológico e institucionalizado del CDHNU hacia Israel, que se ha manifestado condenando en serie a Israel más veces que a otros verdaderos violadores de Derechos Humanos que manchan nuestro planeta.

Además, esta Comisión, la novena en apuntar exclusiva y directamente contra Israel, está facultada para funcionar a perpetuidad, con el mandato de retroceder hasta la fundación del Estado judío en 1948, acaecida 74 años atrás.

Pero quizás el elemento más atroz en la Comisión de Investigación del CDHNU es que la persona designada para dirigirla, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la sudafricana Navi Pillay, alberga una profunda animosidad hacia Israel.

Como quedó al descubierto en el nuevo “Informe Pre-establecido”, Pillay apoya al movimiento antisemita y beligerante BDS (Boycot, Desinversión y Sanciones); se refiere a Israel como un “régimen de Apartheid” y pide un embargo militar contra el único Estado judío del mundo. Incluso contrató personal de una organización que fue designada por Israel como terrorista.

Lo que es más importante aún, la Comisión de Investigación continúa siendo una ferviente partidaria de la infame Conferencia de Durban de 2001, la que degeneró en uno de los eventos antisemitas más notorios de la segunda mitad del siglo XX. Lo sé bien, porque estuve allí durante ese festival de odio como portavoz de los grupos judíos y fui blanco personal de los odiadores de judíos.

Israel se defenderá de este Corte Canguro (tribunal sólo en las formas), así como de quienes predican sobre esta nueva montaña de mentiras. No obstante, la obsesión del Concejo-CDHNU con Israel está impidiendo que sean escuchadas las voces de otras comunidades en los pasillos de dicho organismo de la ONU. Las víctimas del régimen fundamentalista en Irán, los disidentes en Rusia, los uigures en los campos de concentración de China y otros, están siendo trágicamente pasados por alto.

Los estados democráticos miembros de la ONU encabezados por Estados Unidos y el Reino Unido, deben poner fin a esta farsa y llamar al próximo informe como lo que realmente es: una acusación en forma de informe en contra de Israel. Mientras el CDHNU no deje de proteger a los tiranos y grupos designados como terroristas, el mundo debería verlo como una herramienta “diplomática” para aquéllos que quieren desmantelar las democracias, pervertir el Derecho Internacional y distorsionar la idea de protección de los Derechos Humanos.

 

El rabino Abraham Cooper es Decano Asociado y Director de Acción Social Global del Centro Simon Wiesenthal, importante organización judía de Derechos Humanos. El rabino Cooper ha sido por largo tiempo un activista en favor de las causas judías y de los Derechos Humanos en los cinco continentes y es un reconocido experto en odio y terrorismo en las redes.

 

*Traducción del Centro Simon Wiesenthal para América Latina

 
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