Por Israel
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| martes agosto 9, 2022

No se teme a una bandera, sino al mensaje de odio que transmite


Este miércoles la organización israelí “Mejazkím” colocó dos enormes banderas desde el alto edificio de la Bolsa de Valores a la entrada de Ramat Gan: una israelí y otra palestina. Juntas, una al lado de la otra. “Estamos destinados a vivir juntos”, decía un cartel que las acompañaba.

Fue tal el revuelo que eso desató, que un rato después la palestina ya no estaba.

Eso fue el prólogo del agitado debate en el plenario de la Kneset, Parlamento de Israel, sobre el polémico proyecto de ley que apunta a prohibir enarbolar banderas de países enemigos y de la OLP en instituciones israelíes subvencionadas por el Estado, incluyendo universidades. La moción fue aprobada en forma preliminar, o sea que para quede como ley promulgada faltan aún tres votaciones. Parece que lo más probable es que la ley se confirme.

Fácilmente habrá quienes presenten a Israel como débil por “tenerle miedo” a una bandera o como intolerante por no dejar que se enarbole una bandera que representa a otra parte, supuestamente un mero acto en el plano de las ideas, no una expresión de violencia física.

En la realidad actual, la interpretación puede ser otra muy diferente, y es a nuestro criterio la que habrá motivado a muchos de los diputados que levantaron la mano a favor de la propuesta de ley.

La bandera palestina-a la que apuntaba evidentemente la ley, porque nadie anda aquí enarbolando banderas de Irak o Líbano- no es simplemente la bandera de “otro pueblo”. Es lamentablemente el símbolo de un cruento conflicto en el que los que dan el tono del lado palestino, son los extremistas que niegan el derecho de Israel a existir y quieren manifestarlo a través de atentados  terroristas.

Es la bandera palestina la que envuelve los ataúdes de quienes murieron matando israelíes. La que enarbolan-además de la de su organización puntual- los enmascarados armados que marchan por las calles de Jenin gritando “un millón de suicidas marcharán hacia Jerusalem”.

La bandera palestina, que puedo respetar como expresión de identidad de mis vecinos y que no tengo problema ninguno en ver junto a la israelí como mensaje de ansias de convivencia en paz, representa hoy lamentablemente otra cosa. Es la que se enarbola en manifestaciones llenas de odio contra Israel, en las  que los cánticos coreados no hablan de paz sino del slogan “from the river to the sea, Palestine to be free”, o sea “desde el río hasta el mar,Palestina será libre”. En otras palabras, entre el río Jordán y el Mediterráneo, no hay lugar para Israel.

La moción aprobada este miércoles en la Kneset, fue detonada por las recientes manifestaciones del día de la “Nakba” en las universidades de Tel Aviv y Beer Sheba. En nombre del pluralismo por cierto. De la libre discusión de ideas. Pero no es eso. Una manifestación de ciudadanos árabes que estudian en universidades israelíes, porque son parte de la sociedad, en la que se defiende la idea que la creación de Israel fue una “nakba”, catástrofe, no es libre discusión de opiniones. Es un paso más hacia la estupidez suicida.

Lo más increíble fue escuchar y mirar el discurso de algunos diputados árabes israelíes de la Lista Conjunta, diciendo claramente que su bandera es la palestina-y claro que tienen todo el derecho de sentirlo así- mientras hablaban desde el podio de oradores del único parlamento democrático de  la región y tenían de fondo la bandera de Israel.

Yo no le tengo miedo a banderas sino al uso que les dan algunos, demasiados, como símbolos de prácticas peligrosas. Y no, no quiero ver flamear la bandera palestina en marchas que condenan a Israel y lo demonizan, mientras usan todos los derechos que otorga. No quiero ver flamear en universidades israelíes, en manos de ciudadanos árabes que viven en plena libertad en el Estado judío, la bandera de quienes siguen diciendo que Israel es un extraño en su tierra.

Yo misma llevaría con alegría las dos banderas juntas, la israelí y la palestina, si se firma la paz, como señal de convivencia y nueva era. Pero no la quiero ver dentro de Israel como provocación, sabiendo que es la bandera que representa a la Autoridad Palestina que paga a terroristas que cometieron atentados mortales contra israelíes. Y que es la que abrazan quienes planean cómo asesinar, y quienes sostienen que Israel no tiene derecho a existir.

De fondo, está también la reciente marcha de las banderas en el Día de Jerusalem.

Considero que aquellos participantes en la misma que llevando una bandera de Israel gritaban “muerte a los árabes” o “te quemaremos la aldea”, son una vergüenza, indignos de enarbolar la bandera del pueblo judío, que tantas cosas buenas representa. Fueron una minoría, aunque en varios medios se los haya destacado como si hubieran representado a la mayoría. No lo comento para minimizar la gravedad de sus actos, que repruebo en forma absoluta.

Pero la hostilidad palestina, el odio por doquier, el terrorismo y la violencia, no empezaron como reacción a esos actos inaceptables de algunos. Lamentablemente, han ido en aumento y radicalizándose cada vez más en los últimos meses.

Este es el trasfondo complejo de la votación en la Kneset, por más ridículo que suene limitar el uso de banderas. Y se me ocurre…¿alguien esperaría que su país permita libremente que se enarbolen banderas del enemigo? En Israel, se resuelve al parecer limitarlo, no permitirlo en instituciones pagas por el Estado, o sea que no es generalizado.

Ojalá llegue el día en que puedan flamear juntas las dos banderas, la israelí y la palestina, en actos de aniversario de la firma de la paz o situaciones similares. Lamentablemente, esa no es ahora la situación

 
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