Por Israel
Síguenos en Facebook Twitter YouTube RSS Feed
| domingo octubre 2, 2022

Superficialidad Informativa: Apenas Limaduras De Un Hecho Ofrecidas Como Si Fueran La Totalidad


Si un suceso del conflicto árabe-israelí, con su contextos, sus causas, sus consecuencias, se asemejase en extensión a la Tierra – en términos de superficie: unos 510 millones de kilómetros cuadrados; y unos 6000 km de radio -; la cobertura que realiza la mayoría de medios en español sobre el mismo no suele superar una raspadura de un centímetro cuadrado y un par de milímetros de espesor: apenas una muestra que no representa nada; como no sea un material que viene a agregarse al sedimento artificioso de una “narrativa” propia del activismo ideológico, del que precisa esa geología pesada de signos.

Así, y respecto de los ataques terroristas palestinos contra israelíes y la precaria situación de seguridad en Cisjordania, los medios en español eligen casi por sistema la omisión (del contexto, de la multiplicidad de causas) como línea ‘informativa’; de manera que ofrecen el brevísimo relato maniqueo habitual.

Europa Press, en este sentido, presentaba (12 de septiembre de 2022) como crónica lo que era una traducción sin más de declaraciones del primer ministro palestino Mohamad Shtayé, donde se señalaba que este había “advertido este lunes que el aumento de las operaciones de seguridad de Israel en Cisjordania y Jerusalén este es ‘una receta para una gran explosión’ en la zona”.

La agencia Associated Press, en un texto en español (6 de septiembre de 2022), decía que “Israel hace redadas casi cada día en Cisjordania desde hace meses, iniciadas tras una serie de ataques mortales contra israelíes este año en los que murieron 19 personas. […] Docenas de palestinos han muerto desde que comenzaron las redadas, muchos de ellos milicianos o personas que habían participado en enfrentamientos, aunque también han muerto algunos civiles…”.

Y añadía:

Israel afirma que las operaciones pretenden desmantelar redes milicianas, especialmente en torno a la ciudad cisjordana de Yenín, que se ha convertido en un bastión de la lucha armada contra Israel. Los palestinos dicen que las redadas pretenden mantener la ocupación militar iniciada hace 55 años en territorios en los que quieren formar un estado independiente”.

“Israel dice” vs. “los palestinos dicen” – además del léxico que, a la vez que añade un tono romántico, mezquina la realidad: se trata de terrorismo. No hay causas comprobables, se pretende. Pero lo que no hay, en realidad, es periodismo: afán por responder a las preguntas básicas. Sin ello, todo queda reducido a un “enfrentamiento” de versiones, a un intercambio de disparos.

A lo mismo apuntaba la agencia de noticias española Efe (1 de septiembre de 2022) cuando publicaba que “desde hace casi seis meses, cuando el Estado judío fue objeto de varios ataques (un total de seis) cometidos por árabes-israelíes y palestinos que mataron a 18 personas entre marzo y abril, Israel ha incrementado mucho las redadas y operaciones de arresto en Cisjordania, que se repiten semanalmente y a veces casi diariamente. En total, en lo que va de 2022, 85 palestinos han muerto por disparos de fuerzas israelíes en distintos tipos de incidentes entre territorio cisjordano y Jerusalén Este ocupado. Además, si se suman los muertos de la última escalada entre Israel y el grupo palestino Yihad Islámica en Gaza, el número total de fallecidos palestinos este año asciende a 140”.

Para la agencia todo parece resumirse en una tétrica contabilidad – donde nunca o rara vez se señala si se trataba de un terrorista – en la que quien más muertos recibe ventajas ‘informativas’ o, más bien, “narrativas”: como, por ejemplo, que sus actividades terroristas no sean computadas como tales; como que se los exonere, en definitiva, de responsabilidad.

Otra vez, un ida y vuelta de balas. Eso es lo que se quiere hacer creer que sucede. Eso y que, además, ambos tienen los mismbos objetivos. Terroristas y fuerzas de seguridad pretendidamente igualados.

Más superficie del hecho

Más allá del centímetro cuadrado que se presenta sobre el asunto, aún queda superficie; aún queda hecho: contexto y causas. No es ese ida y vuelta de ataques y operaciones que se representa en los medios. Nada más lejos de ello.

En más de una ocasión señalamos en CAMERA Español el descontento existente en la sociedad palestina con el liderazgo de la Autoridad Palestina: por la ausencia reiterada de elecciones, por la crónica corrupción y por opresión a la que la someten sus líderes. Israel ha sido, y sigue siendo, la válvula de escape ideal.

Danny Zaken, del diario económico israelí Globes señalaba (6 de septiembre de 2022) que un destacado investigador relaciona precisamente el repunte del terrorismo con el deterioro de la economía palestina, que aún no se ha recuperado de la pandemia de Covid. A lo que se suma el hecho de que los palestinos dependen casi completamente de la ayuda exterior, “que ha disminuido en un 65% en 2021. Este año, los gastos han superado a los ingresos en más de un 15%, y el déficit presupuestario ha alcanzado el 5,3% del PIB palestino”.

Estas cifras, explicaba Zaken, han afectado a los ciudadanos tanto en lo que respecta a la falta de inversiones en infraestructuras, educación y vivienda, y a los recortes salariales de los empleados estatales – eso sí, seguramente los terroristas y sus familiares seguirán recibiendo, como siempre, los pagos. “Esto deja al ciudadano palestino… con mucho rencor hacia la Autoridad Palestina, pero sobre todo dirigido a Israel”. Después de todo, la incitación sistemática y oficial palestina no puede conducir muy lejos.

Igualmente, la realidad se les impone a los palestinos, y así, pérdida de confianza en la Autoridad Palestina se manifiesta por ejemplo en las protestas de los trabajadores palestinos en Israel “contra la transferencia de sus salarios a través de los bancos y no en efectivo, como sucedía hasta ahora”. ¿Por qué? Porque, como explicaba Amjad, obrero palestino de la zona de Hebrón que lleva años trabajando en Israel, ello sería “cooperar con la corrupción de la Autoridad Palestina… Cada céntimo que entra en la Autoridad Palestina va a parar a los corruptos. ¿Qué hacen por nosotros? ¿Carreteras? ¿Escuelas? Nada. Todo es de dinero extranjero o de Israel, y lo que les llega va a sus bolsillos. Mira las villas que están construyendo en Rawabi (una prestigiosa ciudad nueva al sur de Ramallah) y el líder más corrupto: mira cuánto dinero tienen sus hijos”.

A lo económico se suma lo político. O algo que se le parece. “Otro motivo de la escalada de la situación de seguridad – sostenía Zaken – es la proximidad del fin del mandato del presidente de la AP, Mahmud Abbas (Abu Mazen). Abbas tiene más de 87 años, ha pospuesto las elecciones presidenciales más de una vez con diversos pretextos, y su estatus, así como el de la dirección de la AP en su conjunto, se está debilitando. Todo esto se está expresando en el deterioro del imperio de la autoridad”.

Así, en Jenin, en Cisjordania, los grupos terroristas como Yihad Islámica, grupo proxy iraní, campan a sus anchas – ideal para el régimen de Teherán, que, como señalara el Jersualem Post (21 de agosto de 2022) quiere continuar con “este efecto de olla de presión para aumentar las tensiones en Cisjordania y también dentro de Israel”. Un reciente informe publicado en Noticias Fars, considerado cercano a la cúpula del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, nombra justamente a “Jenin, Nablus, Ramallah, Tulkarm y Sheikh Jarrah” como zonas en las que está presionando para aumentar la tensión.

Apenas otra muestra. Acaso, de 500 metros cuadrados. Y fíjense cómo cambia la cosa.

Lo peor de todo es que esta situación no es nueva. Lleva meses. Y aún, así, los medios en español siguen mayoritariamente rascando en la misma mínima superficie del suceso. Un centímetro cuadrado, porfían, explica cabalmente 510 millones de kilómetros cuadrados.

 
Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Debes estar conectado para publicar un comentario. Oprime aqui para conectarte.

¿Aún no te has registrado? Regístrate ahora para poder comentar.