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| miércoles junio 19, 2024

Una novela histórica de Alejandro Goldstein se presenta en Uruguay

“El desentierro de una historia”, desde la Shoá al puerto de Montevideo


Este jueves 21 de setiembre a las 20 hs. se presentará el libro “El desentierro de una historia” del autor Alejandro Goldstein, publicado por Editorial El Ático. La actividad se realizará en Yavne, y harán sus comentarios en la presentación Shai Abend y Néstor Florio Rey.

 

El autor, nacido en 1964 en Montevideo, se graduó como traductor público del idioma portugués en la Universidad de la República (Uruguay). Vivió varios años en Israel, donde cursó estudios universitarios de Ciencia Política en la Universidad de Tel Aviv. Desde el año 2006 reside en la ciudad de Panamá (República de Panamá) y ejerce como traductor oficial en idioma hebreo. Es deportista aficionado y responsable de un sitio web sobre veganismo.

Conversamos con él sobre el libro.

 

P: Alejandro, este jueves se presenta en el Yavne tu libro “El desentierro de una historia”. ¿Cómo resumirías de qué se trata? ¿Es parte de la historia de tu familia? ¿De la inmigración judía a Uruguay? ¿O simplemente producto de tu imaginación?

R: Ana, gracias ante todo por esta oportunidad. El libro se enmarca dentro del género novela histórica y trata la historia de amor entre dos supervivientes de la Shoá que se gestó en el campo de refugiados de Feldafing, en las afueras de Múnich,  y que la vida los llevó a la remota Montevideo y luego a Montreal (Canadá) y a Estocolmo (Suecia). Dos marcas indelebles habrían de acompañarlos hasta el final de sus días: el hambre atroz sufrido durante la guerra y el pacto de silencio de mantener ocultas las secuelas que les produjo el Holocausto.

Si bien incluyo puntuales historias familiares, el libro se nutre de innumerables anécdotas que fui recibiendo a lo largo de los años, con un hilo conductor que surgió tras la charla con un judío argentino que hablando “de bueyes perdidos” me confió una anécdota que me estremeció hasta el alma.

P: Te diré que da mucha curiosidad tu descripción. Hace años que vivís en Panamá, viviste unos años también en Israel…y ahora este libro sobre el Uruguay de antaño. ¿Cuál es el mensaje?

R: Hace diecisiete años que vivo en Panamá y tuve el privilegio de vivir en Israel, también unos cuantos años. Mi primer libro, “Contámela en colores” (2011) es un libro netamente uruguayo, y este último trata de cómo una pareja de apátridas judíos después de los tormentos del régimen nazi recaló por cuestiones del azar en el puerto de Montevideo. En Uruguay formaron una familia y fundaron una empresa digna de los mayores elogios. Los paisanos -que los esperaron en el puerto sin siquiera conocerlos y sin saber que estos llegaban- los llevaron a una casa de la calle Gutiérrez, en el corazón del barrio Villa Muñoz, popularmente conocido como el «Barrio de los Judíos».

A los pocos días de haber llegado se aventuraron por las calles de la capital. La caminata fue de varios kilómetros y terminó en el Parque Rodó. Allí pudieron apreciar el río «ancho como mar»-como denominó Juan Díaz de Solís al Río de la Plata-. El comentario de este señor a su mujer fue más o menos así: «¡Me gusta!». La explicación al «me gusta» es que este hombre, en ese momento había decidido que Montevideo sería su lugar en el mundo. Pero ¿por qué? ¿cuánto uno puede decidir quedarse a vivir en un lugar solamente por haber caminado unas cuadras? La explicación es más que sencilla. En el transcurso de su periplo montevideano, no fueron golpeados, no fueron salivados, no fueron insultados, ni siquiera la gente se percató de su presencia. Para unos judíos europeos -víctimas de persecuciones centenarias- esto era como llegar al paroxismo, al paraíso terrenal sin escalas. Así era el Uruguay de aquella época, en donde los ciudadanos comunes recibían de brazos abiertos a inmigrantes españoles, italianos y judíos que buscaban rehacer sus vidas deshechas del viejo continente.

Parte de este libro relata la vida en comunidad en dicho barrio -que contaba con siete sinagogas-, sus emprendimientos personales, su pujanza, sus esfuerzos por olvidar el omnipresente pasado, una singular y emotiva ceremonia de Bar Mitzvah en la ciudad de Rocha, el encantamiento del protagonista con la feria de Tristán Narvaja y su obsesión por comprar cosas viejas y la vida en el palacio Durazno, en el centro de la ciudad -en donde el olor a “gefilte fish” en las altas fiestas inundaba todos los rincones del emblemático edificio-, el papel clave que desempeñó la Casa Soler y la profesión de kventenik.

El mensaje es contar cuán dura fue la vida de estos inmigrantes y que, a pesar de las dificultades idiomáticas, económicas y de los traumas -que nunca los abandonaron- supieron sacar adelante a sus familias dentro de un marco de amor, valores y esperanza.

P:¿Es oportuno preguntar por qué lo escribiste? Algo me dice que no fue un mero entretenimiento.

R:El tema de las Shoá me acompaña desde que tengo once años. Mi primer libro fue “Un saco de canicas” (Joseph Joffo -1973) que trata de las peripecias de dos hermanos judíos viviendo su niñez en la Francia ocupada durante la guerra. Ese fue el punto de inflexión para que no abandonara jamás el tema. La única razón por la cual escribí esta saga es porque sentí la necesidad de aportar algo para que el mundo contemporáneo -que busca la inmediatez y los atajos en todos los sentidos y que sufre de una amnesia colosal- sepa que “ayer” fue masacrado un pueblo simplemente por razones étnicas y que todo un continente (por no decir el mundo) contribuyó gustosamente para que el acto de barbarie más atroz de la historia se consumara. Siempre digo que mi motor es que el mundo no se olvide de la tragedia de mi gente y que mi obsesión es que mi gente no se olvide de su tragedia.

P: ¿Qué importancia tiene para esta historia la identidad del autor, tan multifacético? Estudiaste Ciencia Política, sos traductor, deportista, tenés un sitio Web sobre veganismo, y seguramente hay muchas otras facetas que se entrelazan con todo esto. Entonces, ¿quién es Alejandro Goldstein? 

R: Además de escritor soy traductor de hebreo y portugués, cerrajero de larga data en tres países diferentes, deportista aficionado y vegano recalcitrante desde hace doce años. Quizás esos diferentes roles que desempeñé en la vida me llevaron a entrar en contacto con gente muy rica a nivel de vivencias y anécdotas; me considero un privilegiado que oficia de intermediario entre esos personajes anónimos y la gente que me honra con la lectura de mis libros y artículos.

P: El yidish juega un papel fundamental en la trama, ¿te gustaría contarnos por qué?

R: Aquellos judíos que vivieron la pesadilla del nazismo la vida los llevó a ser eximios políglotas; cualquiera de ellos hablaba al menos cinco idiomas. Cuando estos paisanos cruzaron el océano Atlántico esos idiomas no les sirvió para nada; el único que los ayudó a forjarse un futuro fue el yidish. La lengua de los judíos de Europa Central les salvó la vida en el campo de partisanos de los hermanos Bielski en los bosques de Bielorrusia, los recibió con gran afecto en el puerto de Montevideo, les dio una segunda oportunidad de manera casual en el aeropuerto de Montreal y fue la lengua en la cual se gestó una conversación crucial en donde se le colocó la última pieza al rompecabezas de esta historia.

P: ¿Los lectores se comunicaron contigo para hacerte alguna devolución? ¿Hay algún comentario que puedas volcar?

R: Yo siempre digo que los comentarios de los lectores son las caricias para el alma del escritor. Al abarcar un tema tan pesado y colosalmente doloroso como la Shoá debí nutrirme de los comentarios de por lo menos diez personas de mi más estricta confianza, pues el temor de “no dar en la tecla” era omnipresente. Como este libro fue escrito en plena pandemia de Covid 19, las devoluciones fueron a través de videoconferencias y los comentarios fueron siempre del mismo tenor. Todos me llamaron con un dejo de dolor y sumidos en un profundo llanto formulándome una única pregunta: ¿cómo supiste la historia de mi familia si yo nunca te la conté? De una manera u otra, los que yo llamo “los hijos de la Shoá” se mostraron profundamente emocionados por el relato y absolutamente identificados con las historias vertidas en sus páginas.

Considero que es una obligación moral de todo judío no dejar que esta llama se apague. Todo sirve en pro de la causa de la divulgación en tiempos en que la negación del Holocausto gana terreno a ojos vista, una charla, un documental, una película o un libro. Lamentablemente, en muy pocos años la Shoá pasará a ser «ciencia ficción». A pesar del testimonio de Elie Wiesel, superviviente del Holocausto y ganador del Premio Nobel, durante una discusión en 1999 en la Casa Blanca calificó el Holocausto como «la tragedia más documentada en la historia. Nunca antes una tragedia había provocado tanto testimonio de los asesinos, de las víctimas e incluso de los transeúntes, millones de piezas aquí en el museo, lo que tienes, todos los demás museos, los archivos en miles, en millones», la gente común no dará crédito a que esa maquinaria de muerte haya existido, fuera tan eficiente y se haya gestado en el pueblo más culto de Europa. Por eso, la importancia crucial que tiene mantener vivo el recuerdo del capítulo más aciago en la historia de la humanidad es una obligación.

La mayoría de los supervivientes se fueron de este mundo sin abrir la boca acerca de su tragedia, pues hablar del tema era remover ese dolor inconmensurable que quemaba sus entrañas, que quisieron olvidar y que jamás lo lograron. Por dicha razón, a la mayoría de sus hijos les fue vedada esa parte fundamental de la historia de su pueblo, algunos pocos abrieron sus corazones a sus nietos, cuando llegaron a la conclusión de que, si ellos no hablaban, nadie lo iba a hacer.

 

P: Muy fuerte este planteamiento Alejandro. Te deseo mucho éxito en la presentación y con el libro en general. Y ya espero leerlo.

R: Muchas gracias Ana.

 
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