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| domingo marzo 3, 2024

Ni es terrorismo, ni son críticas: es antisemitismo.


El 11 de septiembre no ocurrió de la nada, fue la consecuencia de la política expansionista de Estados Unidos en Asia Central. El 11 de marzo no ocurrió de la nada, fue la consecuencia de la asfixiante colonización española en el norte de Marruecos. Los atentados contra el semanario Charlie Hebdo, el ataque contra la sala Bataclan o el atropello de 89 personas en Niza tampoco salieron de la nada, fueron consecuencia directa del Tratado Sykes-Picott, de los años de protectorado sobre Túnez o de la guerra de Argelia. Todas estas afirmaciones, además de moralmente reprobables, son absolutamente falsas, ya que el terrorismo ni tiene justificación, ni tiene explicación racional y por supuesto tampoco debemos buscarla. Sin embargo, todos hemos oído al secretario general de las Naciones Unidas afirmar que “es importante reconocer también que los ataques de Hamás no ocurrieron de la nada. El pueblo palestino ha sido sometido a 56 años de ocupación asfixiante”. A mi modo de ver, la afirmación no solo no es acertada, sino que es incorrecta ya que de los 76 años que transcurren desde la Resolución 181 que dividía el mandato británico en dos estados, uno árabe y otro judío, la Franja de Gaza ha estado 19 bajo ocupación egipcia, 38 bajo ocupación israelí y 18 bajo soberanía plena palestina. Por lo tanto, esos 57 años de los que habla el secretario general nunca existieron y esa alusión a la ocupación, es algo que solo se aplica en el caso de Israel y no en los otros que hemos mencionado más arriba.

 

Tras los atentados de Nueva York y Washington no se celebraron manifestaciones en favor de AlQaeda. El 12 de marzo de 2004, tampoco hubo manifestaciones en Madrid en favor del Grupo Combatiente Marroquí. En el caso de Francia, no solo no se permitieron manifestaciones en favor del Estado Islámico, sino que horas después de los atentados se aprobó la declaración del estado de excepción con medidas que en boca de Amnistía Internacional eran “desproporcionadas” y afectaban “a los derechos a la libertad de circulación y de culto, a la privacidad y a las reuniones pacíficas” Esta limitación de derechos se renovó hasta en cinco ocasiones prorrogándose por un periodo de más de dos años. Sin embargo, vemos como prácticamente en toda Europa se celebran manifestaciones en favor de aquellos que han asesinado con saña en Israel a más de 1600 personas -entre los que se incluyen bebés- y que aun retienen a 230 rehenes.

 

Algo similar ocurre con la respuesta militar a los atentados. Tras el 11 de septiembre, Estados Unidos junto con Australia y Reino Unido organizó una campaña de castigo aéreo en Afganistán que se vio complementada por una invasión terrestre sin resolución de las Naciones Unidas que apoyara tal acción. Esta operación que llevaba por nombre  “Libertad Duradera” fue re-bautizada como “a la caza del Talibán” ya que el objetivo no era otro que la eliminación de tantos miembros como fuera posible de esta organización que parecía haber atentado contra los Estados Unidos. Tras los atentados de París, Francia bombardeó Siria e Irak con la excusa de eliminar campos de entrenamiento del Estado Islámico. Pero incluso, si nos remontamos más en el tiempo y retrocedemos hasta 1988, cuando el régimen de Gadaffi derribó en Lockerbie el avión de la Pan Am 103, Estados Unidos lideró una campaña aérea contra campos terroristas en Libia, mantando incluso a la hija del líder libio. En ninguno de estos casos se habló de desproporción, ni tampoco se afirmó que las acciones de estos estados estuviesen basadas en la venganza ya que siempre se aceptó la tesis de que formaban parte de una estrategia que impediría en el futuro otro atentado terrorista aun cuando los objetivos de los bombardeos estaban a miles de kilómetros. Sin embargo, en el caso de Israel, a pesar de tener a Hamás puerta con puerta, se presume que las acciones que está llevando a cabo en la Franja de Gaza no solo tienen una dimensión desproporcionada, sino un carácter exclusivamente vengativo.

 

Las alusiones históricas que buscan justificar el terrorismo de Hamás, la exaltación pública de la violencia del 7-O que estamos viendo en múltiples ciudades de Europa y las críticas que se están vertiendo contra las operaciones militares israelíes en la Franja de Gaza, no son más que antisemitismo. Esta afirmación que puede ser considerada como subjetiva tiene su base en la definición de Antisemitismo adoptada por la Internacional Holocaust Remembrance Association a la que pertenecen 34 países entre los que se encuentran Estados Unidos, Francia, España o Reino Unido. De hecho, la IHRA establece de forma explícita como ejemplo de antisemitismo “aplicar un doble rasero al pedir a Israel un comportamiento no esperado ni exigido a ningún otro país democrático”

 

Si tras el 11 de septiembre se alcanzó el consenso de que no había causa que legitimara acciones terroristas, por qué seguimos oyendo justificaciones a las acciones de Hamás. Si nadie criticó a Estados Unidos por “cazar” terroristas en Afganistán, ni a Francia por bombardear los centros de entrenamiento del Daesh en Irak y Siria, por qué se critica con fiereza a Israel por intentar desmantelar Hamás o por bombardear los centros de entrenamiento de esta organización en Gaza. Si se limitaron errónea e ilegalmente los derechos fundamentales de los norteamericanos con la Patriot Act y los derechos fundamentales de los franceses con el estado de excepción, cómo es posible que en Europa y Estados Unidos sigamos asistiendo a exaltaciones públicas de las acciones violenta de Hamás. Es posible que Israel esté llevando a cabo acciones contundentes contra Hamás, es cierto que existe un historial de violencia entre Israel y Hamás, y también es cierto que la diáspora palestina es más activa que otras en Europa y en Estados Unidos. Sin embargo, se aprecia con claridad que a Israel se le aplica un doble rasero y se le exige un comportamiento que no se le exige a otros estados. De acuerdo con la IHRA eso tiene un nombre: antisemitismo.

 

 

 
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